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A la caza

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, el miércoles en el pleno del Congreso de los Diputados. F. VILLAR EFE)
La ministra de Justicia, Dolores Delgado, el miércoles en el pleno del Congreso de los Diputados. F. VILLAR EFE)

LA CAZA de ministros, esa nueva afición cinegética que se ha puesto de moda en España, tenía que llegar tarde o temprano. Si seguíamos por este camino en pocos años para alcanzar un ministerio tendría el aspirante que acreditar seis o siete asesinatos. Para llegar a ser alguien en España tiene uno que haberse arrastrado por el fango. De momento, a Sánchez se le han caído dos ministros y otros dos, Duque y Delgado están al borde del abismo. Eso no convierte a los ministros de Sánchez en más o menos tramposos que sus predecesores. Los convierte en más  investigados y eso es bueno siempre que los investigadores hagan en adelante el mismo trabajo con cualquier ministro de cualquier gobierno venidero, ya que no lo hicieron con los anteriores. Si se hubiesen tomado las mismas molestias con los gobiernos de aznar, o de Rajoy, hubiéramos avanzado mucho más y hoy cualquier presidente sabría que de cada diez ministros que tiene en mente, cuatro, seis u ocho no valen y que tendrá que buscar candidatos en una granja menonita si quiere encontrar a gente honrada que nunca haya bajado la basura antes de las ocho de la tarde.

La que peor lo tiene de momento es Dolores Delgado. Si como dice, Marlaska es su amigo a muerte, casi es menos de fiar. Llamar maricón a un amigo en una mesa llena de gente que lo conoce no parece muy inteligente. Y esas declaraciones en las que acusa a jueces y fiscales de liarse con menores en colombia, pues o son ciertas y ella es una encubridora, o son falsas y es una mentirosa. En cualquiera de ambos casos no parece la persona más indicada para ocupar un ministerio de Justicia.

La que peor lo tiene de momento es Dolores Delgado

Casos como el de Màxim Huerta o el de Duque son extravagantes, pues no parece que uno se haya hecho presentador de televisión y el otro astronauta para acabar de ministros, pero salvando estas excepciones, hay una constante común entre los políticos profesionales que en los últimos años se han visto salpicados por el escándalo. Todos han trepado a la cúspide de la política o de la judicatura, que viene a ser lo mismo, y no es fácil que uno llegue tan arriba sin haber dejado cadáveres en el camino y a unos cuantos malheridos, que son los peores porque tienen memoria y a veces grabadoras. Luego están las intenciones de quienes filtran alguna información, como el comisario Villarejo, o las de los medios que ponen tanto empeño en acosar a un gobierno cuando hace cuatro meses no hacían lo mismo con el otro. Pero quien accede a una información periodística tiene todo el derecho a publicarla y por lo que se ve, hay material para inundar la galaxia de titulares.

Estuvo el otro día en Pontevedra un señor que traía una madurez muy elegante. El anfitrión de aquella reunión nos lo presentó y le pidió que nos contara lo de la Gürtel, pues nuestro invitado resultó ser durante una temporada el abogado de uno de los principales acusados. Los de prensa de provincias no tenemos ocasión de escuchar testimonios como ése todos los días y el abogado debió darse cuenta, pues engalanó el relato con todo lujo de detalles y lo extendió durante unos 20 minutos, apenas sin interrupciones. Entre otras cosas nos dijo que una de las estrategias que barajaron las defensas fue la de arrancar un ventilador "de arriba hacia abajo", empezando por la casa Real y siguiendo con destacados políticos, como arenas y aguirre, de quienes se tenían pruebas de dinero en Suiza.

A mí me gustan los políticos que salen en las series nórdicas, tan distintos a los nuestros: van al trabajo en bici o en autobús, no dan pagado las letras de sus préstamos, suspenden una reunión en plena crisis para ayudar a sus hijos con los deberes, se ponen a lavar platos después de cenar, dimiten si una vez pagan por error un filete de reno con la tarjeta del ministerio y se pasan todo el día dando explicaciones de cada cosa que hacen. Igual en la vida real no son como en las series; lo mismo son todos pistoleros de los Latin Kings, pero si no es así, a poco que las series nórdicas estén inspiradas en la realidad, ese debe ser el listón: políticos eficaces pero sosos, poco ambiciosos, incapaces de ingeniar maniobras destructivas, amantes de la vida y el tiempo libre y con perspectivas de no eternizarse en el cargo. Y con vergüenza, que eso es importante.

Aquí para llegar a la cúspide es imprescindible presentar una carrera delictiva, que si seguimos así acabarán gobernándonos El Prenda y su manada. De momento y aún a pesar de las malas intenciones de quienes quieren tumbar a Sánchez, si esto de verdad sirve para que no pueda llegar a ministro alguien como yo, habremos avanzado bastante. Para manejar asuntos y dineros públicos hace falta gente excepcional. Lo malo es que esa gente no abunda precisamente en las cúpulas de los partidos porque no se accede a ellas haciendo ganchillo, sino dedicando cada segundo a trepar a costa de lo que sea y haciendo lo que hay que hacer para no tener que ir al mar.

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