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Egeria, la primera peregrina gallega

Curiosamente una de las primeras peregrinaciones documentadas hacia santos lugares tuvo a Galicia como punto de partida, no de destino. A la Gallaecia romana, para precisar, mucho antes de que nadie peregrinara a Compostela. Por muchos motivos esta historia es formidable. La protagoniza una mujer, algo infrecuente en la época. Y además llevó un diario de su viaje que se conserva parcialmente, lo que ya casi roza lo fantástico, pues si no abundaban las mujeres peregrinas, mucho menos las escritoras.

Era gallega del Bierzo. Se llamaba Egeria y aunque normalmente los que han tratado su aventura se refi eren a ella como una monja, no lo era, más que nada porque cuando Egeria hizo su viaje en el último tercio del S. IV, entre los años 381 y 384, las monjas no existían, y salvo que también fuera la primera monja de la cristiandad, no era monja. Lo que sí había eran comunidades de mujeres castas y piadosas que dedicaban sus vidas al recogimiento, la oración y la caridad, pero sin pertenencia a orden religiosa, ni sometimiento a más reglas que las que ellas mismas se impusieran y con libertades de las que hoy carecen las monjas.

A ellas, a las que llama "señoras hermanas" y a las que se dirige con enorme cariño, está dirigido el diario en el que fue contando su periplo: "Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo", les dice en algún momento.

De Egeria se sabe muy poco. Era millonaria, tenía gran influencia, buena formación y era una líder excepcional. Todo ello se deduce de su texto y de las circunstancias en las que realizó el viaje. Era millonaria porque el viaje que hizo costaba un dineral: salió del Bierzo, atravesó las actuales Francia e Italia, donde embarcó para recorrer Palestina, Jerusalén, Egipto, Constantinopla, y todos los lugares bíblicos, incluido el Sinaí y parte de Mesopotamia. Nunca antes un gallego había llegado tan lejos. Era influyente porque llevaba documentos y salvoconductos para desplazarse por todo el Imperio, además de contar con escolta de soldados romanos cuando las situaciones lo aconsejaban.

Dicen los que saben que su texto está escrito en un latín vulgar, más bien popular y que es perfecto para estudiar la evolución del latín a las lenguas romances. Pues así será. El caso es que sabemos que recibió una buena educación porque sabía escribir y sabía de memoria numerosos textos sagrados, empezando por la Biblia. Y de su capacidad para hacer equipo y liderarlo sabemos por cómo organiza a su séquito, decide horarios e itinerarios y no se deja engañar. Cuando un obispo le enseña a la esposa de Lot convertida en estatua de sal, Egeria escribe a sus hermanas: "Pero creedme, cuando nosotros inspeccionamos el paraje, no vimos la estatua de sal por ninguna parte, para qué vamos a engañarnos".

Egeria recorrió miles de kilómetros, la mayor parte de ellos cabalgando mulas o asnos, pero también en barco, caballos, camellos, y a pie. Puede que su viaje haya sido mucho más largo, pues el relato se interrumpe cuando se dispone a partir hacia Éfeso para ver el sepulcro de San Juan. No sabemos si llegó hasta allí, si murió en el intento o si en algún momento volvió a Galicia.

Se calcula que no era muy mayor, pues nadie de edad más o menos avanzada podría plantearse un viaje tan largo con jornadas penosas en las que Egeria escalaba montañas o caminaba durante horas muerta de calor. Algunos sospechan, sin motivo alguno, que las penalidades del viaje debieron matarla, bien de camino a Éfeso, bien poco después.

Es Egeria un personaje a revindicar, y a estudiar. Pocos ensayos se han dedicado a nuestra viajera, la mayoría de ellos publicados en idiomas incomprensibles como el inglés. Incomprensibles para mí, quiero decir. Hay gente que sí lo comprende. Pues decíamos que Egeria bien puede ser una referencia de muchas cosas: de empuje, de fuerza, de tesón. Practicó cada día durante su viaje la ruptura con los maruxaconvencionalismos de la época, no sólo por emprenderlo, sino también por escribirlo. Y ejerció también como una antropóloga casi científi ca pues, además, dedicó la mitad de su libro a documentar diferentes liturgias que se practicaban en esos primeros tiempos del cristianismo. Se reunió con obispos, con eremitas, visitó muchas comunidades cristianas y judías y aprendió un montón de cosas que contaba a sus amigas en un tono entre sorprendido y candoroso.

Dicen los críticos que su texto es poco literario. A ver, listos, que hay mucho listo. Me gustaría ver a esos críticos que fustigan a una señora que escribió un relato para sus hermanas hace casi dos mil años escribiendo sus tonterías después de subir al Monte Sinaí. Siempre tiene que haber un pinfl oi poniendo pegas a todo.

No creo que encontremos a ningún gallego ni a ninguna gallega que en esa época hubiera viajado tanto, visitando prácticamente todo el mundo conocido, ni que hubiera llegado tan lejos. El texto de Egeria es una joya única en su especie que hoy se conserva en un archivo italiano aunque hay alguna edición en castellano. Vida eterna a Egeria.

Egeria, la primera peregrina gallega
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