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Una cuña en la izquierda

Villares quiere convertir En Marea, o lo que queda de ella, en una especie de Compromís, una fórmula arriesgada en Galicia

El plenario celebrado hace una semana por el partido instrumental En Marea alumbró un nuevo experimento político en la comunidad, una formación que mantiene las siglas con las que nació para las generales de 2015 y las autonómicas de 2016, pero que se dejó en su camino hasta hoy a la mayoría de sus socios y de sus votantes. En Marea se reinventa como partido con la vista puesta en 2020 y con el objetivo de convertirse en algo parecido a lo que sería Compromís en la Comunidad Valenciana, una especie de cuña capaz de entrar en la izquierda aprovechando el hueco que hay entre el Partido Socialista y el rupturismo de Podemos. 

La tesis política que arropa este nuevo experimento político es la que defienden Luís Villares y su entorno y la que triunfó en el pasado plenario. Sobre el papel está bien pensada, ya que en la izquierda no quedan muchos caladeros donde salir a pescar votos. Pero en la práctica es una estrategia arriesgada. Sobre todo por una razón: Galicia no es Valencia. 

La fórmula de Compromís 

Apartados del proyecto Podemos Galicia, Esquerda Unida y la mayor parte de Anova, a En Marea le quedan un puñado de diputados, unos concejales, una marca desgastada por los escándalos internos, dos varapalos electorales a las espaldas y una importante deuda en la caja. Con eso es con lo que acudirá a la batalla electoral de 2020. Pero lo que nadie le puede negar es la ilusión, asentada en ese convencimiento de que queda hueco a la izquierda del PSOE. 

Pero no lo hay y, de haberlo, parece residual; el mismo que podría quedar a la izquierda del BNG sin micropartidos y movimientos como Causa Galiza, Nós-UP o Ami. Compromís fundamenta su éxito en Valencia en esa apuesta, con la que logró presencia política y poder institucional. La coalición que integran principalmente el Bloc Nacionalista Valencià, Iniciativa del Poble Valencià y Els Verds se define como una "confluencia del nacionalismo valenciano progresista, la izquierda moderna y el ecologismo político". 

Pero en Galicia el tablero de juego es diferente. Para empezar, hay un nacionalismo fuerte, encarnado por el Bloque, que estrecha mucho el electorado a la izquierda. En Valencia, los nacionalistas son Compromís. Además, el PSdeG demostró que, con el viento a favor del efecto Sánchez, también es capaz de ocupar mucho abanico ideológico, pese a que posiblemente el actual sea el socialismo menos galleguista de las últimas décadas. En el electorado de Galicia en Común —la sucursal gallega de Unidas Podemos— es donde En Marea puede meter la cuña y, desde ahí, tratar de expandirse, aunque no se antoja una tarea sencilla. 

La clave está en el verde 

Otras de las claves en las que opera Compromís es el elevado peso interno que tienen el movimiento verde y el ecologismo, una etiqueta cada día más valorada por un elector alarmado por los efectos del cambio climático. Políticamente, el ecologismo mueve hoy incluso más votos que el feminismo; o al menos los mismos. En Marea lo sabe y en el plenario del pasado domingo trató de colgarse ambas etiquetas para su nueva etapa. En Galicia ningún partido rentabiliza ese capital, más allá de los animalistas del Pacma. Con más dosis de verde y menos de nacionalismo, a los de Luís Villares quizás les vaya mejor en las urnas. 

No es país para cuñas 

Que Galicia es un lugar complejo para tratar de asentar nuevos experimentos políticos no es nuevo. Y no solo por la elevada barrera electoral del 5% que impuso Fraga en los 90, sino porque el PPdeG y el PSdeG se muestran como auténticos gigantes capaces de abarcar por sí mismos todo el espectro electoral, exceptuando el nacionalista. Ni Vox ni Cs erosionan a los populares con la intensidad con la que lo hacen en otros territorios, mientras que el rupturismo aprovechó el mayor momento de debilidad del PSdeG para, bajo la formula de unir nacionalismo y federalismo, noquearlo. Pero no lo remató, y hoy el PSdeG renace con fuerza. 

Ni siquiera con el PPdeG y el PSdeG más españolizados consiguen triunfar movimientos galleguistas como el de Compromiso por Galicia. Definitivamente, este no es país para cuñas.

La curva de Angrois. AEP




Seis años después, la curva de Angrois sigue sin la seguridad total

Llega la semana más dura del año para muchos gallegos, la del aniversario de la tragedia de Angrois. El miércoles se cumplirán seis años de aquella fatídica tarde del 24 de julio de 2013 en la que descarriló el Alvia procedente de Madrid a las puertas de Santiago y se llevó por delante 80 vidas. El sistema de frenado y seguridad ERTMS lo hubiera evitado, pero había un tramo de ocho kilómetros de vía que carecía de él. Ni Renfe ni Adif han dado explicaciones muy convincentes al respecto, como tampoco las dan ahora sobre una triste realidad: que sigue sin ERTMS. Su instalación se aprobó en 2015 y más o menos en marzo de 2017 tenía que estar operativo. Pero no es así.


Otro Día da Patria de micronacionalismo

Aunque la unidad del nacionalismo gallego resulte a día de hoy una utopía, no habría mejor momento que el próximo Día da Patria para demostrar que, al menos, las distintas siglas con esa etiqueta pueden colaborar por los intereses de Galicia llegado el momento. Una escenificación conjunta en algún momento de la jornada sería suficiente para demostrarle a los gallegos que, en caso de que se necesite, el nacionalismo puede actuar unido frente a lo que se pueda considerar una ‘aldraxe’ exterior, algo cada vez más probable en estos tiempos de recentralización y de ‘madridcentrismo’ político y social. Pero todo apunta a una nueva edición del micronacionalismo del Día da Patria, con el BNG capitaneando los actos y, por otra parte, festejos más humildes de Anova, Compromiso por Galicia y En Marea-Cerna. Muchas veces, un simple gesto sirve para cambiar la percepción social. En Galicia lleva tiempo sin haber unidad sindical el 1-M y las manifestaciones se desinflan año tras año. El nacionalismo debe tomar nota.

La alcaldesa de A Coruña aprende rápido

La alcaldesa de A Coruña, la socialista Inés Rey, aterrizó en María Pita con la lección del localismo bien aprendida. Esta semana, en un acto con empresarios de la provincia, se sumó a las reivindicaciones de un posible cambio de planes en el corredor atlántico de mercancías que diseñó el Ministerio de Fomento para optar a ayudas de la UE. En la ciudad herculina no ven con buenos ojos que las mercancías que viajan en tren tengan que llegar o salir siempre por Vigo —y de allí a Ourense y la Meseta— en lugar de hacerlo por su ruta natural, la que los une con Lugo y Monforte —y de allí a Palencia—. En los planes de Fomento está arreglar el tapón de Betanzos con un bypass y electrificar el trayecto hasta Lugo, todo con dinero de la UE, por lo que los empresarios coruñeses y la alcaldesa pueden estar tranquilos en ese sentido. Harían mejor en presionar para dotar cuanto antes a Punta Langosteira de ferrocarril o buscar una salida para la agonizante terminal de San Diego en lugar de pensar si los trenes darán o no la vuelta por Vigo.

Una cuña en la izquierda
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