domingo. 15.09.2019 |
El tiempo
domingo. 15.09.2019
El tiempo

Los referentes que no hay

La celebración del aprecio por lo que somos está más vivo en los gallegos del exterior

SEÑOR DIRECTOR:

¿Pierde esta tierra la celebración y la atención a sí misma, a lo que la defina y a los elementos materiales, culturales y espirituales que, generación tras generación, hacían que nos sintiésemos identificados, unidos a ella? ¿Está en proceso acelerado de desaparición el 'mito e realidade da Terra Nai', del que brillantemente nos habló Rof Carballo? Si el imaginario de país se corresponde con el que proyectan los medios audiovisuales es fácilmente deducible que este país imaginado, esta personalidad sociocultural que nos definía, asiste a un proceso de descomposición final, que se diluye en una realidad semiurbana. Incorporamos del exterior todos los subproductos de que trae la lluvia ácida de la globalización en forma de uniformidad cutre en sus expresiones y no en el acceso y la permeabilidad global a las grandes expresiones culturales universales.

Aquí llegan, y retrasadas en la incorporación a las corrientes de cambio, la epidermis que refleja o exhibe la cultura de masas de las periferias de las grandes urbes. Si el imaginario de país es el que proyecta la cadena de música de la radio pública gallega, evidentemente que se ha perdido el mito y la realidad del 'Nós' en favor de la nada de los 'triunfitos' y la copla que nos une como españoles ante la incapacidad de vertebrar políticamente la unión en la diversidad.

Quien me formulaba este diagnóstico, aseguraba que el aprecio y respeto por lo que define el 'Nós', lo que siempre hemos entendido que nos une, está mucho más presente y vivo entre los gallegos del exterior, fundamentalmente en América, pero también en los gallegos de Madrid, Barcelona o el País Vasco. ¿Es realmente una fiesta común, popular, que nos une, el 25 de Xullo? Probablemente sea más vivida como colectividad, como expresión de común pertenencia, entre los gallegos de Nueva York o Barcelona que en la propia Galicia.

No nos flagelemos como gallegos. Hagámoslo como españoles. Si Santiago es el patrón de España, eso decían, este debe ser el único país del mundo que, en una confusión del culo con las temporas, y por aquello de ignorar la religión, mantiene esa jornada como laborable. ¿Es o no patrón de España? No cabe la pregunta cuando una ministra actual igno raba públicamente estos días que el 15 de agosto, la Asunción, es jornada festiva en media Europa. La señora ministra daba a entender que este festivo de agosto es un lastre confesional en España.

Atonía

Realicemos una nueva cala y se la dejo ahí para analizar y discutirla, si así se estima. ¿Es una visión errónea y pesimista sostener que Galicia pierde el interés y el aprecio por sus indicadores de identidad y referencia? ¿Es exagerado o es una visión pesimista y errónea afirmar que la Galicia de las dos primeras décadas del siglo XXI carece de referentes a los que se escuche por su autoridad intelectual reconocida, por su reputación y credibilidad, más allá de círculos de proximidad? Me refiero a personas que propongan y marquen líneas de futuro o den voz de alarma ante determinados rumbos. Sería el papel que tradicionalmente se le atribuye a los intelectuales. La percepción que tenemos de las dos primeras décadas del siglo XX en aquella Galicia, con intensa creatividad cultural y política, es bien diferente a esta de la comunidad autónoma de de hoy, con competencias, con idioma co oficial, pero litúrgico, con presupuesto. Nunca tan dueña de sí misma.

Contrastaría sin embargo aquella de la Xeneración Nós o de las Irmandades da Fala, con la hipotética atonía actual. Esta Galicia podría parecer incluso menos interesada por sí misma que la que llega a la transición del franquismo a la democracia parlamentaria y a la autonomía. Aunque esta última, en lo que recuerdo en el ejercicio del periodismo, no fue precisamente una explosión de una gran fiesta hasta que a última llegan las grandes manifestaciones urbanas contra el Estatuto del 'aldraxe'. Un calificativo que, por cierto, introdujimos un grupo mínimo de periodistas en un telegrama que remitimos al presidente de la Comisión correspondiente del Congreso. Guardo el original.

