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Falta agua... y faltan luces 

Vigo funde casi 800.000 euros entre iluminación y ornamentos navideños, más que el resto de ciudades gallegas juntas

La espectacular iluminación navideña de las calles de Vigo. EP
La espectacular iluminación navideña de las calles de Vigo. EP

EL AYUNTAMIENTO de Vigo no solo fue el primero de los grandes de Galicia en encender este año sus luces de Navidad, sino que invirtió la friolera de 635.000 euros en colocar más de seis millones de puntos de luz por las calles de la ciudad, una cifra mareante a la que se suman otros 135.000 euros en ornamentos temáticos varios. En total, casi 800.000 euros, que viene siendo más o menos la suma de lo invertido en A Coruña (335.000 euros), Santiago (167.000 euros), Ourense (88.000 euros), Pontevedra (82.000 euros), Ferrol (77.000 euros) y Lugo (42.000 euros).

El problema no es que el alcalde de Vigo, el socialista Abel Caballero, gaste más que el resto de sitios en alumbrar las calles; de hecho, tiene mayoría absolutísima y respaldo vecinal para gastar en lo que le dé la gana, con 17 de los 27 concejales de la corporación. Y aunque es cuestionable, a lo mejor tampoco es lo más grave el hecho de que haya adjudicado la instalación de las luces a una empresa de fuera de Galicia —la cordobesa Ximénez—, un error que también cometió Xulio Ferreiro y su Marea Atlántica en A Coruña; en ambos casos sería deseable que apostasen por compañías gallegas, que las hay y muy buenas. Lo verdaderamente grave es despilfarrar tal cantidad de dinero cuando se denuncia una rebaja de 140.000 a 120.000 euros para 2018 en la partida municipal olívica para atender a gente necesitada, cuando la Xunta tuvo que ayudar a más de 1.500 ayudas para la pobreza energética en el área viguesa o cuando no se ha invertido un duro en el ciclo del agua en dos décadas y ahora aparecen problemas —y graves— con la calidad y la potabilidad de la traída, precisamente por la falta de tecnología de última generación.

Aunque existen estudios con base científi ca que relacionan la iluminación de Navidad con un aumento del consumo y benefi cios para el comercio, a los que se sumaría el movimiento económico para el sector de las empresas instaladoras, lo cierto es que en los tiempos que corren no puede dejar de cuestionarse una inversión de más de millón y medio de euros solo en las ciudades gallegas para ese fi n cuando existen otras muchas prioridades derivadas de la brutal crisis económica que acabamos de pasar. Muchos comerciantes, hosteleros o grandes áreas ya asumen ellos mismos el coste de las luces y ese parece el camino a seguir. El dinero público tendría que estar para otras cosas; al menos hasta que no quede ni un solo gallego con problemas para encender la calefacción o un niño sin juguetes. 

Por mucho que los 292.000 vigueses, como demuestran cada vez que van a las urnas, prefi eran las luces. 


Cuando el agua baja solo queda barro
Y el mismo cambio de mentalidad que necesitan los gobernantes con el gasto de las luces de Navidad se precisa con la gestión de agua. Visto el episodio de ayer de Vigo y su entorno, independientemente de lo que ocurra fi nalmente con los análisis, el daño a la población ya está hecho con la incertidumbre, la duda y las informaciones contradictorias que cruzaron a lo largo del día la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento. Cualquiera que esté hoy entre los 350.000 afectados o directamente no usará el agua de la traída o, si lo hace, será con temor. 

Y es que en un asunto tan serio y tan grave resulta casi insultante para la sociedad que exista enfrentamiento político y que dé la sensación de que lo que está en juego en Vigo no es la salud de una población equivalente ala de toda la provincia de Lugo sino el bastón municipal en 2019.

Por mucho que sea una evidencia que en Vigo nadie ha invertido un duro primero y un euro después en el ciclo del agua en muchísimo tiempo porque se han priorizado las obras que estána la vista y no las ocultas bajo tierra, la Xunta de Alberto Núñez Feijóo ya tendría que haber aprendido la lección de que no puede combatir a Abel Caballero en el terreno que mejor se mueve, el del localismo/populismo. Hasta parece una metáfora el hecho de que cuando el nivel del agua baja en los embalses, lo que queda es lodo y fango. Y ahí, donde otros políticos son incapaces de maniobrar porque se hunden hasta la rodilla, Abel Caballero se mueve como nadie. En esta nueva crisis lo ha vuelto a demostrar ante Elena Muñoz, Ignacio López-Chaves y compañía. 

Así que el resumen es que en Vigo falta agua y sobran luces... las que muchas veces se echan de menos para iluminar un poco a nuestra clase política.


Mar de fondo en En Marea
No es nada nuevo que haya mar de fondo en el seno de En Marea y que se hable de un nuevo proyecto que macera en sus entrañas. Lo que ocurre es que hasta ahora parecía fácil porque bastaba con agrupar a todos los cabreados con Luís Villares y su entorno. Pero ahora, el factor Cataluña ha cambiado las reglas de juego y se ha comprobado que los críticos con la actual dirección no son ni mucho menos un todo homogéneo sino que tienen conceptos políticos diametralmente opuestos. De momento, parece que el plenario que tendría que celebrarse este mes se demorará un poco más en el tiempo.


En el PSdeG señalan a Quiroga
El secretario de organización del PSdeG José Antonio Quiroga, hombre de confianza de Gonzalo Caballero, es para algunos en el partido el responsable de que no hubiese pacto Arias-Otero en Lugo para derrotar al besteirismo de Santos, que por cierto ganó en su zona. Hay quien habla de traición.

Falta agua... y faltan luces 
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