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Farjas: "La mascarilla será la última medida en eliminarse y quizás ya nunca lo hagamos"

Martín G. Piñeiro | 21 de diciembre de 2020

La exconselleira Pilar Farjas. EP
La exconselleira Pilar Farjas. EP
Nacida en Teruel hace 61 años, lleva la mitad de ellos en Galicia, una "buena tierra con buena gente" a la que llegó por amor. "Me enamoré de un gallego", confiesa. En A Coruña desarrolló el grueso de su carrera médica y ahora, jubilada hace año y medio, reparte su tiempo entre Cáritas y el comité clínico de la pandemia.

¿Qué tal la experiencia del comité asesor? 

Es un privilegio y resulta muy gratificante desde la perspectiva profesional y también como gallega. El comité es un panel con profesionales excelentes que trabajan y estudian muchísimo, lo que da un poso de seguridad en la toma de decisiones. De lo mejor que hay en trabajar en la sanidad gallega es la excelencia de sus profesionales. Pero el comité también es un trabajo arduo, con reuniones largas, mucho análisis de datos que se revisan concello a concello, sesiones maratonianas... Pero me parece que nos podemos sentir orgullosos del comité y creo que el resultado de la pandemia en Galicia no es ajeno a ello.

¿Le sorprendió que la llamaran?

Yo siempre mantuve una excelente relación con el sistema y agradecí la posibilidad de participar, porque mi especialidad es la Medicina Preventiva y tengo experiencia afrontando pandemias, crisis alimentarias y sanitarias. Yo agradecí la llamada y, como dije, lo estoy disfrutando desde la perspectiva profesional.

¿Se discute tanto en el comité como dicen?

Sí, sí, sí... No se calla nadie. Se debate y con posiciones a veces discordantes porque las decisiones afectan a la vida de las personas y tienen componentes económicos, sociales y sanitarios. Pero el prisma siempre es el de la seguridad sanitaria: lo que prima es maximizar esa seguridad para reducir los casos graves y la mortalidad.

El equilibrio entre economía y sanidad siempre es complejo.

Es muy difícil. En este caso, todas las medidas de reducción de contacto tienen una implicación directa en la economía, porque esta se sustenta en consumir, viajar, moverse, comprar, usar los servicios... y eso es justo lo que no podemos hacer ahora.

 

Tenemos que reducir las relaciones interpersonales hasta que haya vacuna

 

¿Y los políticos están asumiendo las propuestas del comité?

Sí, rotundamente sí. También es verdad que se discute desde el punto de vista político, entendiendo por político no ideológico ni partidista, sino de implicaciones políticas. Muchas de las decisiones están contextualizadas en las que se toman en el resto de España. Por ejemplo, no parece coherente y sería difícil trasladar a la opinión pública que Galicia vaya más allá en las restricciones cuando otros lugares del país con situaciones epidemiológicas peor que la nuestra adoptan decisiones más laxas. Por eso esa perspectiva política sí se tiene en cuenta.

¿Supuso el comité el reencuentro con algunos compañeros de su etapa en la consellería?

Sí, pero yo no usaría la palabra reencuentro porque nunca dejé de tener relación y contacto con los trabajadores, directivos y el staff de la Xunta. Para empezar porque me jubilé hace poco.

¿Cómo recuerda su etapa política?

Yo disfruté muchísimo y hay tres momentos profesionales que destaco. Uno fue antes de venir a Galicia, llevando el Plan Nacional de Hemoterapia del ministerio. El siguiente fue la dirección general de salud pública, cuando afrontamos la campaña del meningococo, la del sarampión, la crisis de la dioxina, la de las vacas locas... Y el tercer momento fue en la consellería, que me permitió en un momento complejo económicamente participar en decisiones trascendentales como poner en marcha el Hula, hacer el hospital de Vigo, primar a los pacientes en la política farmacéutica haciendo frente a muchos intereses económicos potentes, la crisis de la gripe A...

¡Mejor ser conselleira en aquella época que ahora!

Cada momento tiene sus cosas. Sé que tomamos decisiones trascendentes para mejorar la sanidad y la atención a los pacientes. Cuando volví de Madrid, una de las primeras cosas que hice fue subir a un monte en Vigo para contemplar el nuevo hospital. Y también tengo grabada la imagen de acero y cristal del hospital de Lugo.

¿Cree que se está gestionando bien la pandemia en Galicia?

Podemos tener la seguridad de que sí y no porque lo diga yo, sino porque lo dicen los datos. La última encuesta de seroprevalencia indica que el porcentaje más bajo de personas con inmunidad está aquí. Eso tiene una contrapartida, que es que seguimos siendo los de más riesgo hasta que nos vacunemos, pero indica que la incidencia del virus y la mortalidad es cuatro veces menor aquí.

 

Asusta que los casos se dupliquen en dos semanas y cueste mes y medio bajarlos"

 

¿Tiene miedo a lo que pueda salir de esta Navidad?

Cada brote asusta, igual que ver como empieza a virar la tendencia, porque los picos de subida son muy rápidos y contenerlos cuesta mucho más. En dos semanas multiplicamos los casos por tres o cuatro y luego necesitamos mes y medio para reducir esa incidencia. Y tras esas subidas de casos llegan los picos de ingresos dos semanas más tarde y los de mortalidad, casi un mes después. Todo eso asusta. De ahí esa insistencia en que por favor no seamos imprudentes. Nos podemos reunir en Navidad, no hablo de celebración o festejo sino de reunión, pero hay que reducir al máximo los contactos hasta que tengamos vacuna.

