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La tele del abuelo

Ilustración. EPIMAGÍNESE QUE entra usted en su casa un buen día, coge el televisor y lo tira por la ventana. Está usted enfadado con el mundo, las cosas no van como esperaba, la vida no le satisface, hace frío, llovizna y decide dar respuesta a todo ello desprendiéndose de ese televisor atiborrado de pulgadas que tanto le costó.

Me dirá que no es usted idiota, que nadie que esté en posesión de juicio haría cosa semejante, porque ese televisor es de usted y tuvo que hacer un gran esfuerzo para ahorrar o para pagarlo a plazos. Es lo que ocurre con la propiedad privada, que uno la cuida porque es suya. Pues exactamente lo mismo debiéramos hacer con lo público, sea un autobús, una papelera, una tapa de alcantarilla o una cadena de radio o de televisión. Todo ello es de usted, abuelo, que lo que es de todos es de cada uno. Lo ha pagado con su esfuerzo, con su trabajo, con su tiempo y con sus impuestos para que lo disfrutemos todos.

Solemos pensar usted y yo, cuando vamos por la calle cogiditos de la mano, que esa farola nueva que ilumina nuestra calle cayó del cielo. a veces llegamos más lejos y decimos: "Oh, mira lo que nos ha puesto el ayuntamiento". Pues tampoco, abuelo. esa farola la hemos puesto usted y yo, como todo aquello que es de propiedad pública. Si un día la farola deja de alumbrar, usted llamará al organismo correspondiente para que la arreglen. ¿Por qué? Pues por lo mismo por lo que arregla el televisor si se le estropea, porque es su farola y debe querer que funcione, que a nadie le gusta tener una farola que no alumbra.

A Gayoso lo consideramos bien de titularidad pública

Cuando usted ve Luar en la TVG, entonces sí cree que Gayoso le pertenece. no es exactamente así aunque algo hay de eso, pues a Gayoso podemos considerarlo como un bien de titularidad pública. Lo que sí es de usted es la CRTVG, es decir, la empresa que emite Luar. De usted, mía y de todos los ciudadanos de Galiza.

La plataforma Defende a Galega celebró su 26 "venres negro". Van camino de siete meses, algo más de medio año, pidiendo cosas tan elementales como la posibilidad de ofrecer una información plural, objetiva e independiente. Ellos y ellas saben mejor que nadie que esa empresa es de todos, como lo son las cadenas de radio y televisión que gestiona, su página web, sus cámaras y sus furgonetas. Por eso les duele, abuelo, y por eso tendría que dolernos a todos. El pasado viernes difundieron en las redes sociales cien vídeos con mensajes de apoyo recibidos de otros tantos periodistas de toda Galiza y de toda España. Todos esos mensajes decían lo mismo: no a la manipulación de la información, no a los expedientes con que se coaccionan a algunos trabajadores para escarmiento de los demás, sí a una televisión pública que realmente sea de todos. Y de usted también, abuelo.

Lo malo de las propiedades públicas es que es fácil que alguien crea que son únicamente suyas. Es como si alguien llegara un buen día, desmontara la farola que alumbra nuestra calle y se la llevara al jardín de su casa. Así, a quienes cogieron la radio y la tele públicas y se las llevaron a sus casas, les importa bien poco que cien periodistas hayan mandado cien vídeos apoyando a los profesionales de estos medios. Les da igual porque realmente creen que la TVG les pertenece, no como nos pertenece a todos, sino como únicos propietarios. Como si la TVG fuese el televisor de su salón, abuelo, para que me entienda. Por eso los cien vídeos enviados por periodistas de toda condición, de medios públicos y privados, y los miles de mensajes de otros tantos profesionales no les influirán en absoluto. ¿Quién es nadie para decirles qué tienen que hacer con su televisión? Como si quieren tirarla por la ventana.

Tómese el Cola-Cao y escuche: ya ve de qué le sirvió a Rajoy controlar TVE; esconder las noticias que afectaban al PP; ordenar a redactores, locutores y editores que difundieran esto y no aquello; entregar los informativos y los debates a sus amigos más fervorosos. Ese afán por controlar, que tantas veces les llevó a hacer el ridículo, acabó como tenía que acabar: mal.

Y es lo que pasa, yayo, cuando uno cree que lo público le pertenece en exclusiva. Pues sepa que la CRTVG es de usted, abuelo, y mía, como lo es de los profesionales de la casa a los que no les dejan hacer su trabajo, y lo es de cada uno de los gallegos. Y ahí hay otro problema, y es que cuando los dueños de los medios públicos no nos creemos que son nuestros, de todos y todas, aceptamos que sean de unos pocos. así que si usted no está dispuesto a arrojar su televisor por la ventana, porque es suyo, tampoco debería tirar por la ventana la televisión de su país, que también es de usted y su dinero le ha costado.
 

La tele del abuelo
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