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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia y el dinero de la UE

A Mariña y As Pontes deben ser parada obligada para ese mermado fondo de reconstrucción
Galicia y el dinero de la UE
Galicia y el dinero de la UE

El Plan Marshall no fue solo una lluvia de millones de dólares que regó Europa tras la Segunda Guerra Mundial, con un impacto que se sintió con especial intensidad en Reino Unido, Francia y la naciente Alemania Occidental. Se trataba de una palanca de crecimiento que, como sucede ahora con los fondos de reconstrucción aprobados por la UE, tenía su condicionalidad, socorrido término que edulcora obligaciones. ¿A cambio de qué llegó entonces el dinero yanqui? Pues la contraprestación pasaba por cierta apertura comercial entre países, con la disminución de barreras arancelarias, una menor regulación de la actividad económica y los negocios y cierta modernización industrial. Un chute de liberalismo en lo económico mediante reformas estructurales, vamos.

Resulta ingenuo, por tanto, confiar ahora en que la Unión Europea no vaya a establecer válvulas de condicionalidad a cambio del reparto de los fondos tras un acuerdo ciertamente histórico y más allá de todos los contrapesos que exigieron los socios más insolidarios: Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia, con la incorporación de última hora de Finlandia. Las pensiones, la reforma laboral, cambios en la administración pública... Todo llegará. Sin embargo, toca ahora celebrar un acuerdo que lo primero que ha logrado es evitar que la propia Unión Europea se rompa en dos. Porque estábamos al borde del precipicio.

Soplan vientos de cambio para España con unos 140.000 millones de euros del fondo de recuperación europeo, de los que 72.700 millones se darán en ayudas directas, transferencias, y el resto en créditos. La cifra marea: equivalente al 11,2% del PIB. A la vez, el recurso al endeudamiento mutualizado, es decir, la emisión de deuda conjunta con la garantía del propio presupuesto europeo, representa un salto de gigante tras años de tiras y aflojas con los dichosos eurobonos. Porque esto es lo mismo pero sin llamarlo así. El importe global que manejará el fondo, 750.000 millones financiado con deuda.

Más allá del debate suscitado entre los socios o del recorte del importe inicial planteado, Galicia se debe detener en la letra pequeña, porque es el tablero de juego a partir de ahora. Y es que la partida más importante del fondo de reconstrucción, el llamado Instrumento para la Recuperación y la Resiliencia, que financiará reformas e inversiones todavía no muy explicitadas, incrementa sus recursos, pero el resto de programas sufren importantes recortes e incluso el de rescate de empresas se ha eliminado directamente. Los destinados a ciencia, y sobre todo a transición energética justa, se llevan el tijeretazo. Primera piedra en el camino. Ana Miranda, la diputada europea del BNG, ha sido de los primeros en llamar la atención sobre todo esto, al alertar de "la eliminación de un total de 80.000 millones, de forma que el Fondo para la Transición Justa, que tiene por objetivo completar la descarbonización en Europa, pasa de 30.000 millones a 10.000 millones", algo que puede ser determinante para el futuro de comarcas gallegas enteras.

La crisis del Covid-19 se solapa a otra, la industrial, con epicentro en A Mariña y réplicas en As Pontes y Meirama. Galicia deja el carbón sin nada a cambio hasta ahora. Y ese es otro precipicio por el que se despeñarán cientos de empleos si no se corrige a tiempo. El hecho de que durante el año pasado la primera criba para las ayudas europeas para la descarbonización penalizase a As Pontes y Meirama por no ser áreas extractivas de lignito, sino que lo importaban y lo transformaban, en nada ayuda a ver un escenario mínimamente despejado.

En A Mariña, con la crisis de Alcoa y la búsqueda in extremis de soluciones para la continuidad de la planta de aluminio ya sin la multinacional norteamericana, está sobre la mesa precisamente el uso de energías limpias para abastecer la fábrica (producción de hidrógeno verde, que tira para la electrolisis de fuentes alternativas) como una de las patas sobre las que se apoye su futuro, además de contratos estables de suministro. La Xunta, con sus proyectos tractores, también se ha embarcado en la aventura del hidrógeno. Pero todo está en el aire.

Como cuando se plantea un café para todos, ya sea en reparto de fondos del Covid, de reconstrucción o de la PAC, es en Madrid ahora donde está la batalla. Porque el dinero de la UE es más que oxígeno para Galicia.

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