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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La banca entre sombras

Los casos de Francisco González o los exdirectivos de las cajas sacan lo peor del sistema
El expresidente del BBVA, Francisco González. EFE
El expresidente del BBVA, Francisco González. EFE

POR BANCA en la sombra se entienden todas aquellas actividades de financiación, para empresas o individuos, que operan al margen del sistema financiero tradicional y, por tanto, lejos de la obligada regulación. Banca en la sombra son, por ejemplo, el crowdfunding (micromecenazgo), los business angels (inversores que apadrinan proyectos), los fondos de capital de riesgo, las sicavs o incluso los "hedge funds" (fondos de inversión) que prestan dinero a empresas. Estos nuevos actores, que están al alza, representan un complicado rival para el sector financiero tradicional, que ve en la banca en la sombra una amenaza para la estabilidad de los circuitos habituales del dinero. Y para sus propias cuentas de resultados, por supuesto. Pero hay otra banca en la sombra que ya no puede ocultar sus vergüenzas. Y reside en las propias entrañas de nuestro sector financiero. Está entre nosotros, por describirlo de algún modo. Y comienza a irritar.

Los diez años de crisis (2008-2018) representaron una reconversión brutal de la economía española, empezando por el sector inmobiliario, con ERES que diezmaron las plantillas de las empresas, caídas del consumo, tanto público como privado, masivos concursos de acreedores, baja recaudación fiscal y, como consecuencia directa, durísimos ajustes por parte de las administraciones públicas. Ese fue, en síntesis, el relato de la gran recesión. Puestos a hacer balance, ahora sabemos que el coste del rescate bancario se elevó, hasta diciembre del año pasado, a 65.725 millones de euros. Es el último dato del Banco de España, difundido esta semana. Unos 42.561 millones fueron aportados por el Frob, es decir, por el Estado.

Esta gasolina es la que aviva ahora otra llama, la que con sus tropelías se dedicaron a alimentar durante muchos años determinados financieros de este país, que en público presumían de banqueros éticos y en privado contrataban espías, por ejemplo, con minutas millonarias para prácticas de dudosísima legalidad que ahora dirime la Audiencia Nacional. También atizan ese fuego las denuncias del propio FROB, el prestatario público encargado del rescate, sobre los quebrantos inmobiliarios a los que arrastraron determinados directivos a las extintas cajas, con oscuros negocios familiares no del todo bien aclarados hasta ahora. Vienen al caso de todo esto, claro está, la comparecencia como imputado en la Audiencia Nacional del mismísimo FG, el chantadino Francisco González, sinónimo de poder durante veinte años en el BBVA, o la reciente vista oral a cuatro exdirectivos de Caixanova, acostumbrados a deambular por los banquillos, esta vez a remolque de los enjuages de Gregorio Goyo Gorriarán, que llegó a tener el triste título de cerebro inmobiliario de la caja fusionada.

La Audiencia Nacional, que fue creada en su día para juzgar casos como el terrorismo (alejando a víctimas y verdugos del País Vasco), el narcotráfico (otro tanto en el caso de Galicia) y los grandes delitos económicos, ve ahora sus funciones reconvertidas en exclusiva hacia los desmanes de las finanzas. Y es el Código Penal el texto de cabecera para interpretarlos. En el caso de Francisco González, el niño de la posguerra que emigró por dos veces a Argentina con su familia, es su vinculación, por activa o por pasiva, está por ver, en el conocido como caso Villarejo lo que le ha costado la imputación. Está investigado por cohecho y relevación de secretos. Para Gorriarán y otros tres exdirectivos de Caixanova (Fernández Gayoso, José Luis Pego y Domingo González Mera), el juicio versó en demostrar su autoría e implicación en un delito societario en su modalidad de administración desleal de gestión fraudulenta de patrimonio social de la caja.

Quiso el destino que Francisco González fuese imputado por su relación con el excomisario Villarejo, señor de las cloacas del Estado ahora en prisión, meses después de la muerte de Emilio Ybarra, el banquero de Neguri que copilotó con el gallego la fusión del BBV y Argentaria. Y ha sido Pedro Luis Uriarte, vicepresidente y consejero delegado del BBV y del BBVA entre 1994 y 2001, quien se encarga ahora de reconstruir públicamente la historia de una traición, dando la vuelta a las denuncias de las cuentas secretas en paraísos fiscales que costaron el puesto a Ybarra, y alfombraron el camino a FG. De sombras a tinieblas.

BBVA, Caixanova, la crisis del Popular... Una reputación por los suelos. La banca en la sombra, esa que permanecía enquistada dentro del propio sistema, espera veredicto. Ya lo reconoce hasta Ana Patricia Botín: «Seamos sinceros; nosotros perdimos la confianza de la opinión pública». Esta vez, los garbanzos negros estropearon la olla.

Investidura de Sánchez: habla el dinero
UN Gobierno estable y moderado. Ese ha sido el mensaje, bien envuelto en prosa macroeconómica, que ha lanzado la patronal española, y también lo que queda de la gallega, ante las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de Unidas Podemos y otras fuerzas políticas. Habla el dinero, y lo hace con recelo, pero con la cautela suficiente como para que sus palabras puedan ser interpretadas solo lo justo. Ligero baño de imparcialidad. Porque no disimulan ni la CEOE ni la CEG sus preferencias: un Gobierno estable y moderado lo dice todo. Sin atisbo de grandes coaliciones ni de grandes abstenciones, toca aguardar por la configuración de un proyecto que es fruto de la suma de un Parlamento fragmentadísimo, lo que diluye la supuesta estabilidad solicitada. La moderación sí que es más interpretable, para gustos, pero con la dependencia del corsé de Bruselas y la ayuda de Nadia Calviño el guión parece escrito ya. Y Pablo Iglesias lo sabe.

Quien habla con más libertad, y sin miedo, es uno de los gurús económicos por excelencia de este país. Y sorprende. Emilio Ontiveros, omnipresente, asegura que la eventual entrada de Podemos en un Gobierno de coalición no tendrá grandes efectos sobre la economía española, porque en las decisiones empresariales «influyen más los elementos del exterior que los del interior. El comportamiento de la economía española está poco influenciado por los avatares políticos internos (...) Es más importante la disposición de los empresarioscon respecto a los riesgos de los mercados internacionales », dice Emilio Ontiveros. En resumen, el dinero por un lado, la política por otro.

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