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Dios nos asista, exista o no

Ahora hasta el PP ofrece a Sánchez un gran pacto de Estado
Felipe González. VÍCTOR LERENA (EFE)
Felipe González. VÍCTOR LERENA (EFE)

ANDA media España toda asustada por si la cosa va adelante y nos gobiernan los comunistas. Cuando Felipe González ganó sus primeras elecciones también había mucho miedo. Lo que pasa es que unos son muy jóvenes para recordarlo y otros no tienen memoria. Se decía que iba a expropiar y a nacionalizarlo todo. No nacionalizó nada y lo único que expropió fue Rumasa para regalársela a sus amigotes colombianos. Curiosamente, hoy es Felipe uno de los impulsores del miedo a Pablo Iglesias, y lo hace con los mismos argumentos que otros utilizaron contra él.

Felipe se arrimó rápidamente a los poderes mediáticos y económicos. Políticas de izquierdas hizo las justitas para mantener a su electorado. Se quitó la chaqueta de pana con coderas, que era la como la coleta de Iglesias, una especie de disfraz de rojo, se hizo monárquico en cuanto pisó moqueta, se deshizo de los verdaderos socialistas que querían cumplir sus promesas y ahí lo tenemos ahora en plan asustaviejas, que parece que el mundo se acaba si fructifica el pacto.

No voy a adelantar que Pablo Iglesias hará lo mismo, porque lo ignoro. Espero que no. Y parece que aunque quisiera no podría. Tres ministerios con pocas competencias y nada de presupuesto dan para lo que dan. Con suerte, si mucho se empeña, podrá empujar a Sánchez a hacer algo de política social, que no vendría mal porque hace ya mucho tiempo que nadie la hace en España. Eso será todo.

Es reseñable que a Felipe, a Leguina, a Paco Vázquez o a Corcuera no se les haya oído hablar de los pactos con la ultraderecha; que no les hayamos visto haciendo declaraciones tremendistas sobre la influencia que Vox está ejerciendo sobre quienes gobiernan Andalucía o Madrid; tampoco han dicho ni media palabra sobre el peligro que representa el auge de un partido fascista en España. Cuando el primer pacto con Vox, que fue el de Andalucía, no salió Felipe advirtiendo sobre los riesgos de dar alas a una panda de lunáticos fachas anticonstitucionalistas. Ni una palabra defendiendo a los colectivos LGTBI o al feminismo. Ni media defensa de la lucha contra la violencia de género que niega Vox.

Ahora hasta el PP ofrece a Sánchez un gran pacto de Estado para salvar a España del comunismo y del independentismo. Lo ofrecen quienes no tienen reparos en asociarse con el fascismo, los mismos de la foto de Colón en la que Santiago Abascal salió blanqueado y admitido como un socio preferente de la derecha. Anteayer le tocó a Feijóo. Tiene sentido: en las pasadas elecciones y a pesar de recuperar todas las provincias gallegas salvo Pontevedra, se quedó a años luz de renovar la presidencia de la Xunta. Ya sé que los resultados no son extrapolables, pero el porcentaje a salvar es tan grande que la cosa se le complica, y más si finalmente hay Gobierno PSOE-UP y España no se hunde de aquí a las autonómicas, que están a la vuelta de la esquina.

Feijóo, muerta la vía madrileña para hacerse con el PP tras la consolidación de Casado como líder de la oposición, tiene unos meses para anunciar si se presenta o no se presenta. Ya le digo yo a usted que no se presentará para perder. Después de tres mayorías absolutas consecutivas no pasará a la Historia como un perdedor. No está en su carácter. Paradójicamente, quien presume de haber laminado a Vox en Galiza, sólo podría conservar la presidencia con una mayoría absoluta que parece lejana o con un buen resultado de Vox. El PSOE ha aguantado bien en nuestro país, UP se ha mantenido liberándose de En Marea y el BNG está que se sale. Las tres fuerzas opositoras superaron ampliamente el 50% de los votos y o muy mal lo hacen o tienen todas las de ganar.

Lo que veremos en los próximos meses será una furibunda campaña contra el Gobierno de Sánchez, que tendrá que afrontar los embates en una situación de tremenda fragilidad. Paradójicamente, será Vox quien lleve la voz cantante, pues esa gente habla sin pensar, algo que en política funciona. Lo mismo dicen que todos los inmigrantes son violadores y asesinos que defienden que en las escuelas se les enseñe a las mujeres a coser botones. Están locos, pero hay mucha gente, por lo que se ve, dispuesta a comprar ese mensaje que al PP, menos mal, le queda muy grande.

Lo que el PP teme ahora es quedar en medio de una polarización entre rojos y azules. Si escora a la derecha, lleva las de perder ante Vox; si se instala en el centro, que es lo que debiera hacer tras la muerte de Ciudadanos, será acusado de ceder ante el comunismo. No serán fáciles para nadie estos meses que vienen, salvo para Vox, la única fuerza, ay, que puede crecer instalándose en mensajes incendiarios. Vox no tiene nada que perder en esta batalla. Vivimos tiempos complicados, apostados en una crisis sin fin, el perfecto escenario para que crezca el fascismo. En estas circunstancias, la gente vota con miedo y ocurre con frecuencia que los pueblos tienen pánico a lo normal y confianza en lo terrible. Dios nos asista si es que existe, y si no también, que no le cuesta nada.

Dios nos asista, exista o no