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Análisis y opinión

Ancianos, reflexión pendiente

La multiplicación de informes sobre el sistema de pensiones cultiva un clima a favor de los recortes

SEÑOR DIRECTOR: La situación sanitaria, el problema humano en las residencias de mayores —contagios, muertos, soledad— y un cuestionado y tambaleante sistema de pensiones son dos vertientes que traen a primer plano a los jubilados, viejos, tercera edad o coloque usted el eufemismo que prefiera. Es una materia que en sí misma supone un problema político y muy significado para los intereses de los partidos, por el peso electoral que representan los mayores. Las periódicas concentraciones y manifestaciones de pensionistas en las calles de España apuntan a esa vía.

Ilustración para el blog de Lois Caeiro. MXLa segunda ola, o como quiera denominarse, de la pandemia descubre de nuevo los problemas de las residencias de mayores y la necesidad de replantear la concepción de las mismas. Quedan al descubierto algunas carencias básicas que podrían subsanarse entretanto se replantea el modelo. Si es que llega a producirse. Por otra parte, tanto desde instituciones públicas, desde el Banco de España al Tribunal de Cuentas, como desde organizaciones privadas, casi todas vinculadas directa o indirectamente a la banca, se multiplican los informes que presentan como inviable el actual sistema de pensiones. La invitación que repiten a los planes de pensiones de los bancos no deja de ser una aspirina a quien le van a coartar la cabeza.

Instar a la reflexión
Podría sospecharse que todos estos documentos buscan crear un estado de opinión favorable, comprensiva, ante la proximidad de recortes. El informe del Instituto de Actuarios de España es uno de los últimos trabajos que se hizo público. Asegura que "los jubilados cobran un 51% más de lo que aportan", según síntesis de varios titulares de prensa. Un informe de BBVA concluye que cada pensionista está recibiendo un 30% más de lo cotizado. Y hay ya quien propone vías drásticas, a la griega, como una bajada de 150 euros mensuales para acabar con los números rojos.

Mientras, las jubilaciones anticipadas continúan: el 44% de los trabajadores se retira antes de cumplir la edad establecida, según el Ministerio de Empleo. Y solo un 5% trabaja después de superar la edad legal para retirarse. Detrás de esta realidad están los cambios en los sistemas de producción, las concentraciones empresariales, como en la banca, o los cambios para contratar jóvenes, más baratos salarialmente. Es un problema a resolver en el sistema, una contradicción más a afrontar: mantenimiento y creación de empleo.

El envejecimiento de la población en Galicia continúa su marcha imparable, como reflejan las cifras del Ige. Una cuarta parte de los gallegos, el 25,4%, tiene más de 65 años y la referencia a que por cada cien menores de 20 años hay 150 mayores de 64 es suficientemente indicativa de la estructura de la pirámide poblacional. Si además estos pensionistas gallegos (765.535) reciben de media 857,65 euros mensuales no se les podrá pasar la factura de un sistema que hace aguas.

En esos informes habría que destacar como hechos relevantes los bajos niveles salariales, que se acentúan y no se detienen, e inevitablemente repercuten en las aportaciones o cotizaciones a esa caja de las pensiones. Y hay un hecho relevante que la pirámide poblacional se estrecha por los de menos edad, y se estrecha también en la población activa. ¿Hay oferta aquí, hay opción real de trabajo para quienes en estos años han salido suficientemente preparados al mercado laboral?

Habría que abandonar de forma suprapartidista concepciones y prácticas políticas de empleo y economía que son espejismos para uso electoral y se tambalean al primer viento de crisis. Se constata estos meses.

Nos negamos o nos niegan el acceso a las imágenes del drama humano de la muerte en el abandono

Hay, por tanto, que situar el problema de la sostenibilidad de las pensiones, que es real, en el marco socioeconómico y normativo que lo provoca, que falla. La cuestión es más compleja que pegarle un recorte a las pensiones. Eso es lo más fácil; solo molesta por abajo.

En los días duros de la pasada primavera Sánchez Bugallo, alcalde socialista de Santiago, decía que la situación de las residencias, los contagios y los muertos en las mismas "instan a la reflexión". Apuntémonos desde la visión periodística, si a usted le parece, a esa invitación. Otros políticos daban por hecha la reflexión, o eso parecía, cuando hablaban de la urgencia de una nueva concepción de las residencias.

Como el problema no es solo de España, y como entre nosotros el más humilde de los capadores tiene derecho de veto y censura, me temo que habrá que esperar a que Europa dicte normativas.

Si las hay para evitar las molestias de los cerdos en el transporte al matadero sería justificable que las hubiese para humanizar lo que fundamentalmente se han entendido hasta ahora como contenderos para retirada de viejos.

Sociedad edulcorada
La pandemia muestra la problemática de las personas mayores en las residencias y el comportamiento de esta sociedad con ellos. El problema no lo vemos, no tenemos imágenes, no seamos sensacionalistas dirán, ni cuando alcanza el drama, como sucedió esta primavera o cuando repunta de nuevo ahora. Se nos niega o nos negamos a que se ofrezcan imágenes. El respeto a los afectados, el derecho a su intimidad, se puede practicar sin impedir el conocimiento del drama en su dimensión real. Construimos y vivimos en una sociedad edulcorada que oculta y huye de las realidades desagradables, las que hieren la sensibilidad y que probablemente nos plantearían interrogantes sobre prioridades inversoras, líneas de actuación política y cuestionarían incluso nuestras posiciones personales. Los cadáveres que nadie reclamó, los ancianos contagiados o muertos por los que nadie se interesó hablan de una sociedad deshumanizada.

La problemática de una población envejecida es anterior al coronavirus y es mucho más extensa que los fallos que evidencia la pandemia. O, ¿no son fallos? No es solo un asunto puntual que produce la pandemia. Una aproximación por encima, a vuelo de periodista, abre interrogantes éticos sobre la cuestión. Le apunto finalmente algunas cuestiones para la reflexión como los cambios de modelo en la familia, consecuencia de las transformaciones socioeconómicas; el envejecimiento de la población; el poder adquisitivo de las pensiones y su impacto en la calidad de vida o pérdida de la misma; la sostenibilidad del sistema de pensiones y la demostrada incapacidad política para afrontarla, más allá de las amenazas de recortes; la imposibilidad de ahorro en la mayoría de los asalariados durante la vida laboral para disponer de un complemento futuro de la pensión; la demasiadas veces necesaria aportación del pensionista a la economía de sus hijos a causa del paro y los bajos salarios; la dependencia; el abandono o la soledad exigen una reflexión y una atención.

Es curioso observar cómo algunos documentos de organizaciones internacionales, como la OIT, estudiaban y pronosticaban hace casi medio siglo los problemas que estallan ahora en el siglo XXI. Quiere decirse que políticamente no sirve la sorpresa de lo no previsto como respuesta justificadora de la inacción.

De usted, s.s.s.

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