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Buenos burócratas, malos guerreros

HAY HISTORIAS gemelas, como la de Gómez Pérez das Mariñas y su hijo Luis Pérez das Mariñas, ambos naturales de Viveiro, Lugo, los dos gobernadores de las Filipinas y uno y el otro asesinados por chinos en circunstancias tan variables como adversas.

Gómez Pérez emprendió o ensayó la conquista de Las Molucas, un intento en el que castellanos y portugueses fracasaron una y otra vez. Esa lucha duró siglos. Pues una buena noche de 1593, siendo Gómez Pérez gobernador de Filipinas, aproximándose a la isla de Caca, de cuyo inoportuno nombre no soy responsable, los marineros chinos se amotinaron, asesinaron a nuestro héroe Gómez Pérez das Mariñas, e intentaron tomar rumbo a China. Lo que haríamos usted y yo si fuéramos chinos. Resultó que una vez asesinados el capitán y el piloto, sin nadie a bordo capaz de gobernar un barco, los rebeldes acabaron embarrancando en cualquier lugar. Unos murieron ahogados, otros fueron apresados y los más afortunados fallecieron por fusilamiento, que era una manera muy natural de fallecer en aquellos tiempos.

Bien, una vez asesinado nuestro héroe Gómez Pérez das Mariñas, su hijo Luis Pérez das Mariñas ocupó su puesto de manera provisional. No lo hizo mal, al parecer. Durante su mandato como gobernador fortificó Manila y ordenó diversas construcciones civiles: hospitales y otras tonterías. El chaval pretendía suceder al padre eternamente, pero vino resultando que la corona española tenía otros planes: que regresara a España, donde se le asignaría un nuevo destino. Combativo como el padre, estaba empeñado en la conquista de Camboya, así que rehusó la invitación a volver y empeñó toda su fortuna, unos 20.000 ducados, en montar un pequeño ejército y comprar un par de navíos. Estamos ya en 1598 y Luis llega a Macao, donde esperaba encontrar refuerzos entre los portugueses, pero los portugueses le dijeron que no, ni un vaso de agua, así que fue a Cantón con las mismas intenciones. Allí quedó tirado en un puerto que le dejaron los chinos durante más de un año en el que acabó de arruinarse.

Regresó a Manila y siguió empeñado en que alguien le ayudara a conquistar Camboya, pero nadie quería conquistar Camboya, ni con Luis Pérez das Mariñas ni sin él. El buen hombre, ya sin un céntimo ni para comer, andaba de aquí para allá llamando a todas las puertas de todos los despachos y ninguna se le abría. Pensó en regresar a Castilla, entonces sí, siempre pensando en que quizás allí alguien le echara una mano para comer y conquistar Camboya. Está claro que el tío estaba obsesionado con Camboya, vaya usted a saber por qué, pues jamás había puesto un pie en Camboya.

Mientras organizaba su regreso, en Manila se sublevaron los sangleyes, que es como llamaban a los chinos residentes en las Filipinas. Luis se unió a la defensa de la capital pero los rebeldes lo mataron para siempre. Eso fue en 1603, o sea que el pobre dedicó cinco o seis años enteros a su proyecto conquistador sin lograr absolutamente nada más que la ruina.

Así que el padre fracasó en su intento de tomar las Molucas como el hijo en el de Camboya. Los dos gobernaron Filipinas y ambos fueron asesinados por chinos. Mejor les hubiera ido de quedarse en su Viveiro natal. Qué manía tenía la gente de andar jugándose la vida conquistando a gente que no le había hecho nada.

Buenos burócratas2.Formaban parte de una aristocracia gallega en franca decadencia, rendida y entregada a los reyes de Castilla tras haber dado mucha guerra a los reyes Católicos y a sus antecesores durante siglos. A mí me da algo de pena aquella gente cuyos abuelos luchaban abiertamente contra el clero y los reyes, tirándoles castillos y aliándose con los portugueses a la primera ocasión. Entre los ancestros de los Gómez das Mariñas hay apellidos como los Mendoza, Soutomaior Ribadeneira o Andrade, condes que hacían tambalear a las coronas castellanas. Cualquiera de ellos hubiera conquistado las Molucas o Camboya sin mayor esfuerzo, y no se hubieran dejado matar por chinos rebeldes, pero les interesaba más pelear por Galiza y defenderla cada día. También se peleaban mucho entre ellos, eso es verdad, pero tenían un sentimiento nacionalista, en muchas ocasiones abiertamente secesionista que fue masacrado por los católicos tras la Guerra de Sucesión que enfrentó a la usurpadora Isabel la Católica y a la legítima heredera, Juana la Beltraneja. Perdida esa guerra y aplicada la doma y castración de Galiza, la nobleza gallega se acobardo y se convirtió en gente como los Gómez das Mariñas, burócratas que querían ser también guerreros, sin saber que ambas cosas son incompatibles. Por eso fueron buenos gobernadores y pésimos conquistadores.

Buenos burócratas, malos guerreros
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