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Analizan si unas notas halladas en la celda de Porto son una carta de despedida

Alberto Vilas | 20 de noviembre de 2020

Altar improvisado en memoria de Asunta en la pista forestal en la que apareció el cadáver. LUIS POLO (ARCHIVO)
Altar improvisado en memoria de Asunta en la pista forestal en la que apareció el cadáver. LUIS POLO (ARCHIVO)
Un juzgado de Ávila abre de oficio una investigación paralela a la de Instituciones Penitenciarias, aunque se antoja un
mero trámite salvo que la autopsia arroje indicios de criminalidad. Sus conclusiones trascenderán en las próximas horas

Una revisión a fondo de los enseres personales de Rosario Porto permitió dar con una serie de notas de su puño y letra entre las que se investiga si hay algún tipo de mensaje de despedida que dejase antes de quitarse la vida a primera hora del miércoles.

Las pesquisas corren a cargo de la Policía Nacional, que no solo indaga en la posible existencia de una carta de adiós como tal, sino si hay algún tipo de anotación que pueda arrojar datos reveladores sobre su suicidio, que está judicializado después de que el instructor número 2 de Ávila abriese este jueves de oficio una investigación paralela a la que Instituciones Penitenciarias inició el mismo día de los hechos. De todos modos, las averiguaciones del juez tienen a priori poco recorrido, ya que si el informe preliminar de la autopsia —concluida ayer— no arroja indicios de criminalidad, el caso sería automáticamente archivado.

Sobre un hipotético texto de despedida, que un psicólogo que la trató ve "probable" aludiendo a su locuacidad de la madre de Asunta y su querencia por plasmar sus pensamientos en papel —se carteaba a menudo con su exmarido, Alfonso Basterra, además de con su abogado y otros particulares—, también cabe la posibilidad de que en los últimos días hubiese remitido una misiva y todavía no haya llegado a su destinatario.

La celda que ocupaba Porto permanecerá vacía un tiempo razonable, como suele hacerse con las que son escenario de muertes

Sea como fuere, Charo, como la conocían sus allegados, guardó todas sus pertenencias en bolsas —"como en una mudanza", indicaron fuentes cercanas al caso— antes de ahorcarse entre las 8.00 y las 8.30 horas del miércoles en la celda que ocupaba en solitario en el presidio abulense de Brieva, donde cumplía una condena de 18 años como coautora —junto a su exesposo— del asesinato de su hija adoptiva Asunta el 21 de septiembre de 2013. El hecho de que la estancia estuviese escrupulosamente recogida fue considerado desde el principio como un indicativo de premeditación en los hechos.

Fuentes penitenciarias consultadas por El Programa de Ana Rosa dijeron que a Porto "se la veía perfectamente, incluso con buen aspecto" en el recuento que los funcionarios llevaron a cabo a las 8.00 horas del miércoles celda por celda. Le quedaba, a lo sumo, media hora de vida.

Y es que en algún momento de los treinta minutos siguientes se quitó la vida atando un cinturón de tela por un extremo a las rejas de la ventana de la estancia y por el otro a su cuello. A las 8.30 los trabajadores de prisión, que no la habían visto en el comedor con las otras reclusas durante el desayuno, subieron a buscarla y se encontraron la dantesca escena.

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La celda, al menos este jueves, permanecía vacía y se prevé que lo siga estando al menos por varias semanas más, ya que cuando uno de los habitáculos es escenario de una muerte suele esperarse un periodo razonable de tiempo para que vuelva a ser habitado.

Rosario llevaba en la cárcel de Ávila desde el pasado marzo, días antes del confinamiento, y pese a los nueve meses transcurridos no había conseguido adaptarse ni mantenía apenas relación con el resto de presidiarias, según indicaron personas conocedoras de la vida en el penal abulense, que está clasificado como femenino aunque tiene una pequeña sección para hombres por la que pasaron célebres condenados por corrupción como Iñaki Urdangarín o Luis Roldán sin mezclarse con presos comunes, es decir, los que tienen a sus espaldas delitos de sangre o tráfico de drogas —el grueso de quienes pueblan las cárceles españolas—.

DEPRESIÓN AGRAVADA. La vida de Porto en Brieva era muy distinta a la que llevaba en su destino anterior, A Lama, donde residió forzosamente entre marzo de 2017 e idéntico mes de 2020. En esos tres años trabó amistad con otras mujeres y, según relataron fuentes del penal pontevedrés, era muy apreciada por el resto de reclusas, a las que ayudaba en sus quebraderos legales valiéndose de su condición de abogada.

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Con todo, su sociabilidad no la eximió de un intento de suicidio el 18 de noviembre de 2018, exactamente dos años antes de este miércoles, su último día de vida. En esa ocasión, sin embargo, la salvó su presa sombra —una interna que, como el nombre indica, no se separaba de ella para evitar precisamente que se autolesionase—. Actuó a tiempo cuando Charo ataba un cordón de una sudadera a la barra de una ducha.

Antes de morar en A Lama lo hizo en Teixeiro, donde en casi cuatro años —entre septiembre de 2013 y marzo de 2017— también cosechó una buena relación con el resto de internas, aunque la relación era muy mala con los funcionarios. De todos modos, "nunca había estado tan sola y desanimada" como en estos últimos compases vitales en Brieva, en palabras de su abogado, José Luis Gutiérrez Aranguren, que dejó entrever que era ella la que rehuía el contacto con el resto de reclusas y achacó el empeoramiento psíquico de Charo a que Instituciones Penitenciarias rechazase cuatro peticiones de permiso recientemente.

LE QUEDA BA UN LUSTRO. Aunque la condena de 18 años por matar a Asunta acabaría en 2031, Porto podría pisar la calle ya en 2025 mediante un tipo de permisos que no le podrían denegar. Es una tipología distinta a los que solicitó estos meses, cuya condición ‘sine qua non’ es reconocer los hechos.

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