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Gracias, Vox

Santiago Abascal. LUCA PIERGIOVANNI (EFE)
Santiago Abascal. LUCA PIERGIOVANNI (EFE)

TODOS LOS hombres podemos por fin sentirnos protegidos. Todos hemos caminado de noche por un callejón oscuro; todos hemos escuchado unos pasos a nuestras espaldas y a todos se nos ha encogido el corazón al comprobar que una, dos o tres mujeres nos seguían. Nuestras madres y nuestros padres han pasado noches y noches en vela temiendo que una mujer abusara de nosotros. A todos los hombres nos aterran noticias como la de ese chico que fue secuestrado la noche de fin de año por dos mujeres que lo llevaron a un apartamento y lo violaron durante horas. Todos nos sentimos indignados al comprobar que una manada de violadoras sigue en libertad mientras su víctima, otro pobre muchacho, no duerme tranquilo desde hace años. Este mismo sábado supimos que otra manada de mujeres fue sorprendida mientras violaba a otro chico.

Por eso era necesario poner fin de una vez a la dictadura de género, porque cada poco una mujer mata a sus hijos sólo para castigar al hombre que la dejó; porque hay miles de mujeres que se saltan las órdenes de alejamiento para agredir con ácido o apuñalar a los pobres hombres que se resisten a ser sus esclavos; porque hay que parar ya todas esas agresiones, violaciones, asesinatos, acosos, amenazas o persecuciones que cada día sufrimos tantos y tantos hombres a manos de las fuerzas feministas. Porque cuando un hombre sale a correr o a pasear nunca sabemos si su cadáver aparecerá a los cuatro días o a los cuatro meses entre unos matorrales. Porque si nuestros hijos se afeitan, se peinan y visten ropa ajustada para salir, sabemos que siempre habrá una mujer que entienda eso como una invitación al abuso o a la violación, que hay mucha mujer salida y armada con burundanga para saciar sus depravados deseos.

A partir de ahora los hombres podemos dormir algo más tranquilos porque Santiago Abascal, al mando de sus huestes, vela por nosotros y por nuestros hijos a lomos de su brioso corcel, reconquistando no solamente Andalucía, sino el espacio que las feminazis nos han arrebatado a los hombres imponiéndonos su perversa ideología de género.

Siempre hay algún ‘pinfloi’ que se resiste a aceptar la nueva realidad
 

Estaremos todos de acuerdo en que las leyes que protegen a las mujeres no son democráticas porque nos discriminan a nosotros los hombres, pobres víctimas de las feministas que abusan de su superioridad física para asesinar o violar a nuestros hijos indefensos. Si es que tarde o temprano esto se tenía que acabar, pero lo que no había hasta ahora era la voluntad política que sí tienen gente como Abascal o el nuevo líder brasileño, Jair Bolsonaro, dirigentes valientes a los que algunos y sobre todo algunas miran como una amenaza a todas esas mujeres feminazis que imponen su dictadura sobre la otra mitad de la población, que somos los hombres desprotegidos.

Luego siempre hay algún ‘pinfloi’, que hay mucho ‘pinfloi’, que se resiste a aceptar la nueva realidad, esa ola democrática que por fin nos hará libres. Incluso en el PP hay algún líder como Borja Sémper, un alienado con síndrome de Estocolmo, un vendido a las mujeres que se niega a reconocer que hay que poner fin de una vez al dominio al que las señoras asesinas y violadoras nos someten cada día a los santos varones del reino de España.

No habrá agradecimiento ni homenaje suficiente para pagar a Vox lo que está haciendo ahora mismo para liberar a los hombres del yugo feminista, porque somos nosotros los que necesitamos leyes contra la violencia de género que sufrimos cada día. Estamos hartos de todas esas mujeres que una y otra vez nos agreden verbalmente por la calle, hartos de la brecha salarial que nos discrimina, hartos de los comportamientos sexistas a que nos someten las mujeres en nuestras casas, en nuestros puestos de trabajo, en la calle. Hartos de que no nos dejen conciliar nuestra vida familiar y laboral, hartos de que nos echen a las listas del paro en cuanto nuestras jefas se enteran de que vamos a parir un bebé y luego querremos amamantarlo. Hartos de convivir con el miedo.

Por fin hay alguien que nos escucha y nos comprende; alguien dispuesto a defendernos, a llamar a las cosas por su nombre. Un hombre como nosotros que sin duda ha sufrido en sus carnes las nefastas consecuencias que la ideología de género ha causado a tantos españoles a manos de las españolas. Un valiente que nos ofrece algo de luz, que además de acabar con la dictadura feminista acabará con todas esas tonterías de los movimientos LGTBI. Los derechos, por primera vez en milenios, alcanzarán a los hombres (heterosexuales) que hemos sufrido durante tantas generaciones las consecuencias del matriarcado feminista.

Gracias por tanto, Abascal, y sé que hablo en nombre de millones de hombres que han visto cómo te has esforzado en la vida, trabajando de sol a sol durante años para ofrecernos los derechos que las mujeres nos han arrebatado desde el principio de los tiempos. Gracias a ti y a Vox por convertirte en la voz de los pobres hombres desfavorecidos. Gracias por enfrentarte a las mujeres que nos maltratan, nos violan y nos matan. Gracias. Mamarracho.
 

Gracias, Vox
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