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Domínguez Rodrigo: "Somos monógamos por cultura pero polígamos por naturaleza"

El profesor Manuel Domínguez Rodrigo. EP
El profesor Manuel Domínguez Rodrigo. EP

La mayor revolución sexual de la historia no data de mayo del 68, sino de dos millones de años atrás. Lo explicó el paleontropólogo y director del Institute of Evolution in Africa (Idea) en una charla en Santiago, donde repasó la evolución de la atracción sexual desde el Paleolítico hasta hoy.

Su equipo dirige investigaciones en África. ¿Puede afirmarse que el ser humano viene de allí?
Es de las pocas respuestas que podemos dar con rotundidad. Tenemos ahora mismo reconocida una trayectoria de seis millones de años de evolución y los cuatro primeros aparecen exclusivamente registrados en el continente africano.

Hablemos de sexo, que es de lo que versa su charla. ¿Qué función tenía en la sociedad primitiva y en qué momento se desvinculó de la función reproductiva?
Hace unos dos millones de años tuvo lugar un proceso de aridificación en la sabana africana. El alimento se hizo más difícil de conseguir y un grupo de homínidos, futuros humanos, empieza a experimentar un crecimiento del cerebro, vinculado a una mayor inteligencia, y comienza a consumir carne. Las hembras de ese grupo dejaron de señalizar que estaban en periodo fértil, a diferencia, por ejemplo, de los chimpancés, a los que se le hinchan los órganos sexuales y emiten feromonas. Ellos funcionan por instinto pero en ese grupo de homínidos la fémina comenzó a ocultar esas señales de su ovulación y, en cambio, evolucionó su anatomía.

¿A qué tipo de cambios se refiere?
La hembra perdió masa muscular comenzó a acumular una gran cantidad de grasa subcutánea que fue moldeando su forma. Esos dos procesos, regulados por la testosterona y los estrógenos, han servido para que el hombre y la mujer se diferencien y para que nos sintamos atraídos por determinadas formas. El hombre, con todo, apenas cambió, y mantiene un tipo de estructura tubular similar a la del chimpancé o gorila.

¿Qué forma adoptó la mujer?
La figura del reloj de arena, que los machos asociaban a un buen estado de salud o a que facilitaba o garantizaba la reproducción.

¿Entonces apenas han variado esos patrones en dos millones de años?
Las proporciones, es decir, la forma, se ha mantenido. Otra cosa son los volúmenes, que son más relativos. Por ejemplo en Occidente puede gustar, generalizando, la mujer delgada, y en otras culturas hay predilección porque tengan más masa corporal.

El cambio corporal es clave en la atracción. La hembra comenzó a distinguirse del macho con una forma de reloj de arena
 

¿La evolución de la morfología corporal está finalizada ya?
No. La evolución es continua, no tiene final, lo que sí está es ralentizada. Curiosamente, si retrocedemos al último medio millón de años las formas femeninas no han evolucionado mucho y en cambio las masculinas sí. Sin una transformación tan profunda como las féminas, un varón de hace medio millón de años era una  mole muscular inmensa, lo que sería hoy un animal de gimnasio.

Volviendo al mecanismo de atracción, ¿se podría hablar de revolución sexual en el Paleolítico?
Sí, de hecho es la mayor revolución en la historia humana. El sistema de atracción que vemos en otros primates, el de nuestros primeros cuatro millones de años, se cambia por una sexualidad epigámica, que va aparejado a una serie de conductas promiscuas. Lo que pasa es que en este momento estamos circunscritos a estrategias monogámicas, pero en la praxis lo que hay son poliginias y poliendrias encubiertas. Es decir, somos monógamos culturalmente pero por naturaleza somos polígamos.

¿Surgieron con esta revolución sexual otras prácticas sexuales además del coito?
Sí. Cuando comenzamos a experimentar atracción física, en vez de focalizar toda la actividad sexual en los genitales, la sexualidad se extiende a más partes. Surge un mapa de zonas erógenas, que es compartido por todas las culturas.

¿Y qué hay de la homosexualidad?
Siempre ha estado presente. Y, de hecho, se observan patrones homosexuales en primates no humanos, como los chimpancés.

"En África tenemos que lidiar con serpientes; aquí, con las administraciones"
Muchos vemos en un arqueólogo una especie de Indiana Jones que se enfrenta a impredecibles misiones en África con la emoción de poder realizar descubrimientos. ¿Cómo es en la realidad su trabajo?
Lo ha definido perfectamente. Uno va a África y tiene que estar improvisando, porque las cosas no son casi nunca como uno espera. Vivimos una situación dura. Cuando excavamos estamos rodeados de tres especies de serpiente que, si nos pica alguna, tenemos 15 minutos de vida si no nos ponemos antídoto, así que el miedo está ahí. Pero la impredecibilidad no solo se da en África, también aquí. No hay serpientes pero tenemos que lidiar con las administraciones, universidades y burocracia... Vivimos en un contexto impredecible tanto  en África como aquí.
¿Se vale de fósiles para conocer estos datos o de otros indicios?
Me valgo sobre todo de la paleantropología, que permite ir atrás en el tiempo y descubrir cuándo una criatura comenzó a tener una sexualidad como la de un chimpancé o como la nuestra.
 

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