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Handke, te lo dije

Sí, te lo dije cuando pensé en ti en el bar Peter, al final muchos preferirán tu silencio al cacareo, era un bar diminuto y con cuadritos en la estación de tren de Zagreb, la primera vez estuvimos allí cuando yo iba por tierra hasta el Cáucaso

UNOS AÑOS después pasé por esa estación para recorrer la antigua Yugoslavia, y ya no estaba el bar Peter, y me entró melancolía, como te entró a ti tantas veces, por ejemplo melancolía ante los gritos de las gallinas de la Otan, te demonizan porque defendiste una Yugoslavia unida de varias culturas sin fronteras, donde lo importante fueran las personas y no las identidades impuestas, te opusiste a ese montón de corrales cerrados con fronteras que hay ahora, y te negaste a decir como las gallinas de la Otan que los únicos malos fueran los serbios, que fueran los únicos nacionalistas feroces y los demás todos cándidos y demócratas, demócrata el bosnio Itzebegovic que defendía un estado islámico desde Marruecos a la India, demócratas los nacionalistas croatas que llamaban brujas a las escritoras que aún defendían Yugoslavia, demócratas los mafiosos narcos de Kosovo, nos vendían que Sarajevo era una ciudad musulmana rodeada por los serbios malvados, cuando en Sarajevo y en toda Bosnia siempre hubo tres comunidades: serbios, croatas y musulmanes, aparte de los judíos, que los francotiradores serbios apuntaban a los devorados musulmanes bosnios, cuando estos también tenían francotiradores que apuntaban a los viejecitos de los barrios serbios, nos vendían que Sarajevo era una ciudad musulmana ahogada por los lobos serbios, cuando su propio gobierno les vendía a los musulmanes los alimentos que le regalaba la Onu, nos vendían que era la democracia bosnia contra la violencia serbia cuando el imán de la mezquita decía que no vale la democracia europea, sino el islamismo —lo leemos en el propio libro en que Juan Goytisolo santifica a los musulmanes de Sarajevo—, pero tú no creíste en los cacareos porque a ti no te gusta cacarear, eres un escritor silencioso y constante.

He leído pocos libros tuyos, pero me bastan para captar tu tono y saber de qué hablas, desde aquel lejano Gaspar basado en Kaspar Hauser, el legendario hombre solitario que atrajo tanto a los expresionistas, que cuestionó con su soledad y su oscuridad todas las normas de la sociedad, al que persiguieron ferozmente y que los enfrentó a todos con su inocencia y su cara de pregunta. En una noche oscura un farmacéutico que vive en una pequeña ciudad apartada de todo de pronto se sale de su círculo y se pone a caminar, traspasa las fronteras y pasa por un montón de pueblos sin nombre, porque a ti no te importan mucho los nombres ni las definiciones, te importa el aspecto metafísico y extraño de las cosas, lo cual es otro crimen en nuestro tiempo de psicología barata y de novelas policiacas, en una noche oscura como en la de San Juan de la Cruz al que admiras alguien se pone a averiguar quien es a través de un bosque y de unas ciudades con personajes casi abstractos, lo acompañan un poeta y un deportista, lo persigue una mujer que aparece y desaparece en las noches en su vida, siempre pones así personajes solitarios que buscan saber quienes son en la tierra, contra el fondo de una noche de extrañeza, más allá de los folklores y los nacionalismos, tu literatura habla del silencio y no encaja en los nacionalismos.

En La mujer zurda esa mujer tiene una iluminación de repente y descubre que quiere estar sola, le aburre que el marido le diga que es tan feliz con ella, la felicidad le parece algo ramplón y pesado, ella quiere saber quien es con su angustia, está sola con su niño y cada acto resulta extraño, hasta que al final reúne a un montón de gente en su casa, pero todos resultan elusivos y extraños, todos se pierden, y en aquel libro ‘La repetición’, que recordaba a Kierkegaard ibas de viaje otra vez por Eslovenia, pero apenas nos enterábamos de que era Eslovenia, a ti te interesaban los detalles mínimos y proustianos que unen a la gente, no los que los separan, y comprobabas que la repetición es imposible porque siempre hay nuevos matices y la persona no es nunca la misma, y al final en la región kárstica al sur de Eslovenia comprobabas la libertad del agua, lo que hace el agua para erosionar los terrenos calizos y aligerar las cosas, lo que hace el agua que se cuela por todos los intersticios, porque en otro libro declaras que a ti solo te interesan los intersticios, y yo creo como tú que son lo más interesante, más que las líneas y las fronteras. Porque las gallinas corean lo que les manda la Otan y la versión oficial histérica y simplista, como aquellos titulares que recuerdo que hablaban de cientos de miles de kosovares perseguidos por los serbios para justificar los bombardeos a Serbia, y al final en muchos casos las fotos mostraban a los propios serbios que escapaban de los matones de Kosovo, tú haces una literatura silenciosa y obstinada, no te interesan las frases chillonas y sensacionalistas, no acumulas imágenes ni comparaciones chocantes, en tus libros parece que estás susurrando, que nos hablas en voz baja, no quieres apabullarnos, sino que escuchemos de verdad, no quieres entrar con pitos y sonajeros sino que escuchemos tus frases calladas y extrañadas, quieres que escuchemos las cosas pequeñas como tú, una vez dijiste que las pequeñas cosas serían las que unieran a los yugoslavos en lugar de las doctrinas feroces que los separan.

Otra vez dijiste incluso que lo que uniría a toda la Humanidad serían las setas, las setas serían el único tema que no provocaría discusiones y guerras, me fascina tu fascinación por las setas, la gente haría muy bien en buscarlas entre los bosques como tú, ya no digo las setas alucinógenas de Robert Graves que provocaron religiones y literaturas, pero sí esas calladas que no tienen grandilocuencias ni propagandas, que nos hacen vivir, igual que las repeticiones que no son repeticiones y nos indican lo que tiene de único la vida, y según tú tendríamos que centrarnos en eso y no en levantar fronteras ni en organizar carnicerías, ni en desmantelar Yugoslavia para convertirla en pequeños trocitos cerrados y débiles como le interesaba a Estados Unidos, y ahora también quieren hacerlo con Europa entera, seguro que tú les propones a todos que se pongan a buscar setas, que se dejen de consignas grandilocuentes y se pongan a buscar setas.

Handke, te lo dije
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