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Sobredosis médica

El debate político sobre la sanidad es muy importante, pero quizás no tanto como par convertirlo en monográfico

Manifestación en Vigo por la dignidad de la Sanidade Pública. EFE
Manifestación en Vigo por la dignidad de la Sanidade Pública. EFE

EL PRIMER PLENO parlamentario del año en Galicia nos dejó ni más ni menos que siete puntos de un orden del día de 21 —casi el 25%— relacionados con el debate sanitario. Y, dicho sea de paso, en ninguna de esas iniciativas se llegó a acuerdo de ningún tipo. Este 2019 es año de urnas, así que las pinceladas de ‘buen rollo’ se acabaron y a partir de ahora habrá que esperar pocas concesiones entre el PP y la oposición, un enroque político preelectoral que suelen acabar pagando de una forma u otra los ciudadanos.

En general, aunque la sesión de martes y miércoles no fue monográfica sobre el asunto sanitario, la sensación que dejó fue la contraria. Y es que la cuestión, sea de médicos, ambulancias, PACs, pediatras o salud en general, empieza a convertirse en un asunto demasiado manoseado a nivel político. Parece, de hecho, que no haya ningún otro asunto en la agenda, cuando en realidad afloran problemas por todas partes: los jabalíes arruinan la agricultura y los lobos la ganadería, se avecina otro frenazo económico sin que hayamos hecho los deberes, el gran pacto por la educación es utopía, la financiación autonómica vuelve al cajón, la factura de la luz ahoga a familias y empresas, los autónomos siguen abandonados a su suerte... 

→ Una estrategia contraproducente
Aunque la oposición cree haber encontrado en la crisis sanitaria la veta por la que erosionar a un Feijóo que hasta ahora parecía intocable en Monte Pío, le convendría replantearse su estrategia, porque si optas por disparar a todo lo que se mueve sin descanso en lugar de seleccionar y jerarquizar tus objetivos corres el riesgo de generar víctimas inocentes o, en el peor de los casos, acabar muerto por una bala rebotada.

Es cierto que, con la sanidad, la oposición en Galicia ha funcionado de forma parecida a lo que sería un frente común contra la Xunta, algo casi inédito desde 2009. Pero la ansiedad que muestra es contraproducente, como lo es para Pablo Casado en sus intervenciones en el Congreso contra Pedro Sánchez, o como también lo es para el PP de Vigo en su ofensiva sin cuartel y desmedida contra el socialista Abel Caballero.

Al fin y al cabo, la gente de a pie valora la sanidad según su experiencia en ella. Y ni a todos los usuarios del Sergas les va bien ni a todos les va mal. E incluso muchos de los que tienen experiencias negativas no suelen descargar su ira en la Administración sino que lo hacen en los propios profesionales. Las estadísticas están ahí. Y además avalan esa teoría cada día más enraizada en nuestra sociedad que tiende a ver al funcionariado, sin distinción, como un grupo privilegiado a nivel laboral y salarial frente a la precarización del común de los mortales. Por eso el debate político alrededor de la sanidad es sano. Pero la sobredosis mata. 

→ El bosque impide ver los árboles
Sobrecargar el debate sanitario tiene consecuencias negativas. La primera es obvia: puedes cansar a la sociedad. La segunda, que el todo vale te lleve a perder credibilidad. El ejemplo más claro fue la denuncia de Fátima Nercellas de la muerte de dos pacientes en los pasillos de Urgencias del Chus compostelano. Esta profesional llevó el caso a la Fiscalía y la noticia fue un boom. Pero al día siguiente ya había matices y no habían muerto en los pasillos, sino en una Uci y en un box de Urgencias. Y después ya no habían muerto sin atención, sino que un paciente fue visto a los 8 minutos y el otro a los 12. Hablará la Fiscalía, pero hay quien empieza a desconfiar del alarmismo.

Y la última consecuencia es que, dándole la vuelta al dicho popular, el bosque impide ver los árboles. Es decir, el exceso de ruido oculta algunas voces sueltas interesantes. Y el ejemplo de ello fue el debate parlamentario de esta semana, donde se habló más de Chávez, Beccaría o Touriño que de la propuesta de Ope extraordinaria del BNG, la teoría del sesgo de género en la atención sanitaria de En Marea —muy de moda en EE.UU. pero que Luís Villares no supo argumentar bien— o el informe del bipartito de 2009 desempolvado por Feijóo en el que se abogaba por suprimir PACs al considerarlos excesivos e ineficaces, algo que muchos piensan pero no se atreven a decir en alto. Son cuestiones que, aisladas del ruido, bien merecían una reflexión ya que podrían enriquecer el debate sanitario. Pero el de verdad, no el otro.

La camiseta de Solla que va camino de ser un clásico de o Hórreo
EN LA HISTORIA del Parlamento de Galicia están por mérito propio episodios para el recuerdo como el ‘zapatazo’ de Beiras, la moción contra Albor, el desmayo en directo de Fraga y, quien sabe si con el tiempo no pasará a engrosar la lista la camiseta roja de Eva Solla. La diputada, portavoz de sanidad de la entonces Age, asistió al pleno de abril de 2013 con una elástica en la que se leía "Chávez, te lo juro, voto por Maduro". Ahora, ya en las filas de En Marea, cada vez que la viguesa critica la política sanitaria de la Xunta, desde el PP le afean su apoyo a la política sanitaria de Venezuela, como ocurrió este mismo miércoles. En O Hórreo, como en las redes sociales, uno es eterno rehén de su pasado.

María Quintas, ¿candidata en Ourense?
LOS MOVIMIENTOS de Pachi Vázquez en Ourense empiezan a ser cada vez más evidentes, como los de Manuel Martínez en Lugo. El entorno del exsecretario general del PSdeG, pese a no tener el músculo de antaño, fue capaz de convocar un acto público en O Carballiño para cargar contra la dirección provincial y gallega del partido, afeándoles a ambas las "purgas" al pachismo en la provincia. Se referían al cese fulminante de  Adolfo Nogueira como portavoz del Concello carballiñés por parte del alcalde, Paco Fumega. El pecado de Nogueira, dicen, fue apoyar a Pachi en público. Un gesto en el que algunos ya ven el impulso definitivo que necesitaba el exbarón socialista para lanzar su particular venganza contra el PSOE: listas para las municipales engrosadas por socialistas cabreados. Se especuló desde el principio con la suya propia por O Carballiño, pero ahora se sumaría una para la capital provincial, al frente de la que estaría su fiel escudera y exdiputada en el Parlamento gallego María Quintas

Las del 26-M serán elecciones atípicas
EN LA POLÍTICA actual es imposible aventurar lo que ocurrirá la próxima semana, así que menos todavía hacer cábalas sobre las elecciones municipales y europeas del mes de mayo. Sin embargo, sí hay una realidad que convertirá los comicios en una cita atípica: la inusual coincidencia de que todos los grandes partidos acudirán a la cita con las urnas en horas bajas. El PPdeG está perdiendo activos, algunos sonados como el ourensano Pepe Araújo, a las puertas de las elecciones, a las que acude amenazado por primera vez por su derecha. El PSdeG mantiene sus guerras provinciales y, para colmo, sigue pagando el peaje del Gobierno central, que con sus coqueteos con Cataluña, su revés andaluz y el proyecto de presupuestos no le será de gran ayuda. En Marea tiene el diagnóstico más fácil: concurrirá dividida en varias listas. Y la coincidencia con las europeas perjudica al BNG, ya que su coalición con Bildu nunca sentó bien en una sociedad como la gallega. Incluso Ciudadanos perdió el empuje del efecto Rivera

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