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Diálogo

Imagen de archivo en la que Sánchez y Rivera mantienen una conversación. EFE
Imagen de archivo en la que Sánchez y Rivera mantienen una conversación. EFE

EL DIÁLOGO es la base de la convivencia, como sabe todo el mundo menos Sinaí Giménez y Santiago Abascal. El diálogo entre las personas, entre los pueblos, entre las naciones. Eso lo determina todo, lo bueno y lo malo. Las alianzas son producto del diálogo como las guerras lo son de su ausencia. Incluso los animales, o algunos de ellos, saben dialogar, y aunque sus formas de comunicación no sean como la nuestra, no hacen otra cosa: dialogan para aparearse, para alimentarse o para emigrar. Esas cosas las sabe todo el mundo, decíamos, pero no siempre quiere o puede alguien ponerlas en práctica. Mis perros, por ejemplo, Pancho y Toxo, tienen una relación más bien distante, pero a veces uno de ellos emprende un diálogo con el otro para negociar si a ambos les interesa jugar o no jugar. Si se ponen de acuerdo en el juego que van a practicar y determinan las reglas, juegan. Si no, se rompe el diálogo y pelean.

Mi suegra que se instaló con nosotros, me preguntó ayer si cuando mueran Pancho y Toxo vamos a tener más perros. Claro, usted se levanta y se encuentra a su suegra en la cocina preparándose un café con la cabeza llena de rulos y preguntando así de golpe si piensa tener más perros cuando mueran los de ahora, y experimenta usted una sensación nueva, lo juro por Dios. Luego dijo que si queríamos otro perro tendría que ser más pequeño, porque así tan grandes no le gustan. Yo los veo y me parecen diminutos, no sólo a simple vista, sino en comparación con otros que veo por la calle. Una vez vi en Pontevedra a un grupo de portugueses peregrinando a Compostela sobre unos chuchos enormes. Le pregunté a mi señora de qué raza eran y me dijo que caballos. Lo que esta mujer sabe no cabe en una enciclopedia.

El diálogo, si es que me permite usted continuar, también hay que saber medirlo, pues como casi todas las cosas puede ser malo en exceso. Cuando hay mucha gente hablando a la vez, como sucede ahora en España, el barullo es tan grande que no se escucha nada. Es como un debate de Telecinco. Si se reciben señales contradictorias o argumentos que se anulan por sí mismos será difícil la comunicación, ya no digo el entendimiento. Albert Rivera, por ejemplo, dice que no quiere hablar con el PSOE porque los socialistas pactaron con comunistas e independentistas, y por eso con quien debe pactar Sánchez es con comunistas e independentistas. ¿Cómo va a liderar este muchacho la oposición si no es capaz de liderarse a sí mismo? Tampoco pasaría nada malo si no acaba de ministro: "Con Rivera no", le dijeron las bases a Sánchez.

Luego sucede que también los diálogos cruzados pueden ser tóxicos si todo el mundo le dice a alguien de qué puede hablar y con quién. Cuanto más fuertes son las presiones, más difícil es saber con quién uno debe hablar, de qué y para qué. En casos así la templanza es fundamental. Para eso era muy bueno Rajoy, que resolvía estas cuestiones tumbándose a leer el Marca. Lo más importante del diálogo es saber escuchar. Todos decimos haber entendido el mensaje de las urnas pero la mayoría mentimos, empezando por Pedro Sánchez, que dice que los votantes le han pedido que gobierne en solitario, es decir, en soledad. "Los españoles quieren otro gobierno inestable y poco duradero que lleve a España de sobresalto en sobresalto y de bronca en bronca", declaró ayer en una rueda de prensa que me acabo de inventar, pero con otras palabras es lo que viene diciendo en realidad aunque él no se dé cuenta.

No seré yo quien interprete el mensaje de los españoles, Dios me libre, pero humildemente quiero creer que lo que han dicho es que hace falta diálogo, entendimiento, mucha negociación, muchos acuerdos y tremendos cambios y que se haga todo ello de manera natural y de buen rollito. Quiero creer que han dicho los españoles que eso no lo puede hacer uno sólo, pues de desear eso le hubieran dado a alguien la mayoría absoluta. Después de estos últimos años de inestabilidad política y social de la que son responsables quienes nos han gobernado, lo mismo lo que la mayoría de la gente quiere es un periodo de tranquilidad, de diálogo y de cierto relax. Puede que los españoles quieran forzar el diálogo y por esa razón hayan elegido a muchos líderes, dando a cada uno de ellos un poder limitado, para que se vean obligados a buscar alianzas duraderas y generar consensos, también en Catalunya.

El diálogo puede ser conveniente en algunas ocasiones, necesario en otras y exigible en casos como el que nos ocupa, pues es ahora mismo cuando del diálogo o de la falta de él depende el futuro de los próximos años y si estos serán un poco mejores o mucho peores. No hay nada más frustrante que decir algo y que se entienda otra cosa, y cuando es la mayoría del pueblo quien lo ha dicho, pues se frustra todo el mundo, qué le vamos a hacer.

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