Esa vacuna está a la vuelta de la esquina. ¿Usted se la pondría?

Sí, sí. Primero aprovecho para recordar que si queda alguien sin vacunar de gripe que se vacune. Y segundo, por supuesto que hay que vacunarse frente al covid en el momento que nos llamen. Las vacunas pasaron todo el proceso de investigación y seguridad; los tiempos se aceleraron solo porque se acortaron los tiempos de producción y comercialización. Hubo un esfuerzo enorme para crear consorcios para fabricar pero también para comprar las vacunas antes de estar autorizadas, de forma que el día que se autoricen ya se puede empezar a vacunar. Eso es lo novedoso.

Con vacuna y todo, todavía quedará tiempo de restricciones, mascarillas y virus. ¿Cuánto?

Meses, eso seguro. Y no habrá nadie que se atreva a decir el tiempo exacto. Pero en el momento en que tengamos vacunados a los mayores de las residencias y al personal, a los sanitarios y a la gente mayor de 80 años y aquellos colectivos donde la incidencia de cuadros graves y mortalidad es mayor, en ese momento empezaremos a respirar y podremos relajar alguna restricción. Pero la mascarilla será la última e incluso no la eliminaremos ya nunca, porque se demostró que viene muy bien para contener otras infecciones.

Lleva toda la vida en sanidad, ¿se esperaba vivir algo como esto?

Confeso que en marzo, durante las dos primeras semanas, todos estuvimos en shock. Bajo ningún concepto pensamos en tener que soportar un virus nuevo con esta capacidad de transmisión y con este impacto de casos graves. Nos parecía imposible que ocurriese.

Pues dicen que cada vez serán más frecuentes.

Bueno, yo en 61 años solo viví una pandemia y la última de esta magnitud fue en 1918, hace cien años, así que yo seguiré mirando a la historia. Aunque admito que hoy la movilidad humana hace que la transmisión de gérmenes se descontrole más, como ya ocurrió con el zika, el ébola y otros coronavirus.

Una cosa buena de esta pandemia es que hemos vuelto a mirar hacia lo nuestro, nos hemos desacelerado, el aire libre se vuelve a valorar...

No sé hasta cuando durará, pero hemos descubierto el privilegio que supone estar al aire libre en un entorno ambiental saneado y sin contaminación. Y también disfrutamos más de entornos próximos. También comprobamos la gran aportación que nos hacen las nuevas tecnologías. Y la importancia de nuestro mundo agrícola, ganadero y pesquero, que espero que se plasme en un compromiso real con esos sectores porque primar los productos de aquí genera trabajo, mientras que la globalización nos generó una dependencia dramática de lo exterior. Espero que todo esto sean lecciones aprendidas.

¡Vaya! Ese parece un discurso de política. ¿Nunca la tentaron para volver?

¡No, no! No me tentaron y saben que no van a conseguir nada, así que espero que a nadie se le ocurra ese esfuerzo porque es inútil. Es un privilegio poder dedicar cada tiempo y momento de tu vida a lo que quieres y yo ahora trabajo en el ámbito social, lo que me resulta gratificante y tremendamente positivo.

 

El número de familias que atendemos en Cáritas aumentó un 30%

 

Dirige Cáritas de A Coruña. ¿Son visibles ya los efectos de esta crisis?

Llevo cuatro años en la dirección de Cáritas Interparroquial de A Coruña y marzo y abril fueron meses muy duros. La angustia que provocó el cierre de la actividad fue enorme para muchas familias que se quedaron sin nada, sobre todo en la población inmigrante. Y como Cáritas está en todos los sitios, nosotros lo puimos ver. El número de familias que atendemos aumentó un 30% y se multiplicó por tres el volumen económico de las ayudas en alimentos, higiene... Y estamos diseñando los próximos meses.

Que también serán duros...

Mucho. La Navidad es un momento espléndido para que todos nos sintamos un poco más próximos. De hecho, nuestro lema esta vez es 'Más cerca que nunca'. Aprovecho para hacer una llamada a la solidaridad, que puede ejercerse a través de donativos, de voluntariado... Necesitamos el apoyo de toda la sociedad y la solidaridad solo se mide de dos maneras: tiempo y dinero.

Mucha gente le perdió la pista desde que dejó de ser conselleira y se fue a Madrid al ministerio. ¿Qué hizo?

Volví a Galicia en diciembre de 2014 y recuperé mi puesto en el Sergas. En noviembre de 2016 asumí la dirección de Cáritas en A Coruña, que es a lo que hoy dedico mi tiempo mañana y tarde. Atiendo en la oficina, en el grupo parroquial y soy voluntaria de los economatos. Y desde marzo también invierto muchas horas en el comité clínico. En el fondo, nunca dejé el mundo profesional sanitario aunque me jubilara hace año y medio, porque siempre tengo alguna tarea especial.

¿Cómo llevó el confinamiento?

Nunca dejé de acudir a Cáritas a diario así que mi confinamiento desde esa perspectiva no lo fue tanto. En todo caso, me parece una experiencia durísima. Y a mis hijos, que están en Madrid, tardé cinco meses en verlos. Y tengo amigos a los que todavía no pude ver, así que sigue siendo duro.

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