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Elefantes en América

Planeta Tierra. EP
Planeta Tierra. EP

UNOS AÑOS ANTES de morir, Luisa Álvarez de Toledo escribió el último de sus libros, un ensayo titulado ‘África versus américa’, con el que pretendía demostrar una teoría suya según la cual muchos textos y documentos antiguos referidos a África hablaban realmente de américa. Siguiendo esas fuentes, la Duquesa Roja sostenía que el contacto entre Europa, África y américa había sido permanente e ininterrumpido desde tiempos de los Fenicios.

Mientras habla de toponimia o de su interpretación de textos y de épocas, la cosa se sostiene por los pelos. Es cuando llega al capítulo de la fauna donde a la señora se le va la cabeza. Si una crónica altomedieval o un relato de un viaje nos dice que un explorador vio a unos gorilas, pues eso significa que en américa había gorilas, porque de otra forma el dato no encaja en el relato de la duquesa. Así que la buena señora se vino arriba y empezó a hablar de elefantes, de caballos, de vacas, cerdos y camellos, siempre situándolos en el continente americano. O esos animales estaban allí o la duquesa había perdido muchos años investigando en su archivo privado. Decidió que la fauna africana, contra toda evidencia lógica, biológica y arqueológica, debían estar en américa y así lo escribió en su libro.

Es increíble la cantidad de gente que hace lo mismo. En Youtube hay infinitos canales dedicados al mundo del “misterio” que defienden teorías como la de la Tierra plana. Los terraplanistas, que así es como se hacen llamar, niegan la existencia de las estrellas, de los viajes espaciales, de los satélites artificiales. Si tienen razón, Pedro Duque debe dimitir inmediatamente. También dicen que el sol gira alrededor de la Tierra y van por el mundo persiguiendo a astronautas casi ancianos para que confiesen la verdad.

Los terraplanistas niegan la existencia de las estrellas
 

La cuestión es que somos muy crédulos. Esos vídeos son seguidos por millones de personas, también en España, claro. Los comentarios son esclarecedores y suelen denunciar conspiraciones para ocultarnos que vivimos en un mundo plano. Lo curioso del asunto es que muchos de esos canales defienden con igual entusiasmo otra teoría intrépida, que es la de la Tierra hueca. Nuestro planeta es hueco y dentro está el Paraíso. allí vive en paz y armonía una raza de hombres y mujeres que siempre gozan de un clima suave y tienen una estrella propia que les proporciona energía. Si el planeta es plano no puede ser hueco, pero eso da igual. La cosa es sostener que la Tierra no puede ser normal. Con extrema osadía mezclan estas teorías con cualquier otra. Todas las combinaciones son eficaces. La Tierra es plana, por ejemplo, pero los illuminati, aliados de los reptilianos y los masones que gobiernan el mundo nos mienten para manipularnos. Cualquier composición entre religión, pseudociencia, leyendas incas, secretos nazis y conspiración mundial puede dar lugar a una nueva teoría con legiones de seguidores dispuestos a creerla y difundirla.

Bien, yo no he visto nunca nuestro planeta desde fuera y no tengo ni idea de nada, pero supongo que adaptar la realidad a una creencia previa no es malo si a uno le entretiene. En el caso de la duquesa todo lo que se jugaba era su prestigio, pero es sabido que eso a ella nunca le preocupó demasiado. Y si usted, como yo, se pone a ver vídeos de teorías extrañas, allá cada cual. Eso no tiene consecuencias para nadie, ni buenas ni malas.

La cuestión es que nuestra credulidad pandémica sí puede tener consecuencias en otros casos. Hay que tener cuidado con lo que se quiere creer. Vienen momentos en los que de lo que queramos creer dependerán muchas cosas. El otro día vimos un vídeo de Fran Rivera enseñándonos una España idílica y pacífica: un bar de Ávila, Casa Eladio, en el que Rivera era feliz. El decorado es espeluznante: fotos de Franco, símbolos falangistas, banderas con escudos franquistas, una locura.

Bien, ya es sintomático que exista un bar franquista, pero ese no es nuestro mayor problema. Lo grave es que hay muchos dispuestos a ver elefantes en américa con tal de que las cosas se adapten al relato que quieren creer, y ése es el relato revisionista sobre un dictador genocida para convertirlos a él y a su época en algo entrañable. Los ultraderechistas ven que ha llegado su momento y hay mucha gente dispuesta a creerles, como otros creen en la Tierra plana. Cada día veremos a más y más quitándose las caretas y animando a masas de crédulos a unirse a un proyecto que, dicen, nos traerá orden y bienestar. Por supuesto cada uno es libre de creer en lo que le dé la gana, pero no será cómodo para muchos tener que sufrir las creencias de los demás, sobre todo porque suelen expresarse de maneras enérgicas.

Se da además la circunstancia de que la estructura argumental es eficaz: Franco, vida, religión, inmigrantes, imperio, tradiciones. Como a alguien se le ocurra meter en medio a los templarios esto será el acabose. Es importante que para ciertos asuntos uno o una se preocupe de comprobar si los hechos y las certezas se adaptan al relato en el que quiere creer y si no, que crea en otra cosa, que el fanatismo no es malo si se ocupa de la Tierra plana.
 

Elefantes en América
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