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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El salvavidas demográfico

El retorno de los emigrantes se convierte en la tercera vía para frenar la sangría poblacional

Dous anciáns paseando por un parque
Dous anciáns paseando por un parque

EL GALLEGO QUE llegó a lo más alto en el Fondo Monetario Internacional (FMI) sorprendía casi siempre por sus análisis. Era el suyo un relato sereno y diferente tras unas gafas redondas que solo permitían adivinar al fondo unos ojos claros. La miopía de Manuel Guitián era solo física. El brillo de quien se retiró como director del departamento de Asuntos Monetarios y Tipos de Cambio del FMI tras toda una vida en Washington estaba en sus ideas. Sorprendía Guitián en una de sus visitas a Galicia al dibujar, en plenos noventa y a contracorriente de cualquier discurso imperante, el otro lado de la emigración gallega. Ese éxodo demostró, explicaba, que esta tierra responde a los impulsos económicos. Era la suya otra lectura, quizá amable, pero muy reveladora.

La emigración que vuelve. Los retornados. Ese es el nuevo eje de la política de la Xunta para hacer frente a la sangría demográfica. Era la pata que faltaba y que muchas voces autorizadas demandaban. Desde hace unos años el Gobierno gallego ha creado toda una batería de medidas para impulsar el fomento de la natalidad, con ayudas y bonificaciones fiscales cuyo impacto, es decir, su resultado sobre la pirámide de población, solo se puede ver a medio y largo plazo. Sin embargo, en el corto plazo son las políticas de captación de inmigración las que permiten visibilizar cambios que taponen esa sangría que es el envejecimiento. Y aquí entran los impulsos económicos de los que hablaba Manuel Guitián.

Los años de bonanza previos a la crisis demostraron que la inmigración se asienta en España en aquellas áreas atractivas en cuanto a oportunidades, se entiende que laborales. Y Galicia no se encontraba entre ese selecto grupo. Diez años después, la oportunidad que se abre con la propuesta de la Xunta a través de la Lei de Impulso Demográfico representa toda una tercera vía frente al fomento de la natalidad, de resultados inciertos, y la captación de mano de obra extranjera, una mera aspiración visto lo visto. Es el retorno de los emigrantes, una diáspora de medio millón de personas, el complemento necesario si hay una política decidida al respecto. El objetivo es ambicioso: el regreso de unos 20.000 gallegos en un plazo no superior a tres años.

Un dato que muestra un cambio de tendencia avala este planteamiento. Galicia registró un saldo migratorio positivo con el extranjero de 12.884 personas en 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta cifra supone casi duplicar los registros de 2017, cuando entraron en el territorio gallego 6.882 personas más de las que salieron. Claro que en esto también tienen mucho que ver los impulsos económicos de nuevo. Como en el caso de los emigrantes retornados. Veamos los datos. Un total de 6.705 gallegos, con nacionalidad española, volvieron del extranjero a la comunidad en 2018, frente a los 4.150 que se marcharon en el mismo periodo. También el saldo es positivo, pero tiene miga. Del total, unos 2.517 gallegos, casi el 40%, retornaban de Venezuela, un país colapsado. Otra vez la tesis de Manuel Guitián.

No queda otra que actuar en todos los frentes. Y hacerlo con recursos, más allá de los eslóganes fáciles. Galicia sufrió en 2018 el peor saldo vegetativo de toda España, con 15.854 muertes más que nacimientos, dice el INE. En concreto, hubo 16.550 alumbramientos, la cifra más baja desde que hay registros. La comunidad gallega lidera la caída (más del 10%) a nivel estatal. El vértigo llega por contraste: en 2010 habían nacido en Galicia unos 22.000 niños, 5.450 más que el año pasado.

Alemania, motor de Europa, lleva décadas con crecimiento vegetativo negativo y su industria no se ha resentido. Lo dice el catedrático Antonio Izquierdo, otra autoridad gallega en demografía. La suya es una vuelta de tuerca sobre esa tesis de los impulsos económicos. En el caso alemán, son las oportunidades que ofrece su sistema productivo a toda una legión de inmigrantes. Sin embargo, Izquierdo es crítico con la situación en Galicia. La gente no tiene hijos por la buena evolución de la macroeconomía, viene a decir. Lo hace si su empleo no es precario ni temporal. Y esas variables permanecen. "Hay dos visiones sobre lo que es salir de la crisis: la de las élites y la visión de los que tienen hijos", ilustra.

España y Galicia se encuentran en la segunda transición demográfica, la del envejecimiento, como el resto de Europa, y su crecimiento se debe al saldo migratorio positivo, a pesar de que mueren más personas de las que nacen, es decir, el saldo vegetativo negativo. Y con los nuevos planes de la Xunta, Galicia lo fía casi todo al retorno de emigrantes. ¿Bastará con ese salvavidas?

Una lista de morosos fiscales con truco
REPASAR la lista anual de morosos con Hacienda, aquellos que deben más de un millón de euros al fisco, sean personas o empresas, permite extraer más de una conclusión al margen de los nombres propios que emergen en tan singular catálogo. Y es que, por ejemplo, apenas hay altas y bajas cada año. Con excepciones, son legión aquellas empresas que se podrían calificar de enternas en el inventario. Se trata, básicamente, de compañías en suspensión de pagos, lo que ahora se denomina concurso de acreedores, o en procesos de liquidación, que en la mayoría de los casos también resultan interminables.

La salida del padrón de deudores de Hacienda del mayor moroso de Galicia ha pasado prácticamente desapercibida para el gran público y, sin embargo, ilustra la situación a la perfección. Se trata de Petro Nova Oil, cuyo concurso de acreedores y liquidación se ha llevado a cabo en un juzgado de Pontevedra. Con una deuda tributaria de unos 82,3 millones, la compañía llegó a convertirse en el mayor moroso de Galicia, por encima de la quebrada Martinsa-Fadesa, y en uno de los quince mayores en el conjunto de España. En el listado de morosos figuraba hasta el año pasado. ¿Qué ha sucedido?

Pues muy lejos de regularizar su situación, la liquidación y extinción de la sociedad ha sacado de la lista negra de Hacienda a Petro Nova Oil, aunque no haya abonado ni un euro reclamado. Es decir, esos 82,3 millones de deuda siguen ahí, ahora en el limbo. ¿Cuántas empresas habrá en esa situación tras la crisis? El de Petro Nova Oil no es un caso aparte, aunque fuera el epicentro de uno de los grandes fraudes del gasóleo.

El salvavidas demográfico