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El factor Nadia Calviño

Julián Rodríguez | Zona Franca

Julián Rodríguez | 18 de febrero de 2020

Nadia Calviño. CHEMA MOYA (EFE)
Nadia Calviño. CHEMA MOYA (EFE)
Solo la ministra más centrada del Gobierno puede desatascar grandes problemas de Galicia

NUNCA ODIES a tus enemigos: no te permite juzgarlos. De los guiones de la saga de El Padrino podría haber salido el mejor manual para una escuela de negocios. Y cualquier breviario de la política también debería contar con reflexiones así. Por mucho que se busque el choque directo, rigores de la precampaña electoral, en San Caetano saben que para desatascar problemas hace falta primero la búsqueda del interlocutor adecuado, que no siempre es el responsable directo del asunto a tratar, mínimamente receptivo aunque no comparta ni colores ni estrategia. Porque Madrid parece haberse convertido en un problema para Galicia. Un muro en el que rebotan los grandes asuntos, o al menos los que más preocupan en estos momentos, y que podrían tener solución si al otro lado de la mesa se sentara el nombre correcto: abono del IVA pendiente, estatuto de los grandes consumidores eléctricos e incluso los plazos del AVE...

No es posibilismo estéril. Es estrategia y praxis política. El año largo de Gobierno en funciones, primero; los meses transcurridos desde las últimas elecciones, después, y ahora la composición y movimientos del nuevo gabinete de Sánchez, premiten sacar algunas conclusiones: Teresa Ribera, una de las vicepresidentas con más poder, no está ni se le espera en Galicia. La suya es una única bandera, el activismo ecologista sin reparar en costes ni daños colaterales. En As Pontes lo saben bien. Su ascendencia es tal que hasta otra ministra que debería importar y mucho en Galicia, la de Industria, no pasa de fiel escudera a su lado. Y es que Reyes Maroto comparte firma con Ribera en el último borrador del estatuto para la industria electrointensiva. Lo hacen al alimón, pero da la cara la titular de Industria. El otro gran núcleo de discordia, la devolución de los 200 millones de IVA pendiente a Galicia, es un negociado de una ministra que tampoco tiene especial predisposición a atender problemas autonómicos. A regañadientes convocó María Jesús Montero, la titular de Hacienda, el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Y de muy poco sirvió.

En condiciones normales de presión y temperatura, es decir, sin una precampaña electoral en Galicia como la que tenemos por delante, todas las miradas apuntarían en una dirección: Nadia Calviño. Y no es única y exclusivamente por su galleguidad.

La coruñesa, vicepresidenta y responsable de Economía, es algo más que la encargada de calmar los ánimos en Bruselas cuando toca, como ahora, abrir la mano con el cumplimiento del déficit público. Emerge como fino contrapunto a los aliados de Sánchez en el Gobierno. Un caso de libro es la reforma laboral, con llamamiento al diálogo con la patronal incluido, reescribiendo así un guión esbozado por otra gallega, Yolanda Díaz, la titular de Trabajo. Es cierto que Calviño lanza sus mensajes con un ojo puesto en el Ibex-35, pero no lo es menos que acumula un contrapoder real en el seno del Gobierno: es la presidenta de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, el órgano colegiado que se reúne los viernes para coordinar la política económica del Ejecutivo, dirimir las disputas entre ministerios y marcar los temas que se incorporan a la agenda. Casi nada. En la última etapa del PP en La Moncloa fue el propio Rajoy quien presidió la comisión delegada.

Calviño tiene otra virtud, quizá oculta hasta ahora: es la ministra más centrada del Ejecutivo de Sánchez. Tanto en el plano táctico como en el ideológico. Y esto en San Caetano no ha pasado desapercibido. En las últimas semanas, tanto Núñez Feijóo como su conselleiro de Economía, Francisco Conde, han compartido atril con Calviño en varios actos. Tanto en A Coruña como en Madrid: en la entrega del premio del Consello Galego de Economistas a Roberto Tojeiro y en la gala del Club de Periodistas Gallegos en Madrid, cuya presencia sorprendió. Ante Nadia Calviño, Feijóo llegó a apelar a "un principio básico: el trato leal entre administraciones", desterrando esa tesis de que "España nos roba utilizada por políticos que no son leales ni legales", en directa alusión a la ministra de Hacienda por sus palabras sobre la deuda del IVA. Todo un mensaje.

La campaña electoral abre un paréntesis. Pero por poder acumulado, y por cintura, la vicepresidenta económica está llamada a desempeñar un rol no escrito: el de la interlocución válida para resolver los problemas de Galicia. Es el factor Nadia Calviño.


EMILIO LOZAYA
La detención del jefe de Pemez que compró Barreras

DE la detención en Málaga del que fuera director general de Pemex entre 2012 y 2016 llaman la atención una serie de cuestiones. Primero, Emilio Lozoya campaba a sus anchas por España con una orden internacional de busca y captura, demostración de que la Costa del Sol es algo así como la zona cero de la impunidad. Segundo, Lozoya es un nombre propio en Galicia porque suya fue la firma para la compra de Barreras, no así de los primeros contactos que se mantuvieron desde la Xunta, que lo hizo con su antecesor. Barreras es también un quebradero de cabeza ahora en México. Todo son pulgas para Lozoya. Y aquí, de una vez comprobamos que la corrupción en México está institucionalizada. Hasta ahora.


JUAN CARLOS ESCOTET
El salto de Abanca con la compra del luso EuroBic

DICHO y hecho. Si antes salta la liebre, antes cierra la operación. Juan Carlos Escotet ha aprovechado los problemas de Isabel dos Santos, la hija del expresidente de Angola salpicada por varios escándalos y propietaria mayoritaria de EuroBic, para hacerse con la entidad portuguesa. Esta adquisición es la quinta compra de Abanca desde 2014 y la segunda en Portugal. Y, sobre todo, representa un salto en tamaño. De un plumazo escala del décimo al séptimo puesto de la banca española tras elevar sus activos hasta los 64.315 millones. Con EuroBic en el hatillo, Abanca adelanta a Kutxa, Unicaja e Ibercaja. EuroBic tiene unos 1.500 empleados repartidos por más de 180 oficinas, y maneja 6.150 millones en depósitos.


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