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Obstáculos a la prevención de fondo

La acción básica contra incendios y para obtener rentabilidad es ordenar y gestionar el territorio
Incendio en Gran Canaria. EFE
Incendio en Gran Canaria. EFE

SEÑOR DIRECTOR:

En la incapacidad o resistencia de los grupos políticos para acordar y consensuar las políticas de ordenación del territorio y gestión del bosque radica una de las causas primeras, y originarias, en el objetivo que parece inalcanzable de luchar con eficiencia contra los incendios forestales. Es la auténtica acción preventiva, esta sí. No figura en la atribución de responsabilidades reales e imaginarias a las que se recurre en el intercambio de acusaciones para rentabilizar partidistamente el fuego. Es la incompetencia de todos, no la de uno. Y es la prevalencia de los intereses electorales o de grupo.

El riesgo de incendio en España alcanzaba la pasada semana a tres cuartas partes del territorio, según las alertas meteorológicas. El dato da idea de la magnitud del problema. Como lo da también el coste que representa el despliegue de medios humanos y materiales que sirven a la instrumentalización opositora y sindical, como si ahí, o solo ahí, radicase la fórmula real y mágica para ser eficientes. Son otros intereses. El fuego vuelve a estar este verano en la actualidad de nuestros vecinos portugueses. Alimenta, señor director, polémicas partidistas, que recuerdan a las que aquí se registraron en el pasado y se producen todavía. Duarte Marques propone en Expresso planteamientos para, aparcada en el fuego la vía de la lucha partidaria, afrontarlo con pretensiones de eficiencia: ordenación del territorio y gestión del bosque. Sería trasladable aquí con muy ligeras matizaciones. No estamos solos. Incluso Galicia está en condiciones de proponer modelos en la acción directa.

PUNTOS PARA EL DIÁLOGO

Podríamos, si usted lo estima así, establecer cuatro puntos para un diálogo sobre la permanente cuestión de los incendios en este período estival y antes de que empiece el intercambio de acusaciones si, lamentablemente, llega de nuevo el fuego a los montes gallegos. Veamos: 1) La necesidad de alcanzar una fórmula de intervención a fondo en la ordenación del territorio y la gestión del bosque. Es auténtica acción preventiva. 2) El consenso técnico, según el que la eficiencia de la actuación contra el incendio radica en actuar en el menor tiempo posible sobre el foco inicial de fuego. Detectar y llegar con los medios de extinción en el más corto período de tiempo. 3) Los mitos y realidades de los incendiarios y los intereses ocultos, a lo que contribuye la falta de información. Y 4) Al referirnos a la realidad del combustible en el monte y la mejora de condiciones climáticas para el fuego volveremos al inicio, a la necesidad de gestionar el bosque. Queda sin tocar, como usted observa, otro apartado clave, monográfico: la rentabilidad como respuesta positiva a la economía rural y como acción frente al fuego.

INTENTOS

Ocuparse de la necesidad de una intervención a fondo en la gestión del bosque y en la ordenación del territorio parece la vía más eficiente en la acción contra el fuego. Respondería además a una acción conservacionista medioambiental y a una política ecológica elaborada desde la razón y no desde los gestos y las buenas intenciones. Sus resultados son a largo plazo; no es una incubadora acelerada de votos. Es la vía para resolver un problema.

Hubo un paso inicial, con Tomás Pérez Vidal en la Consellería de Agricultura e Montes, con el conocido como Plan Forestal (1992). El último intento, con Ángeles Vázquez en Medio Rural, muestra más que nunca frente a las resistencias la necesidad del consenso parlamentario como fuerza imprescindible en su aprobación y la suma previa de sectores de la sociedad civil que participan de la necesidad de acabar con el caos en las plantaciones y gestión. Una anarquía detectable a simple vista para quien viaje por Galicia. Un permanente riesgo de incendio. ¿A quién interesa la desregulación? Es fundamental indagar en la respuesta a este interrogante. Se lo dejo ahí.

ADVERTENCIA

Una novedosa manifestación en mayo de 2018 en la que salieron a las calles de Santiago intereses muy diversos, no necesariamente coincidentes, exhibió una frontal oposición al cambio por Medio Rural. Un plan que para sectores ecologistas resulta insuficiente, generalista, lo deja todo para desarrollos posteriores y responde a los intereses del eucalipto. Para unos, absolutamente agresivo y para otros totalmente complaciente con quienes se oponían al cambio. Esa manifestación, curiosa, la interpreté en su momento como un muestrario de riesgo de pérdida de votos. Los promotores amenazaban en sus propios viveros electorales a los políticos. Son muy sensibles a ello. El riesgo real puede ser más que cuestionable. Los organizadores exhibían fuerza ante la Xunta y el Partido Popular con mucho votante popular, sin duda.

Entiendo así que a la necesidad incuestionable de una legislación en Galicia para la ordenación y la gestión del bosque, los líderes políticos han de añadir la responsabilidad de que se haga realidad frente a los frenos. Sin caer en la tentación de los maximalismos y sin concesiones espurias, hay campo suficiente para avanzar. En una vertiente práctica, sobre la que hay consenso, es la de llegar con los medios de extinción en el más corto período de tiempo al inicio del fuego. Es una filosofía que aquí arrancó ya con Romay Beccaría. Cómo lograrlo es la cuestión y no una permanente demagógica y oportunista discusión sobre multiplicación de medios humanos y materiales. ¿Qué impide que se haga realidad una legislación, con acuerdo suprapartidario y consenso social, que se ocupe de la ordenación y gestión del territorio y el bosque? Los efectos serían a largo plazo, es una explicación para la falta de compromiso de los políticos.

La multiplicación de hipótesis y mitos sobre los incencios muestran la falta de información válida

MITOS

Los incendios forestales están rodeados en Galicia de mitos que explicitan la falta de resultados válidos en las investigaciones y la carencia de transparencia informativa. La industria, los intereses de las papeleras o incluso de otros países, como si esto fuese una guerra, el eucalipto como principio del mal, tramas organizadas que no se sabe a qué ni a quien responden, el pastoreo, entre otras explicaciones recurrentes, solo muestran que todavía a estas alturas del calendario y del gasto no hay un conocimiento contrastado de las causas. Por esa vía se pudiera ocultar la falta de la verdadera acción preventiva pendiente: ordenar el territorio y gestionar el bosque.

Frente a un combustible que se extiende por los montes gallegos por abandono de fincas, dejadez o irresponsabilidad, bien están, qué duda cabe, como diría Arsenio, el mago del fútbol de Arteixo, toda esta política de limpieza obligatoria. Bien está que se implique a los concellos en la acción de limpieza y en la vigilancia y sanción a los propietarios. Son parte responsable. Ese fue el argumento para que los gobiernos y políticos locales practicasen clientelismo y burdo caciquismo con las contrataciones de personal para las brigadas contra incendios.

Mientras vemos, al fin, limpieza en una franja amplia al borde de las carreteras y autopistas seguimos observando a unos metros el caos absoluto en un bosque, sobre el que no se practica limpieza ni pastoreo como en fases anteriores de la economía agraria, o en unas plantaciones que son la sinrazón o la libre expresión de la naturaleza. Otra vez, volvemos al principio: la carencia de ordenación del territorio y de gestión del bosque.

Obstáculos a la prevención de fondo