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Y ahora toca el Brexit

Julián Rodríguez | Zona Franca

Galiciae | 12 de agosto de 2019

Boris Johnson cortocircuita la indiferencia de Galicia ante la salida de Reino Unido de la UE

EL Igape ha puesto en marcha una herramienta online de autodiagnóstico orientada a las pymes gallegas con la finalidad de ayudar a valorar su nivel de exposición individual ante los cambios que se pueden producir con la marcha del Reino Unido de la UE. La herramienta está pensada poder comparar su situación con otras organizaciones. La idea es buena y está implantada en otras autonomías. Sin embargo, la clave no está en su utilidad, sino en saber cuántas pymes gallegas han recurrido a este instrumento. Es tal el caos que se ha generado con la llegada de Boris Johnson a Downing Street que todos los cálculos que se habían realizado sobre el impacto del Brexit en la economía gallega se han torcido hacia el lado oscuro. Las consecuencias, a día de hoy, son impredecibles.

Son muchos los que todavía piensan que la posición del nuevo líder británico no es más que un ardid negociador, para intentar salvar de la forma más rentable la ruptura rompiendo con el pasado, es decir, con los planes de Theresa May. Sin embargo, si se puede valorar a un político por lo que dice, y no por lo que hace, caso hasta ahora de Johnson, es como para echarse a temblar. En resumen, el nuevo líder ha dejado claro desde su toma de posesión que la prioridad de su Gobierno es que Reino Unido esté fuera de la UE el 31 de octubre: "De no ser así, causaría una catastrófica pérdida de confianza en nuestros sistema político". Para muchos analistas, el debate ahora se traslada a la capacidad de resistencia del propio primer ministro. O Brexit o Boris, vendría a ser el axioma. La cuenta atrás pilla a la propia UE en pañales, con cambios de calado. El mandato de la actual Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, expira precisamente el 31 de octubre, y a partir de ese momento será la alemana Ursula von der Leyen quien tome las riendas.

Será un otoño de mudanza en muchos sentidos, un inicio de curso político que de momento, en España, se está midiendo en clave interna, con la complicada investidura de Pedro Sánchez. Ese es el bálsamo por accidente que impide en este momento valorar en su justa medida lo que las economía española y gallega tienen por delante en los próximos meses. Brexit con o sin acuerdo. Ese era el debate hasta ahora. Con Johnson se acabó y el relato pasa directamente a construirse sobre los cambios regulatorios que vienen, las barreras arancelarias, el tipo de cambio, los impuestos, los tipos de interés o las restricciones en la circulación de las personas. ¿Cómo afronta Galicia este escenario impredecible?

Pues a pesar del nivel de internacionalización de la econonomía gallega, muy por encima de la media española, son varios los análisis que apuntan a un impacto relativamente limitado del Brexit, incluso en el peor de los casos. Lo viene a decir alguien que ha dedicado mucho tiempo al asunto, como es el catedrático Fernando González Laxe. De acuerdo con los estudios que ha realizado en el marco del Consello Económico e Social, Galicia es una de las tres comunidades que menos afectada se vería en términos de PIB por la salida de Reino Unido de la UE. Solo le superan Canarias y Castilla y León. ¿Por qué? Pues la respuesta viene determinada por la propia especialización del sistema productivo gallego. La proporción de PIB gallego que está en riesgo por el Brexit se sitúa en el 0,57%, con especial incidencia en la industria primaria y manufacturera.

En síntesis, el dibujo podría ser el siguiente: a pesar del nivel de apertura al exterior, Galicia no tiene entre sus principales clientes a Reino Unido, que compra menos a empresas gallegas que Portugal, Francia o Italia, nuestros grandes mercados. Otro dato: el grueso de las exportaciones son automoción y textil, nada menos que seis de cada diez euros, lo que limita eventuales impactos y refuerza la tesis de González Laxe de la especialización como salvaguarda. La economía gallega recibe muy poca inversión directa de Reino Unido, una anécdota comparada con los millones de euros que se destinan desde Galicia al mercado inmobiliario británico. Y los turistas británicos que llegan a España prefieren el recurso del sol y playa que ofrece el sur.

El análisis del CES regala en su epílogo una perla y es la de las oportunidades que se presentan para Galicia con el Brexit. Aunque limitadas, entre ellas incluye la «aposta pola intermodalidade para converter a Galicia como parte integrante das conexións oeste/este europeo, a posibilidade de acollerse aos novos fondos europeos a través de proxectos de cooperación» e incluso el momento adecuado para «liderar campañas para un mellor posicionamento no atlántico europeo». Claro que hasta ahora nadie contaba con Boris Johnson.

 

La guerra por el relato de la crisis industrial

CON la industria gallega no se juega. ¿O sí? Un sector en plena recuperación, que lleva creciendo durante los últimos tres años con unos registros robustos (3,2%, 3,8% y 2,4% en el PIB, un avance similar al de los servicios) se encuentra de repente ante el abismo, bajo un durísimo fuego de reproches entre la Administración gallega y la central. La falta de Gobierno es la principal baza que juega la Xunta en este campo tan embarrado. Y es cierto que San Caetano cuenta con un gran elemento a su favor: la revisión pendiente del marco energético, que se traduce en un nuevo estatuto electrointensivo que sigue en el cajón, las amenazas a las centrales térmicas y de ciclo combinado y la guerra al diésel. Todo esto, bien agitado en la misma coctelera, produce un combinado explosivo. Y en esas andamos.

Vendidas las plantas de Alcoa en A Coruña y Avilés, ahora es la multinacional la que pone contra las cuerdas al complejo de San Cibrao con paradas de producción. Alcoa, no hay que olvidarlo, es especialista en negociar bajo amenazas. Entretanto, llegan los problemas a As Pontes, infrautilizada mientras es testigo del cierre de la central de Meirama. Y Citroën, en Vigo, comienza recortar producción ante la campaña contra el diesel, precisamente su especialidad.

Vulcano se liquida, del cierre de Poligal nadie se acuerda y los puertos exteriores de A Coruña y Ferrol, trampolines exportadores, están bajo mínimos. ¿Tiene toda la culpa de todos los males de la industria gallega la falta de un Gobierno, sea de Pedro Sánchez o de quien sea? No parece realista pensar que sí. ¿No tendrá algo que ver un escenario macro que no pinta nada bien?

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