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No son los muertos

Era necesario sacar los huesos de ahí, igual que bajar los humos a la familia
Familiares de Franco portando el féretro tras su exhumación el pasado jueves. EMILIO NARANJO (EFE)
Familiares de Franco portando el féretro tras su exhumación el pasado jueves. EMILIO NARANJO (EFE)

Esto no va de muertos. A un muerto le da todo igual. "Dejen a los muertos descansar en paz", dicen unos y otras. Un muerto está igual de muerto en una cuneta, en un mausoleo o en el fondo del mar. Los muertos pasan de todo, se apelliden Franco o Martínez. Haga la prueba. Vaya usted a un cementerio, sitúese frente a una lápida y pregunte a quien está detrás si se encuentra a gusto. Ya le adelanto que no obtendrá respuesta. Los huesos no hablan. No tienen frío ni calor. Es divertido escuchar estos días que el dictador reposa junto a su esposa. Es mentira: allí no reposa nadie, ni Franco ni su viuda. Allí lo que hay son unos restos óseos sin capacidad para discernir a quién pertenecen los huesos del vecino.

Esto va de vivos. Para los vivos los huesos representan algo. Hay una mezcla de culto al cadáver y la creencia de que según sean tratados los huesos se otorga cierta dignidad, mayor o menor, a quien los llevó puestos. tampoco eso es cierto. Franco es igual de indigno hoy que hace cuatro décadas, se entierre donde se entierre. Por eso, tratar con dignidad o respeto a esos huesos no engrandece ni envilece a nadie. No se trata de los huesos sino de las personas para los que esos huesos representan algo. Las víctimas, por ejemplo, que no lo son de un esqueleto, sino de la persona que lo vistió. La familia, también, ese grupo de millonarios jactanciosos que dan vivas a Franco mientras se niegan a pagarle un ataúd nuevo; que exigen para esos huesos un funeral de Estado y se quejan del exquisito trato recibido porque creen que merecen más. Ellos, no los huesos.

Quien mejor representa a Franco y al franquismo es esa familia que se pasea por el cementerio con la bandera preconstitucional desplegada para que España entera recuerde que siguen ahí, entre nosotros, disfrutando de la fortuna que su abuelo les robó a los nuestros, vanagloriándose del siniestro ancestro, riéndose de usted y de mí, también de las víctimas del abuelo que siguen en las cunetas, que son huesos también y que interesan a los vivos. Los huesos de Franco también son reliquias sagradas para tejero, que exhibía su chulería a las puertas del cementerio saltándose el cordón policial entre vítores; y de su hijo, ese cura grotesco que vivió este jueves el día más grandioso de su vida; y del prior del Valle de los Caídos, indignado porque ve que su negocio se va cerrando.

Los huesos son lo de menos. Era necesario sacarlos de ahí porque aquello era un permanente homenaje al fascismo, pero es igual de necesario bajar los humos a la familia: cerrar esa Fundación desde la que cacarean sus elogios al genocida; expropiarles el pazo de Meirás, robado al sufrido pueblo gallego; quitarles las dos esculturas del Mestre Mateo, robadas igualmente al pueblo compostelano y a toda la humanidad.

Entiendo que el Gobierno haya dado un trato humano a este asunto de la exhumación y la posterior inhumación, pero basta ya. Debería ser éste el último mo mento en que esa familia de nazis se sienta importante. Exigen un respeto que no merecen y que ellos no muestran a los demás. si se les hubiera quitado su fortuna, su ducado de Franco, su señorío de Meirás, su Fundación y todo ese tratamiento exquisito que se les ha venido dando, puede que hoy fueran personas normales y que renegaran de su antepasado, de su apellido y de los huesos.

El problema nunca son los muertos sino los vivos, que somos los que nos preocupamos de los muertos. A los vivos los muertos nos interesan por lo que hicieron en vida y por cómo murieron. No es lo mismo morir en la cama que morir asesinado por un genocida que lo hace en la cama, de viejo y dedicando sus últimas fuerzas a dictar sentencias de muerte. supongo que por eso queríamos sacar de ahí ese esqueleto, como a los muertos de las cunetas, porque mucha gente cree que los cadáveres representan algo importante, y por eso era necesario sacar esos huesos de ahí, porque sus víctimas, las torturadas, las que sufrieron el asesinato de un padre o de una pareja, las que padecieron procesos injustos todavía viven hoy para ver cómo los restos del causante de su sufrimiento son sacados de su mausoleo.

Dicen que hubo exaltación del franquismo. La hubo, por parte de unos pocos que se retrataron. La España de Franco, de Utrera Molina y de tejero. ojalá haya sido el principio del canto de cisne de una época que se resiste a morir, hoy encarnada en gente que tiene tanta memoria que quiere que los demás la perdamos, cosa que nunca debemos hacer, no por los muertos, que a ellos les da lo mismo. Por los vivos. Dicho todo lo anterior, creo que Franco después de ser exhumado y antes de ser inhumado tendría que haber sido ahumado, que es la mejor manera de conservar a un bicho muerto.

No son los muertos