jueves. 14.11.2019 |
El tiempo
jueves. 14.11.2019
El tiempo

Nada en la quiniela

Pedro Sánchez, acompañado por su mujer, María Begoña Gómez, Carmen Calvo (i) y Adriana Lastra, durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE. JUANJO MARTÍN (EFE)
Pedro Sánchez, acompañado por su mujer, María Begoña Gómez, Carmen Calvo (i) y Adriana Lastra, durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE. JUANJO MARTÍN (EFE)

DE UN novato se pueden esperar algunas cosas –tampoco demasiadas– pero atinar con las predicciones no debería ser una de ellas. Hasta ahí podría decirse que he cumplido con el cometido asignado al comienzo de la campaña: sorprenderme de lo que un analista con cierto palmarés asume como habitual, contarlo con un mínimo de gracia y equivocarme estrepitosamente con los pronósticos. Ese último 33% es el que mejor se me ha dado y por ello he decidido entonar el mea culpa y desnudar mis vergüenzas de manera preventiva.

En realidad, sí he acertado en algo: el PSOE ha ganado las elecciones, victoria que no parecía difícil de asumir a la vista de casi todas las encuestas. Sospechaba, y así lo proclamé a los cuatro vientos, que los socialistas superarían la barrera de los 130 escaños pero los 123 definitivos se acercan –sin pasarse– al precio justo: la norma fundamental del concurso. El desplome del PP, en cambio, no parecía tan fácil de intuir, no al menos en estos niveles de tierra quemada que han dejado las urnas tras de sí. La obsesión de Pablo Casado por cerrar el carril derecho de la calzada se ha demostrado equivocada, casi tanto como mi alarde de resistencia asegurando que no se hundirían por debajo de los 80 diputados.

Más contundente me mostraba con Ciudadanos, que no solo ha absorbido los golpes en el lado derecho de la cama sino que ha mejorado considerablemente su situación en el parlamento. Sus 57 escaños casi doblan los 30 de mi pronóstico, pero siguen resultando insuficientes para liderar la oposición.

Dicho esto, si algo define al partido de Rivera es esa capacidad suya para amoldar la realidad a su antojo, como la autocrítica más fantasiosa es patrimonio inmaterial de Unidas Podemos.

Dice la formación morada que el mal resultado obedece a su admirable actitud de pensar en el país por encima de los propios intereses del partido, del mismo modo que mis errados pronósticos podrían obedecer a la modestia del novato que no quiere llevar demasiada razón: si la vida te da limones, ahí tienes una buena disculpa.

El verdadero error de bulto llegó con el batacazo de VOX, al que auguraba yo un resultado por encima de los 50 escaños y no han llegado ni a la mitad. Son equivocaciones felices, como la de ofrecerme este espacio diario para cubrir la campaña. Espero, al menos, que ustedes lo hayan disfrutado y no me obliguen a atrincherarme en Covadonga, planeando una innecesaria reconquista.

Nada en la quiniela
Comentarios