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Los enemigos de España

Sánchez quiere agitar el miedo a la extrema derecha

Pedro Sánchez. CHEMA MOYA (EFE)
Pedro Sánchez. CHEMA MOYA (EFE)

CONVOCÓ Pedro Sánchez elecciones con un mitin desde Moncloa Más de media hora tardó en dar la fecha, para que España entera se tragara el discurso, y lo logró. Sánchez es todo lo contrario que Mariano Rajoy. Rajoy hubiera esperado hasta el último minuto de la legislatura, pues su estrategia era la inacción. La de Sánchez no, y lo ha demostrado a lo largo de su corta y meteórica carrera. Son distintas formas de entender la política. A Rajoy le funcionaba la suya y a Sánchez, a ver. Cuando uno pasa la vida caminando sobre un alambre tarde o temprano se cae.

A los pocos minutos de acabar la intervención de Sánchez, habló Pablo Casado para prometer a los catalanes un 155 "duro", con lo que consiguió otros miles de votos para Vox. Los votantes de derechas van a decidir si se aplica el 155 o directamente se suspende la autonomía, ésa y todas, como promete Abascal, que es el primo de Zumosol de Casado y de Rivera.

"España, otra vez, ha sido más fuerte que sus enemigos", dijo Abascal poco después. No sé a qué se refiere con eso de "otra vez". Que se sepa, España no ha derrotado a un solo enemigo en los últimos tres siglos, y por el contrario ha sido derrotada por docenas de países, incluyendo a Filipinas, a los EE UU en Cuba y a todos los que se independizaron en América. Podríamos señalar como excepción el incidente del islote aquél de Perejil, cuando al alba y con viento fuerte de Levante, los valerosos soldados españoles desalojaron a unos cuatro o cinco miembros del ejército marroquí que estaban allí merendando. Pues que lo diga: "España, como aquella otra vez del islote ése en el que sólo hay cabras, ha sido más fuerte que sus enemigos". Obviamente no se refería a la Guerra Civil, salvo que crea que en ella ganó una España buena a una España mala, pero quién va a pensar eso de un patriota como Abascal, que lleva un arma en el bolsillo.

La primera reacción de Ciudadanos fue de autoría de Miguel Gutiérrez, secretario general de su grupo parlamentario en el Congreso. "Un futuro sin indepes, nacionalistas y populistas, y sin Sánchez, claro está", escribió en un tuit. Vamos a ver, animaliño: podemos imaginar un futuro sin Sánchez. Basta con que no consiga formar un gobierno tras las elecciones. Pero un futuro sin indepes y nacionalistas no lo veo. ¿Qué vas a hacer con ellos, meterlos en una cámara de gas? Te lo pregunto porque indepes y nacionalistas los hay a millones. La única manera de tener un futuro sin independentistas o nacionalistas pasa por la vía del genocidio. La solución final.

Así empezó la campaña la oposición de la derecha y la extrema derecha, si es que siguen existiendo ambas cosas, que no lo creo. El tono belicoso no augura un gran porvenir. Vivimos tiempos aciagos y cada día lo serán más. Lo único que me consuela es la certeza de que jamás se ha cumplido ninguna de mis predicciones. Se me rompieron las gafas y ahora tengo que comprar una montura, por si es de su interés.

La jugada de Sánchez fue sazonada con un acuerdo del Consejo de Ministros para que el dictador Franco se mude a un apartamento más pequeño. Con eso conseguirá que en las próximas semanas se hable mucho de Franco y, más que nada, que todos se retraten. Meter a Franco en campaña puede resultarle útil. Sánchez quiere agitar el miedo a la extrema derecha. Aunque la familia llevará el asunto al Supremo y difícilmente se producirá el desentierro antes de las elecciones, nada le vendría mejor a la izquierda que turbas de nazis comandados por Abascal, Alfonso de Borbón, Bertín Osborne y Juan José Padilla, tratando de arrebatar al sepulturero los huesos del dictador. Y es que el ejemplo de Andalucía puede ser un incentivo tanto para la derecha, que ha demostrado su capacidad de unirse, como para la izquierda, que precisamente lo que teme es acabar gobernada por extremistas. Abascal, Casado y Rivera se metieron los tres en el mismo saco, no sólo en Andalucía, que también en la fallida manifestación del otro día en Madrid, cuando se hicieron esa célebre foto en la que salen compitiendo a ver quién hincha más el pecho mientras suena el himno de España.

El escenario que propone Sánchez es muy simple: o se vota masivamente al PSOE y menos masivamente a Podemos y se forma un gobierno progresista, u ocurrirá lo que en Andalucía, una alianza con la ultraderecha que, por ejemplo, puso a una diputada de Vox a presidir la comisión de Memoria Histórica. Lo que Sánchez puede lograr con esta convocatoria es que la izquierda movilice hasta al último de sus votantes ante el miedo a la ultraderecha. Se plantean de aquí a un par de meses dos escenarios radicalmente opuestos entre líderes que mantienen posiciones irreconciliables, y eso nunca es bueno porque suele acabar mal. Pero mientras tanto, Sánchez logró lo que quería: que salieran todos sus rivales en tromba amenazando a media España, prometiendo mano dura en Catalunya, celebrando la derrota del "enemigo" y planteando "un futuro sin indepes y nacionalistas". De momento, la derecha está haciendo la campaña a Sánchez.

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