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Los artículos que, en barra libre, publico los domingos en la última página de la edición impresa de El Progreso.

Lavarse las manos

Vecinos de Denia. LEVANTESE LAVÓ las manos en casa de una vecina y se marchó. No esperó por los agradecimientos, los halagos, los focos, las cámaras... No dijo ni su nombre, solo se lavó las manos y siguió con su vida como si nada, como si cinco minutos antes no hubiera salvado la vida de aquel hombre.

Leo en el diario Levante que pasó el viernes, en Denia. La información está ilustrada por una foto sin firmar, seguramente hecha por otro vecino con su móvil. En ella se ve a un negro vestido con unos pantalones y una camisola turquesas de inspiración africana, a punto de descolgarse por un balcón con un hombre, blanco, al hombro, mientras la humareda negra que sale desde el balcón a la calle testifica el incendio que se está produciendo dentro; el negro apoya el pie en una escalera que aguantan otros tres vecinos; vecinos del hombre que sale a hombros del negro, quiero decir, también blancos.

Cuenta el redactor que es un inmigrante "senegalés o marroquí, no estaba claro". Pasaba por una calle cercana al puerto de Denia cuando oyó las voces de alerta y vio el incendio. Era en una casa de planta baja y primer piso en la que vivía un blanco de 39 años enfermo y con dificultades para caminar. Los otros blancos echaron abajo a patadas la puerta de su vecino, pero el humo y las llamas no les dejaron llegar al primer piso, donde se escuchaba cada vez más débil la voz de socorro. Cuando volvieron a la calle y pensaron en ir a buscar una escalera, apareció aquel negro vestido de horizonte sobre el mar, escaló por la fachada, entró en la casa, se echó al hombre blanco al hombro como un fardo y lo bajó por el balcón.

La víctima tenía quemaduras en el esófago y un nombre, uno de blanco vecino de otros blancos: Álex, dice el periódico que se llama. El del negro no lo pone: "Se ha marchado y casi no le hemos podido dar las gracias. Ha sido muy valiente, un héroe", cuenta al redactor la vecina que le dejó entrar para lavarse las manos. "Héroe anónimo", llaman al negro, y también "inmigrante senegalés", aunque después resulte que podría ser marroquí. Puestos a especular, podría ser español de segunda generación, no se puede saber porque él se lavó las manos y se marchó, pero era negro y parecía uno de esos africanos vestidos de alegría.

Hace unas semanas una española, blanca, con nombre, se plantó ante un centro de menores inmigrantes sin famila que está en Hortaleza. Privados hasta de sus nombres, los llamamos Menas para despersonalizarlos. La blanca española con nombre, Rocío Monasterio, los señaló como el epístome de la delincuencia nacional. Esta misma semana, alguien arrojó una granada casera al patio de ese centro. Todavía se investiga si no estalló por suerte o por chapuza, pero todo hijo de vecino sabe que habrá más intentos.

El mismo día que ese negro anónimo salvaba la vida de un español blanco arriesgando por nada la suya, la Asamblea de Madrid debatía la aprobación de una condena institucional contra ese ataque al centro de menores y contra los mensajes de odio que lo alentaron. No fue posible aprobar ni siquiera una triste condena institucional porque los españoles y españolas blancos de Vox y sus vecinos del PP lo impidieron. Luego todos se lavaron las manos y se quedaron.

Lavarse las manos
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