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El día de Luquitas

Retrato de Cristóbal Colón, fotografiado en la casa museo de Portosanto, en Poio.

CADA 12 de octubre celebro el Día de Luquitas. Nadie como el pobre Luquitas encarna lo que significó el avistamiento de América, su colonización y su conquista. Todo eso a lo que llamamos el encuentro entre dos mundos. 

En 2005 apareció en el Archivo de Simancas un documento único, conocido como ‘El juicio de Bobadilla’. Mucho antes, en 1500, Francisco de Bobadilla fue enviado a la isla Española, entonces llamada Isabela, para realizar una investigación. Alarmados por las pésimas noticias que recibían desde el otro lado del Atlántico, los reyes enviaron a Bobadilla para averiguar cuánto de verdad había en las acusaciones que pesaban sobre Cristóbal Colón, que además de almirante era virrey y gobernador de cuantas tierras había conquistado. Así que allá se fue Bobadilla. Lo que encontró al llegar fue espeluznante. 

Para quien exija, con toda la razón, que se analicen los hechos en su contexto histórico, exactamente eso fue lo que hizo Bobadilla. Y en su contexto histórico, Colón era una mala bestia, según quienes lo conocieron y sufrieron sus años de administración y gobierno. 

El documento cuenta con 46 páginas en las que se recogen las declaraciones de 23 testigos que vivieron los primeros años de la colonización, algunos favorables a Colón y otros no tanto. Todos coinciden en varias cosas, como la resistencia de Colón a que se bautizasen indígenas. La razón era simple: los cristianos adquirían una serie de derechos. Uno de ellos, el no poder ser vendidos como esclavos, y Colón quería vender esclavos. Un sacerdote, Pedro Ortiz, fue desterrado por cristianar a indígenas y todos los demás se quejaban de que Colón prohibía los bautizos. Un tal Mateo Valenciano, por ejemplo, da cuenta de la predilección de Colón por los nativos hermosos: "Teniendo cualquier persona de la isla alguna moza hermosa o algún muchacho hermoso, Colón los tomaba y los tornaba a vender por cuanto más precio hallaba, y que lo sabe porque este testigo tenía dos muchachos bonitos, que había criado, y que se los quitó y envió a Castilla; y en lo demás que era público y notorio". Así empezó la evangelización del llamado Nuevo Mundo. Robando a chicos y chicas adoptados por los colonos para venderlos como esclavos. 

Colón era una mala bestia, según quienes lo conocieron

También coinciden los testigos en que Colón era un sádico. Hay muchos ejemplos sangrantes. Uno es el de Inés de Malaver. Inés pasaba hambre como todos, pues Colón acaparaba los víveres para comerciar con ellos. Inés dijo estar embarazada para que se le diera una ración de alimento. Al comprobar que mentía, Colón la "mandó azotar encima de un asno, desnuda en cueros en la Isabela, y la azotaron porque dijo que estaba preñada y no se halló la preñez". 

Pero quien de verdad representa los valores de la evangelización del Nuevo Mundo es mi amigo Lucas, conocido allí como Luquitas. Luquitas era un chaval, probablemente adolescente, que un día, "con mucha hambre" según todos los declarantes, robó un puñado de trigo. Enterado del hurto, Colón "le mandó cortar las narices y las orejas, y azotar y desterrar para siempre de la isla y echar un hierro al pie". Los colonos, a juzgar por sus testimonios, tenían especial cariño al pobre Luquitas. En su nuevo destino, siempre con los grilletes en los tobillos, el chico fue obligado a trabajar en un horno día y noche. 

Pasados dos años, una prostituta pidió permiso para casarse con Luquitas. Sí, Colón y sus hermanos llenaron la isla de prostitutas y también las acaparaban. Pues una de ellas, compadecida, pidió en matrimonio a Luquitas. Sin nariz, sin orejas, con grilletes en los tobillos y trabajando 24 horas al día en un horno, Luquitas no era precisamente un gran partido. Colón se lo negó. No quería que Luquitas viviese ni un instante de felicidad. Había robado un puñado de trigo. Cuando los testigos hablan de Luquitas lo hacen casi con devoción, espantados ante el terrible ensañamiento con que el almirante, virrey y gobernador castigaba al muchacho. 

Hasta ahí llega la historia de Luquitas. No sabemos si una vez Colón fue destituido de sus cargos alguien liberó al chico de sus cadenas, si por fin pudo casarse con su pretendiente, si alguien lo sacó de aquel horno. Quiero creer que sí, y por eso cada 12 de octubre celebro el Día de Luquitas, porque no es bueno idealizar la historia sin conocerla. El juicio de Bobadilla, transcrito por la archivera Isabel Aguirre y comentado por la investigadora Consuelo Varela, quienes quedaron espantadas por su contenido, fue publicado en 2006 pero poca gente se molestó en leerlo, porque a nadie le gusta leer lo que no quiere leer. Lo más cómodo es mantener el mito hasta las últimas consecuencias. 

Hay mucho más que lo aquí descrito en ese documento. Hay ahí un Colón ladrón, avaricioso, tirano, psicópata, envidioso, cicatero, ególatra y todo lo que a usted se le pueda ocurrir para describir a una pésima persona y a un malísimo gobernante. 

Pero así fue, mal que pese, y eso es lo que celebra España en 12 de octubre, el Día de la Hispanidad, cuando aquí lo único que hay que celebrar es el Día de Luquitas

El día de Luquitas
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