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A paso de Ami

El Citroën Ami en el transcurso de la etapa Monforte-Chantada, en su reto de completar el Camino de Santiago desde Roncesvalles
El pequeño Citroën eléctrico ha cubierto en ocho días el trayecto desde Roncesvalles a Santiago

De todas las formas posibles en las que se puede realizar el Camino de Santiago —a pie, en bicicleta o a caballo— hacerlo en un Citroën Ami no solo resulta original sino que es adaptar la ruta a las nuevas formas de movilidad del siglo XXI.

Si el Códice Calixtino recomienda 32 etapas para cubrir el trayecto desde Roncesvalles a Santiago, el pequeño modelo de la marca francesa lo hizo en 23, repartidas en ocho jornadas.

Goyo Conde

En cada una de estas etapas un periodista especializado era el encargado de ponerse al volante de este modelo 100% eléctrico, que con una autonomía de 75 kilómetros ha demostrado que sus posibilidades de uso van más allá del ámbito exclusivamente urbano.

La propia configuración del Ami, que con una velocidad máxima de 45 kilómetros por hora se puede conducir a partir de los 15 años, hizo recomendable que los 764 kilómetros de recorrido se realizasen en su mayoría por carreteras de segundo orden, lo que no solo puso a prueba la paciencia de los conductores sino que también demostró la fiabilidad del pequeño modelo francés.

La logística para afrontar el reto era sencilla. Cada día se realizaban tres etapas, con tiempo suficiente como para que al final de cada una de ellas el Ami se pudiese recargar —en cualquier enchufe de tipo doméstico— y que un nuevo conductor se pusiese a su volante para iniciar la siguiente.

Goyo Conde

Con el fin de no incordiar a los numerosos peregrinos que estos días transitan por el Camino Francés, la ruta se desvió en Ponferrada para decantarse por el Camino de Invierno, de modo que localidades lucenses como Ribas de Sil, Mondoñedo o Chantada fueron también punto de inicio y final de etapa.

Precisamente fue el trayecto entre estas dos últimas localidades el que nos tocó realizar al volante del Ami.

Un viaje que comenzó con la única incidencia mecánica que el pequeño Citroën sufrió a lo largo de esta singular aventura. Y es que si en los peregrinos las ampollas suelen ser incómodas compañeras de viaje, en este caso fue un pinchazo, detectado junto antes de partir, lo que hizo peligrar nuestra salida.

Goyo Conde

Pero ante este tipo de imprevistos es cuando queda patente que ese espíritu solidario que dicen que se respira en el Camino se hace realidad. A pesar de estar fuera ya de su horario comercial, tanto en Autos Lemos Monforte como en Neumáticos Camino pusieron todos los medios para reparar la avería y que el Ami pudiese proseguir su marcha.

Por la vieja LU-617, el Ami supo lo duro que resulta la ruta pero, aunque la lluvia y la noche ya dificultaban el paso, el pequeño peregrino del siglo XXI fue capaz de continuar superando kilómetros y de afrontar con fuerza la última dificultad de la jornada, realizar la subida desde Belesar a la capital del Asma.

Goyo Conde

A ritmo lento, pero sin desfallecer en ningún momento, el Ami logró superar la dura prueba y ganarse un merecido descanso, a pesar de que aún tenía autonomía para 20 kilómetros más.

Tras la aventura, nos despedimos del pequeño Citroën. Al día siguiente ya solo le quedaban otras dos etapas, la de Chantada a Lalín y la que finalmente le haría llegar desde allí a la Praza do Obradoiro. Lo logró, cumpliendo así su objetivo de completar el Camino.

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