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Dirigentes fracasados

El humor que circula por las redes es un aviso del riesgo de afirmación de la antipolítica

SEÑOR DIRECTOR:
Si coincidiésemos usted y yo en una sala de conciertos y observásemos un pitorreo general de los asistentes, con burlas a los músicos, al director y al programa antes de que se iniciase la interpretación, probablemente tomaríamos la puerta de salida. Música, lo que se dice música, es muy probable que allí no se escuchase. Pudiera suceder también que un cierto sentido de la responsabilidad nos invitase a proponer un poco de orden en la sala, probablemente sin éxito o con riesgo de que la chanza se volviese hacia nosotros.

Humor

Algo así debe suceder ahora mismo en este país entre la ciudadanía y la política. Habrá recibido usted estos días cientos de mensajes por WhatsApp y los habrá visto en las redes sociales: un auténtico cachondeo generalizado sobre los políticos, los dirigentes, la situación y hasta las instituciones.

Al desencadenante le llaman en los telediarios bloqueo político. Podría decirse también incompetencia y falta de sentido de la responsabilidad de algunos dirigentes. La verdad es que algunos de esos mensajes, que circulan con intensidad, son originales, con chispa. Aciertan muchos de ellos en el diagnóstico de las causas de esta situación. Con algunos se ríe uno a carcajadas en la soledad frente a la pantalla del teléfono. Otros obligan a pensar: el humor corrosivo no es criticable, ni por irrespetuoso que sea o lo parezca.

El humor siempre es sano. Es válvula de escape. Pudiera ser materia a examinar por la siembra, intencionada o no, que realice de cuestionamiento, desprestigio y descrédito de las instituciones representativas y las formas de representación y participación plural en las sociedades con democracias liberales.

Antipolítica

El riesgo de esta siembra y abono para que florezca una mentalidad antipolítica en la ciudadanía es alto. La responsabilidad es de quien no mide el alcance de sus decisiones o de quienes solo miran para el interés personal y de partido. No culpabilicen ahora a quien pone la imaginación a funcionar en forma de humor. Además, ya veremos si luego se confirman las previsiones que llevaron a esta situación de parálisis.

El comportamiento del electorado no siempre es previsible y no siempre lo captan las encuestas como lo demuestran múltiples casos. Es un peligro para las libertades y la estabilidad hacer de la política algo despreciable, que esloque pudiera estar sucediendo con estas incapacidades para negociar y acordar como mandan los resultados electorales. De la antipolítica, sobre la que nos advirtió Raymon Aron, el ilustre intelectual liberal francés al que silenció una izquierda que imponía e impone lo que es o no correcto, se da un salto al populismo que no de forma inocente coloca a un hipotético pueblo como unidad limpia frente a la clase política.

Vamos a ver que el asunto real de la crisis económica estará ausente de la campaña por la primacía del reparto de culpas sobre la incompetencia y el recurso a los sentimientos

¿Quién interpreta, por qué cauces, y dice qué es lo que quiere ese pueblo? ¿Quién le legitima? Las vanguardias que acompañan al caudillo de turno. Los periodistas sabemos de la urticaria que les produce a algunos políticos sentirse clasificados como clase. Pero en estas circunstancias va a resultar difícil poner en cuestión esa separación. No conozco reacción alguna de dirigente significativo, o algo menos, de un partido que ponga en cuestión la actuación de los líderes, adolescentes en la valoración que le merecen al presidente gallego.

Nadie en sus estructuras partidarias sugiere que el fracaso que han cosechado les obliga a la retirada: a no repetir. La responsabilidad del bloqueo es compartida. Cierto. Pero unos son más responsables que otros. Nadie en los liderazgos se salva. Parece claro que se han situado al margen o por encima del sentir mayoritario. Se han pasado por el forro del calcetín la decisión ciudadana en los votos.

No les gusta lo que vota la ciudadanía. ¿No lo dijo Pedro Sánchez de alguna forma, casi directa y ofensiva, al pedir el voto desde el Palacio de la Moncloa para la próxima cita? ¿A qué respondía esa convocatoria de prensa? El anuncio de elecciones lo hizo ya la Jefatura del Estado y la Presidencia del Congreso. Sánchez marcó ritmo de campaña.

El relato

Como la política se hace ahora con el relato y no con las ideas y los programas. Vamos a ver que la temática de la campaña poca o ninguna relación guardará con los problemas reales de este momento.

El relato ha de mover sentimientos más que la cabeza. Así se explica que algunos hayan vuelto a traer a primer plano el terrorismo etarra, que afortunadamente dábamos por liquidado y sobre el que la sociedad vasca busca razonablemente pasar página. O que el enfoque del problema catalán se formule y alimente con recursos sentimentales.

Meten, no inocentemente por supuesto, en el mismo saco catalanismo y nacionalismo independentista. La economía debería ser el centro de la campaña electoral, sin simplificaciones. Hay unanimidad en que una nueva crisis económica está ya presente y que no se resuelve prolongando hasta la eternidad los Presupuestos de Montoro.

Este país parece condenado a que no se actúe a tiempo nunca. ¿Nos van a hablar en Galicia de las infraestructuras pendientes, de la normalización de plazos en el Ave o en la autovía Lugo-Santiago? Probablemente, eso sí dentro de una tradición de pobreza mental, propongan nuevas obras faraónicas, con firma de arquitecto de renombre mundial, para alimento del ego de políticos locales. Para qué estaciones como expresión de catedrales laicas si falta el tren que llegue a las mismas. Otra vía más para el fomento de la antipolítica y la pérdida de confianza en las instituciones.

Un descrédito así como el que reflejan ese humor que circula por las redes es toda una alarma activada. Hay que meterlo en un tiempo de crisis económica, con asuntos pendientes como la seguridad en el sistema de pensiones o dar respuesta a los recortes que la anterior recesión llevó a servicios sociales básicos, y ahí siguen, o la financiación de las comunidades autónomas que son maquinaria fundamental en servicios e inversión.

Muy atentamente.

Dirigentes fracasados