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Cuando los empleados dirigen el negocio

Galiciae | 05 de junio de 2019

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Galicia tiene 477 sociedades laborales controladas por sus trabajadores, una fórmula societaria que genera 2.688 puestos de trabajo
 

Tabla de salvación para algunos trabajadores que durante los peores años de la crisis decidieron tomar las riendas de las empresas de las que eran asalariados para evitar su cierre, la creación de sociedades laborales se ha estancado en Galicia en un contexto en el que la reactivación del empleo asalariado ha reducido las cuotas de emprendimiento y en el que el modelo cooperativista está más extendido. 

Según los datos del Ministerio de Trabajo, a cierre de marzo en la comunidad estaban registradas 477 empresas constituidas bajo este régimen de la economía social. Eran solo dos más que en el mismo periodo de 2018, si bien es cierto que Galicia fue, junto a Cantabria (que sumó un negocio), la única autonomía en la que el sector no se vio mermado, pues en el conjunto de España se perdieron 497 entidades, lo que redujo el total a 8.598. En el caso gallego el adelgazamiento ha sido exhaustivo, pues en 2006 había más de 1.100 registradas en la Seguridad Social.

La Agrupación Empresarial de Sociedades Laborais de Galicia (Aesgal) apunta a varias causas: la supresión de algunos incentivos fiscales y la pérdida de la calificación laboral. A esto último, que conlleva que la compañía pasa a ser una sociedad anónima o limitada convencional, se llega en caso de incumplir algunos de los requisitos fundacionales como, por ejemplo, que la mayoría del capital deje de estar en manos de los empleados, o cuando la reserva especial —que debe dotarse con el 10% del beneficio líquido de cada ejercicio hasta duplicar el capital inicial y que está pensada para compensar pérdidas o comprar acciones propias— caiga por debajo de ese nivel mínimo o se use de forma indebida. 

La Aesgal sostiene que "as persoas antepóñense a maximizar o beneficio" y destaca la "transparencia na xestión" y la conciliación

En términos de empleo, esta parte de la economía social sostenía a 31 de marzo 2.688 puestos en Galicia, cuatro menos que en el mismo periodo del año anterior y la mitad de los que había en 2006. Con 91 sociedades laborales, la industria es el sector que más puestos genera por esta vía, 753, lo que arroja una media de ocho por empresa. Y es que aunque el comercio y la hostelería copan 168 negocios, solo sustentan 536 puestos. 

"Trátase dunha fórmula de negocio con maior igualdade, maior taxa de supervivencia, flexibilidade e adaptación, e cun impacto positivo no económico, social e ambiental", explica Berta Lema, la gerente de Aesgal, que recalca que el modelo de gestión es "democrático" al buscar "unha mellor distribución das ganancias e un maior reinvestimento na comunidade".  

El colectivo —que la próxima semana celebra el Día de las Empresas de Economía Social, que en Galicia representan el 10% del PIB— se reivindica como generador de empleo «estable e ben retribuido» y recalca que la fusión de las facetas de empleado y socio conduce "a unha maior implicación, motivación e produtividade" al participar tanto en las decisiones como en el reparto de beneficios. 

Aunque en sus orígenes en los años 70 la principal función de esta fórmula fue evitar cierres, Lema llama a aparcar la idea de que esta tipología societaria "soamente serve como fórmula de recuperación de empresas en crise".  

APOYOS. Partidaria de redoblar los esfuerzos para que esta figura jurídica se extienda, la asociación recuerda que existen diversos incentivos. Por una parte, la posibilidad de capitalizar la prestación por paro para poner en marcha una sociedad laboral y, en el terreno fiscal, una bonificación del 95% en el impuesto de actividades económicas, que se suma a la exención del tributo de actos jurídicos documentados en la constitución, las ampliaciones de capital o al modificar los estatutos. A esto se añade una deducción del 99% en transmisiones patrimoniales por la compra de bienes y derechos de la empresa de la que procedan la mayoría de los socios. Lema —que constata que en 2018 45 sociedades se dieron de alta ante la Seguridad Social frente a las 29 de 2017— llama, por otra parte a no perder de vista las ayudas a fondo perdido para incorporar socios trabajadores.

 

Torsolcal, auxiliar del naval (Vigo):
"Mientras otros cerraban, acordamos aplicar otros mecanismos para no destruir empleo"
La auxiliar del naval Torsolcal inició su andadura hace 18 años en Vigo, de la mano de cinco socios trabajadores. Hoy el equipo es de 20 profesionales, de los cuales 15 también son propietarios del negocio. Con una facturación de 1,2 millones de euros en 2018, se sobrepuso a la crisis que en 2011 desató la suspensión del ‘tax lease’ por Bruselas y, en los últimos años, a la falta de relevo generacional para sustituir a socios-trabajadores con cargos estratégicos. 
Parte del equipo de la auxiliar del naval Torsolcal.EP
Entre las claves para sobrevivir estuvo la diversificación, que les llevó a ampliar la actividad al sector industrial y al eólico y a extender su actividad del área de influencia de Vigo al resto de la comunidad, explica el administrador, Eduardo Salido, cuyo padre y hermano participaron en la fundación de la sociedad laboral en 2001, avalados por la experiencia que tenían en el naval.  

Entre las fortalezas de esta fórmula societaria, el gerente —que también preside la Aesgal— apunta a la "estabilidad y calidad del empleo". Y es que al confluir las facetas de trabajador y propietario, los socios pusieron su mejor empeño en sortear los embates de la crisis evitando los recortes de plantilla. "Buscamos mecanismos mientras otros estaban aplicando expedientes de regulación de empleo y echando el cierre; en asamblea decidimos tirar de otras medidas como ir a mecanismos de distribución irregular de la jornada", señala el abogado, volviendo la vista a los años 2011 y 2012, en lo más crudo de la recesión. En cuanto a las jubilaciones, indica que Torsolcal apuesta por que los profesionales "se queden como socios capitalistas" para aprovechar su experiencia. 

POR CONOCER. A juicio de Salido, las características de tipo de sociedades siguen siendo altamente desconocidas entre los emprendedores, lo que se suma a "la escasa filosofía de que los trabajadores se integren en la propiedad de una empresa". Convencido de que «el 90% de las sociedades limitadas son, de facto, laborales», sostiene que muchos empresarios no dan el paso de optar a la calificación por falta de información. 

Entre los beneficios a los que apunta el administrador de Torsolcal figuran la posibilidad de que los socios trabajadores que controlen menos del 33% del capital y no ejerzan funciones directivas sigan cotizando por el régimen general en lugar de tener que darse de alta como autónomos, un requisito, este último, que echa a muchos para atrás. 

En cuanto a los gestores y administradores podrán acogerse al régimen general asimilado siempre que controlen menos de la cuarta parte del capital. Estos últimos quedarán excluidos de la protección por desempleo y del Fogasa, salvo que la sociedad sea pequeña y no llegue a los 25 socios. En el resto de casos, el profesional deberá estar dado de alta como autónomo, al igual que cuando al menos el 50% de la sociedad está repartido entre un socio-trabajador, su cónyuge o familiares. 
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