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Pedro Sánchez, durante un mitin. ALEJANDRO GARCÍA (EFE)
Pedro Sánchez, durante un mitin. ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

Este sábado, tras la celebración del Día del Paracaidista Sorprendente, durante la recepción real, Pedro Sánchez decía a unos periodistas, en encuentro informal, que no tiene duda de que va a ganar las elecciones. No se imaginaba cuando las convocó que tendría que hacer campaña a la defensiva; que el PP estaría poniéndose a tiro de piedra y que el PSOE acabaría rezando para mantener los resultados anteriores. Creían Sánchez y sus gurús que mandando al pueblo a votar otra vez la victoria sería aplastante, que Unidas Podemos se hundiría, que la oposición laminada acabaría peleándose para apoyar un gobierno socialista y que todas y todos los españoles serían jóvenes, felices y hermosos.

Lo que a día de hoy dicen las encuestas es otra cosa muy distinta al sueño de Sánchez: su pesadilla. El PSOE no sube e incluso puede bajar; el PP ronda el centenar de diputados y crece cada día a costa de Ciudadanos, potencial socio del PSOE. Unidas Podemos aguanta razonablemente bien y apenas pierde lo que gana Mas País, el partido de Errejón. Los nacionalistas e independentistas repiten resultados con alguna probable sorpresa, como la esperada vuelta del BNG al Parlamento con uno o dos representantes.

¿Para eso convocaste elecciones, Pedro Sánchez? Te lo pregunto con la confianza que tenemos desde aquella noche de pasión que compartimos aquella vez, cuando desnudos bajo la Luna nos amamos con locura. ¿Para quedarte como estabas y regalar a Pablo Casado un resultado rimbombante? Si la tendencia al alza del PP se mantiene a lo largo del mes escaso que falta para el 10-N, incluso la victoria del PSOE estará en juego, o será tan poco abultada que muy difícil lo tendrá Sánchez para formar gobierno y en todo caso tendrá que hacerlo contando con todas las fuerzas de izquierdas, a las que habría que sumar a todos los nacionalistas e independentistas. O eso o contando con la abstención de uno o dos partidos de la derecha.

Es lo que tiene jugar con fuego, que puede uno quemarse. Sánchez lo fía todo ahora a dos noticias que se producirán en próximos días y de manera casi simultánea: la sentencia a los independentistas catalanes y el desentierro de Franco. Con la primera y ante las previsibles protestas, Pedro Sánchez quiere pasar como el líder que puede rebajar la tensión a base de diálogo frente a una derecha que pedirá la inmediata aplicación del 155, cosa que no es buena para nadie. Con el traslado de la momia del dictador, cumple una promesa y rompe con la anomalía democrática de tener a un dictador en un mausoleo, pero ni una cosa ni la otra le garantizan nada.

Habrá que ver, en todo caso, cómo evolucionan las encuestas frente a estos dos hechos en las próximas semanas y aunque lo único que cuenta obviamente es el resultado electoral, las tendencias actuales son malas para el PSOE, pues para subir o bajar dos diputados no monta uno unas elecciones. Miren lo que pasó en Andalucía, cuando Susana Díaz adelantó las suyas para garantizarse la victoria y ahora está en la oposición lamiéndose las heridas. Los únicos que están a día de hoy encantados con la repetición de las elecciones son los del PP, que ganarán docenas de diputados. Tenía Sánchez una oposición debilitada y fragmentada, más bien hundida, y lo que tendrá en adelante será a un PP crecido y altanero.

Los juegos de maniobras están de moda entre los líderes españoles

Al PP le quedaban por delante cuatro largos años de travesía por el desierto con sus 66 diputados, de los cuales la mitad eran toreros y padres de Mari Luz. Lo que tendrá en adelante será un grupo muy sólido en el que se recupera a personas competentes que saben cómo hacer política. Casado ha hecho las cosas razonablemente bien en las últimas semanas. Está consiguiendo concentrar el voto perdido en el centro, que es donde se deciden las victorias en España. Mientras tanto, Sánchez sólo ha demostrado que pudo gobernar y no quiso porque un visionario, su asesor Iván Redondo le dijo: "Pedro, tío, hazme caso, que si repetimos las elecciones esta vez lo petamos, lo que yo te diga".

Los juegos de maniobras se están poniendo de moda entre los líderes españoles. Es la norteamericación de la política. Se ponen a norteamericar y cuando todos hacen lo mismo sólo uno sale ganando y en este caso aunque previsiblemente no ganará las elecciones, Casado se hará con una victoria moral y estratégica que a los socialistas les dolerá hasta en el alma. La política debiera ser una cosa más seria que un juguete al que se puede destrozar norteamericándolo.

Pase lo que pase, es de desear que todos aprendan la lección. Los que aprovecharán el error de Sánchez, el propio Sánchez y los demás. Que dejen de hacer experimentos, que ellos se juegan un puesto, pero no parece que la ciudadanía esté para experimentos norteamericanos ni para escuchar a visionarios que susurran tonterías a los oídos de un líder que no sabe pensar por sí mismo. Y otra cosa te digo, Pedro Sánchez, si la cosa te sale mal, a chorar a Cangas, pasmarote.

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