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En el principio era el roce

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El blog de Miguel Olarte | 13 de enero de 2020

Los obispos ponen al día sus cursillos prematrimoniales: será de dos años

Pues claro que sí. Cuando tienen razón, pues se dice y punto, sean obispos, directores generales o mamporreros. Veinte horas de cursillo prematrimonial, como tienen ahora en las parroquias, son muy pocas, se empleen como se empleen. No llegan ni aunque sean todas de práctica y la teórica se limite a tres o cuatro test.

Andan en la Conferencia Episcopal muy preocupados desde hace tiempo con la cosa del matrimonio canónico, que se nos cae a pedazos. Se nos caen todos, supongo, pero a ellos les preocupa el canónico. El 40% de los matrimonios se rompen a los cinco años de la boda, dijo el obispo Iceta el otro día, y el 60% no pasa de los 15 años. Los obispos, ya se sabe, han sido siempre muy de rezar por nosotros y de cargar con nuestros pecados, que por lo que sea se les hacen mucho más llevaderos que los suyos, así que han determinado que la raíz del problema debe de estar en los cursillos prematrimoniales. Bien visto, es lo que tiene contar con la ventaja de la iluminación divina.

La solución que ha presentado Iceta, presidente de la subcomisión episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, ha sido ‘Juntos en Camino, + Q2’, que no es un nuevo modelo de todoterreno sino un itinerario para novios que se preparan para el matrimonio: está pensado para impartirse en cursillos de entre dos y tres años y, entre otros asuntos, se incidirá en mantener la castidad hasta después de la boda y evitar la masturbación, al parecer dos de las principales causas de las rupturas matrimoniales. 

Yo, válgame Dios, no tengo por qué dudar, al fin y al cabo solo llevo tres décadas de vida en pareja y seguro que un obispo sabe mucho más de relaciones sexuales, matrimonio y masturbaciones; lo mío ha sido siempre puro vicio e inconsciencia, un aquí te pillo, aquí te mato, y su acercamiento, mucho más sereno y meditativo. Pero me van a permitir un ejercicio de soberbia si les doy un par de consejos.

A mí dos años de cursillo prematrimonial me siguen pareciendo muy poco. Para acercarse siquiera a lo que es en realidad la vida en pareja no podemos pasar por menos de 10 o 15 años, pero no solo de cursillo, sino de convivencia en serio, a puro huevo, con roce diario. Y, de entrada, con 15 años ya habríamos rebajado muchísimo ese 60% de porcentaje de matrimonios rotos a los 15 años de la boda, porque ni se habrían llegado a celebrar. Todo son ventajas.

Y otra cosa: lo de las relaciones prematrimoniales. Eso, a todas horas, en todos los sitios, sin disculpas, en los confesionarios y en las sacristías si fuera necesario. Porque al principio parece que el tiempo sobra, pero luego llegan los hijos, las suegras, el estrés, los cuñados, las cenas con los padres del cole, las clases de pilates, los sábados en el Ikea... y orgasmo perdido, orgasmo que no se recupera. Y los orgasmos, señores obispos, también son de Dios.

El caso es que no me parece del todo mal la propuesta de la Conferencia Episcopal. Con un par de ajustes o tres, hasta podría pensar en apuntarme, en plan actividad extraescolar, solo por el placer de adquirir nuevos conocimientos ya que no hice el cursillo antes, cuando debía.

De todas formas, si me permiten sus eminencias un último consejo, para afinar del todo el plan este, mejor pregunten a mi mujer, que lleva treinta años conmigo y debe conocer todas las claves. Una santa.

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