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Carta sobre Fernando Esquío

Enderezo esta carta al príncipe de las letras lucenses, Luis Pimentel; al poeta Ricardo Carvalho Calero, porque es de nación ferrolana, de la ribera misma del mar que Fernando Esquío, y, finalmente, al cronista de la ciudad de Lugo, José Trapero Pardo.

TRAIGO, amigos, habitándome desde hace tiempo en la imaginación y en el corazón, el deseo de recordar a aquel trovador gallego que, mediando el siglo XIII, viajó enamorado desde Santiago a Lugo, quién sabe si por la alegre primavera, quién sabe si por el dorado otoño. Se llamaba el ruiseñor aquel Fernando Esquío; era natural de Xubia o de Neda, orilla del mar de Ferrol, que viene en un cantar:

Pasei o mar de Ferrole
ferrolana por te vere
Pasei o mar de Ferrole
a pique de me perdere

Este Fernando Esquío es el autor de las nueve canciones más hermosas de la lengua gallega, y escojo el número nueve para mi escolma por fidelidad al reparto de las sonoras musas. La canción que digo es aquella que comienza:

Vaiamos irmana, vaiamos dormir
nas ribas do lago, ú eu andar vi
a las aves, meu amigo!

Su arco en la mano, a las aves que cantan no las quiere herir. El poeta se reconocía de la misma familia de las aves, sonora y vagabunda. En el acompañamiento más gentil que hagas con guitarra o viola, se oirá el bordón de vez en cuando. Pues este cantor vino de Santiago a Lugo siguiendo un amor, y recuerda su peregrinación  en la letras de una canción de amigo, Que yo sepa, es la única —y en todo caso la más ilustre— mención de Lugo en los cancioneiros galaico-portugueses.

Lo que yo deseo es que en esta puerta por donde entró el fidalgo trovador enamorado, se diga

Pasaría el Miño por la antigua puente y entraría a la ciudad por la puerta de Santiago. E la canción dice que "se tardou" por la "fermosa", "que vos tan parecía". Lo que yo deseo es que en esta puerta por donde entró el fidalgo trovador enamorado, se diga. Que los poetas provinciales pongamos una piedra, o labremos una de las antiguas que allí son bien asentadas desde Roma y las legiones para decir: "Por ista porta entrou, vindo namorado de Santiago a Lugo, o trovador Fernando Esquío polo ano de mil e douscentos e pico". Y aún pudiéramos precisar: "De mil douscentos de pico de ave", para dejar pasmados —que es una de las obligaciones de los poetas— a los eruditos y a los cronólogos.

Las razones que los poetas tenemos para recordar a un poeta son obvias. Bastará con indicar que no conozco poeta que lo sea que no diese vida y fortuna por que un verso suyo fuese cantado por servidumbre de amor, compañía de ardiente llama, decoro del espíritu. doloroso  decir o caricia melancólica, por una boca que florecida sea dentro de mil año. Que, de no ser así, ¿para qué en voz alta canta y para quién las rosas resucita?... Las razones que tenga Lugo, ciudad, para recordar al poeta Fernando Esquío, esas tocan al cuidado de quien rige una ciudad, y quienes la habitan, a ello conducidos y enseñados, deben poner las cosas espirituales y de honra. Las señales más notorias de este siglo son las que indican que caminamos a largas zancadas hacia una época de analfabetismo y de barbarie, de menosprecio de la inteligencia y del espíritu. El filósofo Adorno las concreta, las señala en lo que él diagnostica "el rechazo de la hermenéutica".

A quienes esta carta dirijo, pido que soliciten al Ayuntamiento de Lugo permiso para recordar a Fernando Esquío en la puerta de Santiago


Sería una lección bien hermosa, por cierto, la que diese Lugo, una de las urbes más antiguas de Occidente, haciendo fiesta un día porque hace setecientos años un poeta entró cantando como un mirlo en un jardín, por sus puertas. Esto se lo digo a mi amigo Luis Ameijide, regidor de la ciudad. Daría Lugo una alegre lección de sabiduría y de vida, de finura y frescura espiritual, y se pondría sin más ciudad tan ilustre, de la parte de aquellos que en la vieja Europa están luchando denodadamente por impedirle al espíritu perecer.

A quienes esta carta dirijo, pido que soliciten al Ayuntamiento de Lugo permiso para recordar a Fernando Esquío en la puerta de Santiago. Estoy autorizado para ofrecer, para labrar la piedra memorial, el cincel del escultor Faílde. ¿No sería hermoso día para la fiesta del recuerdo de Fernando Esquío, el domingo das mozas del San Froilán que viene? ¿Qué mejor día para que entre en Lugo, ya que no el cuerpo mortal del trovador, "polvo serán, más polvo enamorado", la memoria de sus ojos claros y su boca finamente cantora? Quizás en un callado rincón, en la sombra ser podía buscar

allá en Lugo, ú andastes

el lejano amor, como en Verona el rostro de Julieta y la palabra cálida de Romeo se buscan y se encuentran.

Carta sobre Fernando Esquío
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