martes. 22.10.2019 |
El tiempo
martes. 22.10.2019
El tiempo

María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Un hijo asesor

Es la descendencia adolescente la que da el visto bueno a los programas de fiestas

CUANDO EN LA comisión de fiestas de San Froilán se anunció la contratación de Don Patricio pasó lo que tenía que pasar: desenfunde de móviles y apertura de youtubes. Quién era aquella persona. Tú ves a ese chaval con un jersey Reebok noventero, la raya al medio y la lengua fuera y es como la vacuna del sarampión, que si has nacido entre el 70 y el 80 te falta algo. Y no entiendes.

Se enviaron después whatsapps buscando respuestas y se obtuvieron. Llegó un mensaje tranquilizador. El hijo adolescente de alguien lo conocía perfectamente. Estaba entusiasmado y sus amigos, otros adolescentes, también. Los miembros de la comisión asintieron entonces y pasaron a otra cosa. Solo hacía falta eso para tirar millas: el sello de acreditación de un hijo, la ISO 9000 de la descendencia.

Un hijo hay que tenerlo. Un hijo asesor. Por lo menos, uno, que te conecte un poco con el sentir de la juventud. Nadie sabe lo perdidísimos que vamos los que no tenemos a quién preguntar por Don Patricio. Cualquiera que reúna a la familia por Navidad sabe que organizar una fiesta es un lío morrocotudo y que solo un tipo concreto de personalidad parece crecerse ante ese trance. Se corresponde con los que, una vez que se hacen famosos, no paran de declarar en el ‘Hola’ que les encanta 'recibir en casa'. Así lo dicen. Para cuando han llegado hasta ahí diciendo eso tienen personal ha ciéndose cargo de las recepciones. Con organizadores de eventos, así cualquiera. Esos organizadores de eventos, además, tienen hijos.

Lo del hijo nos lo enseñó Pérez Varela, que tenía uno que le susurraba los conciertos del Xacobeo. Es este un conselleiro, y su hijo, que nos ha dado grandísimas alegrías. Al público y a los periodistas. En 2004 actuaron en Compostela los Red Hot Chilly Peppers, Chemical Brothers, Iggy Pop, The Cure o Bob Dylan, que lo hizo, concretamente, de espaldas, pero ahí estuvo.

Quiero decir que la gente saltó entregada en el Monte do Gozo deseando eterna vida a Pérez Varela y a su hijo. Los periodistas, igual, porque qué cosa deliciosa era verle pronunciar cada nuevo nombre del cartel con la estupefacción con la que un bebé comienza a hablar en media lengua, como sorprendido de que esos sonidos salieran de su ser, y dejar constancia de que no conocía de nada a ningún grupo, ni por asomo. Que me he hecho yo un trabajo investigador más exhaustivo sobre Don Patricio para escribir este artículo que Pérez Varela sobre el programa del más sonado Año Santo es una certeza total.

El otro día una concejala me comentaba lo típico, que si lo de antes, que si los sanfroilanes de su juventud, que si aquellas sí que eran fiestas, que si entonces venían artistas de renombre 'nacional e internacional', y citó a Miguel Bosé como dejando caer una bomba que todo lo arrasa. Quién le iba a rebatir esa Hiroshima. Le recordé que, siendo estricta, tenía que admitir que Marky Ramone es aún ‘más internacional’ y estuvo el año pasado. Fue uno de los conciertos que me tocó cubrir a mí y casi agradecí que fuera ese porque no tengo nada que objetar a los Ramones ni a la gente que se trabaja la jubilación de esa manera.

Marky se sentó a la batería con su camiseta sin mangas y ese pelo fosco con flequillo cegador que es exactamente el de todas cuando no nos peinamos y aporreó la batería con dedicación sin un solo descanso durante una hora. Todo el rato hacía un movimiento rarísimo con la mandíbula como si le fuera a saltar la dentadura, incapaz de mantenerse por más tiempo en esa boca, pero se mantuvo. Se levantó a saludar con evidente dolor de riñones y se volvió a sentar para tres bises.

La siguiente incorporación con tensión lumbar fue para despedirse y dar paso a las Pussy Riots, también bastante internacionales, que se trajeron a un DJ que pinchaba cosas mientras ellas reivindicaban con la cara tapada. Que lo hicieran solo en ruso restaba un poquito de eficacia activista a sus mensajes, hay que decirlo. No sé qué hijo intervino en la elección de Marky, pero, mira, ni tan mal.

Al día siguiente de dejar la consellería, Pérez Varela, su mujer y sus tres hijos (resulta que le sobraban asesores) constituyeron una empresa dedicada a la organización de eventos culturales. Cuando tuvo que comparecer en una comisión de investigación para dirimir si incurría en alguna incompatibilidad dijo que su participación en la firma era pequeña y que le había dado 'pingües beneficios'. No tuvo entonces un hijo a mano que le recordara que, al contrario de lo que creía, pingües significa abundantes.

Un hijo asesor