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Aquella independencia

En pleno embrollo catalán, conviene recordar que hace 88 años en Galicia se declaró independiente de España... unas horas

LLEVAMOS EN ESPAÑA cerca de dos años castigados por una sobredosis del conflicto catalán a nivel mediático, político y social, un capítulo histórico que evidentemente le influye mucho a Galicia y a todo el país, pero que sin embargo no justifica la saturación a la que en ocasiones nos vemos sometidos. Por eso esta semana, cuando llegó el jueves 27 de junio, me resultó inevitable refrescar aquel episodio en el que Galicia se independizó de España, hace exactamente 88 años. Una declaración unilateral de independencia en toda regla, por la vía rápida y a las bravas que fue la Primeira República Galega, con junta revolucionaria, presidente y todo lo que requiere un movimiento de este calado.

Según como se mire se puede decir que aquel Estado de Galicia fue exitoso o no, pero sobre lo que no hay duda es que fue efímero. Tanto, que duró unas horas entre el 27 y el 28 de junio de 1931. Y también desconocido, ya que todavía hay muchos gallegos para los que este pasaje de nuestra historia resulta desconocido.

→ La Primera República de Galicia

«Alonso Ríos es nombrado presidente», recogía el 27 de junio de 1931 el diario vigués El Pueblo Gallego. «Los obreros izan la bandera gallega y proclaman la República Gallega», contaban otras crónicas de la época en riguroso castellano. Ríos, un maestro y activista agrario de Silleda, galleguista convencido, aprovechó el descontento social con el recién nombrado gobierno de la Segunda República en España, que había decidido paralizar las obras del ferrocarril, para, tras un mitin obrero en Santiago, guiar a la multitud al Pazo de Raxoi, tomarlo y declarar la independencia.

En el fondo, fue la reacción social y política a una situación de crisis permanente que se arrastraba desde la recesión de 1929, todavía con Primo de Rivera en el poder. Y la última de este tipo que hubo en Galicia, ya que el franquismo estranguló al nacionalismo y, tras la muerte del dictador, ya se le dio forma al Estatuto de Autonomía.

La Primeira República de Galicia duró lo que tardó la Segunda República española en anunciar que las obras del ferrocarril se retomarían, unas horas. Como la gaseosa al destaparse, el malestar obrero perdió fuerza y la ausencia de levantamientos paralelos en el resto del territorio —salvo algunos conatos contados— acabó por convertir un capítulo relevante a nivel político e histórico en poco más que una anécdota. Algo injusto teniendo en cuenta todo el revuelo que hay montado hoy alrededor de la declaración de independencia catalana de 2017, cuando ni siquera llegó a ser efectiva.

→ La culpa la tuvo el 'Ave'

Pero por si fuera poca coincidencia que un asunto de hace 88 años esté hoy de plena actualidad, lo más sorprendente es que el detonante de esa independencia gallega fuese el ferrocarril. Y no una obra cualquiera, sino el famoso trazado por donde hoy se está construyendo la alta velocidad a Galicia: la línea A Coruña-Zamora.

El tren ya viajaba de Madrid a Zamora desde 1864, pero la línea se paró en la ciudad castellana porque, según una comisión de expertos de la época, la dura orografía y la escasa población gallega, agrupada además en aldeas y no en ciudades, desaconsejaba el proyecto. Hubo que esperar a que la dictadura de Primo de Rivera diseñase en 1926 el llamado plan Guadalhorce, que contemplaba la conexión de Galicia, que en aquel momento solo tenía la salida por Ourense-Monforte-Venta de Baños.

Las obras arrancaron, pero la Segunda República decidió paralizarlas por la misma razón esgrimida décadas antes: mucha montaña y poca gente para gastar tanto dinero. Fue entonces cuando los 1.200 obreros empleados en aquellos primeros tramos —los más fáciles del eje atlántico— protagonizaron unas huelgas durísimas que incluso acabaron con un joven ourensano fallecido. Un malestar que se transformó en el combustible que alimentó aquella Primeira República de Galicia en 1931.

Al final, la línea se inauguró, pero casi 30 años después, en 1958, tras unas obras faraónicas y esclavistas en las que las coplas populares de la zona de Ourense hablaban —imagino que de forma hiperbólica— de hasta de 4.000 muertos.

Así que el tren Galicia-Zamora, como el Ave hoy, sufrió retrasos, fue polémico, complejo y tuvo una intensa carga política.

Cortesía entre Feijóo y Caballero antes de su duelo parlamentario

EL PRESIDENTE de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y el líder del PSdeG y de la oposición, Gonzalo Caballero, se saludaron con cortesía en la ceremonia de las Medallas Castelao y ante un testigo de excepción, Pérez Touriño, que curiosamente fue las dos cosas: titular de la Xunta y jefe del PSOE gallego. Fue una imagen cargada de morbo, ya que todo apunta a que Caballero tomará posesión de su escaño en el Parlamento en el último pleno de este periodo de sesiones, el 9 o 10 de julio. Falta por desvelar si aprovechará ya para mantener su primer cara a cara con Feijóo en la sesión de control o si, como sostienen algunos, hará una entrada ‘light’ y no ejercerá hasta la vuelta del verano.

La extraña ausencia de los senadores

AUNQUE EL PRESIDENTE de la Xunta trató de justificar la ausencia de Elena Muñoz y Jesús Vázquez en el pleno del Parlamento que los designó senadores autonómicos, lo cierto es que tanto la viguesa como el ourensano rompieron, con su plantón a la Cámara, una especie de tradición del parlamentarismo gallego. Tras fracasar en sus contiendas municipales en Vigo y Ourense el 26-M, los exconselleiros fueron recompensados de algún modo por su partido otorgándoles un asiento en el Senado, plazas cotizadísimas ahora que el Partido Poular perdió poder institucional y puestos para colocar a su gente. En julio de 2016 sus predecesores, Jiménez Morán y Fernando Carlos Rodríguez sí acudieron a O Hórreo, como el socialista Modesto Pose. En 2013 lo hizo la socialista Paula Fernández y dos años antes su compañero Pablo García, por recordar algunos. Muñoz y Vázquez optaron por no ir. Una ausencia que ni es dramática ni trascendental, pero sí extraña. Solo eso.

Baltar y la teoría de Hitler con Gibraltar

LA TOMA DE posesión de José Manuel Baltar como presidente de la Diputación de Ourense alimenta la teoría de que el PSdeG no puso toda la carne en el asador para impedirla, quizás por su incapacidad para medir la relevancia de esta institución en la política electoral del Partido Popular de cara a 2020. Aun asumiendo el riesgo de ponerme demasiado histórico, no puedo dejar de pensar en un pasaje de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler quería hacerse con Gibraltar en la operación Félix para controlar el Estrecho y doblegar al Reino Unido en el Mediterráneo. Pero el führer renunció al ver excesivas las pretensiones que su colega Franco le exigía para cruzar España con su maquinaria bélica para expulsar a los ingleses del peñón. Dicen que Hitler, ya derrotado en el búnker de Berlín, lamentaba una y otra vez no haber cedido ante Franco, quizás porque no calibró la importancia de Gibraltar en el desarrollo de la guerra. ¿Ocurrirá lo mismo en el cuartel general del PSdeG después de las autonómicas?

Aquella independencia
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