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Pedro Sánchez, en el Congreso durante el debate de su investidura. EFE
Pedro Sánchez, en el Congreso durante el debate de su investidura. EFE

SEGÚN los diferentes portavoces que iban interviniendo este sábado, el Parlamento está repleto de felones, traidores, ladrones, salvapatrias, mentirosos, golpistas, interesados, sediciosos, estafadores, villanos, tiranos, indignos, fraudulentos, charlatanes, capos, cobardes, liberticidas, incapaces, tiranos, corruptos, chantajistas, saboteadores, salvajes, monstruos. Parecía que ahí había de todo salvo diputados. 

En esas estamos. En eso se ha convertido la política. Unos no han sabido perder y otros llevan con dificultades la digestión de la victoria. El nuevo Gobierno nace el martes, salvo tamayazo, entre reproches e insultos. El PSOE ha trabajado esta vez un acuerdo a muchas bandas que contará con los votos en contra del PP, de Vox, de Ciudadanos, del regionalista cántabro, de una canaria que romperá la disciplina de voto y de los catalanes de JxCat y de las CUP. 

Por su parte, a favor o en el terreno de la abstención se han situado todos los demás, otros diez u once grupos que facilitarán la formación del Gobierno. Será la jaula de grillos más grande y difícil de manejar que recuerde cualquier persona viva en España, pero no quedaba otra. En España la sociedad se ha fragmentado de tal manera que sólo cabe el diálogo que tanto critican muchos. Pablo Casado estaba este sábado muy enfadado. Debe estar superando la fase de aceptación. Es curioso que a pesar de haber tenido un buen resultado que al parecer le afianzaba como jefe de la oposición, se le vio otra vez compitiendo con Abascal por el discurso más extremista. Su imaginario viaje al centro durante la campaña, a pesar de que le resultó rentable, parece ya olvidado. 

Lo que queda claro es que la vía del diálogo es la única solución

Y es que el verdadero líder de la oposición este sábado fue Abascal. El peso de los aplausos y de los abucheos de Vox no es mucho menor que los del PP. Vox, además de dominar el arte de hacer mucho ruido, acaparó buena parte del debate. Todos hablaban de Vox, lo que a Vox le viene muy bien y al PP fatal. Si Casado se empeña en medirse con Abascal, lo tiene fatal. Abascal tiene esa barba afilada, esa nariz aguileña y esa entonación imperial, elementos de los que carece Casado. Ambos dicen a amar a España, a su bandera y a la Constitución, pero ese discurso es más creíble cuando lo pronuncia Abascal con esa dicción militar. La solución del PP y de Casado está en el centro derecha, lugar en el que nunca han estado realmente, pero deben fingir estar si saben lo que les conviene.

Lo de Ciudadanos, una pena. Arrimadas pronunció un discurso de Rivera y sus escasos diez diputados poco juego dieron. Apenas les arrancó cuatro aplausos mal medidos. Otros que perdieron el centro y no se atreven a recuperarlo. Otros que luchan por viajar cada día más a la derecha hasta salirse del mapa. Mientras ese bando, el de las derechas, se desgañitaba en la búsqueda del extremo, en el otro bando, el compuesto por las izquierdas y los nacionalistas, hasta los de ERC parecían buenos chicos y chicas dialogantes. 

Néstor Rego se llevó los abucheos más sonoros. No sé que esperaban en los bancos de la derecha, pero estaban muy molestos porque las negociaciones y la casualidad convirtieron al BNG en el voto decisivo, el que le da el Gobierno a Sánchez. Eso al BNG le viene muy bien, no sólo porque se visibiliza su mensaje de que son el verdadero peso de Galiza en Madrid, sino porque arrancaron al PSOE un acuerdo que, entre otras medidas, transfiere la AP-9 con bajada de precios, algo que tampoco debió sentar muy bien al PP gallego, pues es un acuerdo el del BNG que compromete también al PSOE y a En Marea Podemos, sus tres grandes rivales, con los que se va a medir en las urnas gallegas dentro de unos meses. El mensaje habitual de "Feijóo o el caos" queda en entredicho tras un acuerdo en el que todos los diputados gallegos salvo los del PP le dan el sí a Sánchez. 

Lo que queda claro es que la vía del diálogo, precisamente la que casi no vimos en el debate de investidura, es la única solución, pues o mucho cambian las cosas o quien quiera gobernar España en adelante tendrá que negociar con muchos y conformar mayorías, lo que como se ve será siempre complicado y eso no es necesariamente bueno ni malo, simplemente es necesario. Todos los que este domingo gritaban e insultaban, de uno u otro bando, deberían bajar el tono, pues nunca se sabe con quién será mejor llevarse bien. este sábado al diputado de Teruel Existe también le chillaban desde la derecha. Sólo les faltó pegarle un tiro, a un señor que viene a defender los intereses de una provincia machacada y olvidada. Ahí, haciendo amigos, por si algún día hace falta hablar con ellos. 

Los grupos de las derechas, el PP y Ciudadanos, los más chillones, harían mejor en echarse a correr al centro. El primero que llegue crecerá. Mientras sigan luchando con Vox por ser los más energúmenos se les puede augurar un mal futuro, porque en eso los ultraderechistas siempre ganarán. Y la Presidenta del Parlamento, muy mal, mandando callar a los ruidosos con un "¡Shhhh!", como si fuera la profe de una guardería. Mucho mejor lo hacía Ana Pastor.

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