La voluntad de influencia está aquí canalizada y dirigida por las siglas partidarias, los desencuentros sonoros y sonados de grupos y grupúsculos dentro de una misma institución —ahí están las noticias que produce desde hace algún tiempo una institución como la RAG—, o la influencia va tras los caminos que conducen a la subvención. En una confesión no desinteresada, con demasiada frecuencia se identifica presupuesto, reparto de ayudas o contratación de personal con la normalización social de la lengua, fomento de la cultura propia o la la significación como país. Habría que auditor la eficiencia del dinero público que se lleva destinado a estos hipotéticos fines.

Revisar

Muchos de aquellos referentes del conocido en los años de la transición como galleguismo 'histórico', o sencillamente galleguismo, quedaron finalmente silenciados de polémicas y alguna que otra descalificación. Se impuso el dogma partidario de monocultivo nacionalista. Pasado el tiempo, convendría revisar las descalificaciones que se hicieron o cuando menos analizar desapasionadamente aquellas posiciones, como las que se practicaron contra Ramón Piñeiro.

Podríamos pensar que con estas preguntas sobre la existencia o no de referentes estamos ante una típica y tópica portada de publicación francesa, que suele ir acompañada de amplio dossier interior. Nos podría valer como ejemplo el prestigioso y progresista L'Obs. Estas publicaciones se preguntan de tiempo en tiempo si como país no hay que tumbarse en el diván del psiquiatra para ver quiénes son, qué los paraliza y a dónde van. Coincidirá usted conmigo en que, aunque sea propio de quienes pasan el tiempo mirándose el ombligo o de quienes mitifican el pasado siempre como grandiosidad, sin ver el fracaso y la miseria, este tipo de enfoques es como mínimo sintomático de que existe una percepción de pérdida de pulso dentro del país y de peso hacia el exterior. Si uno se siente enfermo, finalmente lo estará.

Sabemos que esta temática es un indicador de sequía informativa en tiempo vacacional. Usted como yo habrá reparado en una curiosidad: los seriales de verano de los medios europeos se ocupan, portada incluida, de asuntos que diríamos de aula universitaria. Rousseau o Freud fueron portada en algún semanario general, con la misma dedicación que nosotros poníamos en el posado playero de Ana Obregón en Mallorca. No seré yo, señor director, quien obtenga conclusiones de estos matices diferenciales. Para esa tarea imagino que existen con más autoridad las numerosas facultades de comunicación en Galicia.

Adormecida

Si en este largo puente de agosto nos preguntamos por la hipotética ausencia de grandes referentes en el galleguismo y en Galicia, no significa que la información general no fluya intensa en este agosto meteorológicamente extraño aquí. Contamos con puntos de máximo interés para el preámbulo del otoño próximo. El motor alemán parado y suena la amenaza de una nueva recesión en momentos de inestabilidad política por muchos países de Europa. No se han hecho los deberes que aparecían como obligados en la profundidad de la crisis anterior. Un riesgo añadido. En España hay previsión de elecciones para noviembre. La actividad electoral del Gobierno de Pedro Sánchez parece confirmarlo. Para entonces, el Reino Unido habrá abandonado la Unión y se conocerá la sentencia de los políticos independentistas catalanes juzgados en el Supremo. No es poco.

Fue, como le dije, un atento observador de la realidad gallega quien me hizo reparar días atrás en que en Galicia habían desaparecido los grandes referentes, respetados y sin vocación de ocupar el poder político, que en una sociedad viva marcan rumbo, generan interés y respeto por lo que dicen. Metamos ahí intelectuales, como el grupo que en la España de Franco puso en marcha Galaxia, escritores que eran leídos y escuchados por amplias capas de la sociedad, más allá de círculos estrictamente interesados por la cultura libresca, o empresarios con visión y compromiso de país, al modo de lo que pudo ser José y Antón Fernández, Peinador. Valentín Paz Andrade o el propio Pedro Barrié en la creación de empresas o de su Fundación.

No hablamos, ni usted ni un servidor, de ‘guías’ que anulen o manipulen la voluntad de los ciudadanos. Nos referimos a auténticos despertadores y voces libres que emiten sus opiniones, desde la autoridad reconocida, y que merecen respeto aunque se discrepe y no se comparta lo que opinan. Es, si se quiere decir así, la aristocracia del pensamiento. Nada que ver con un ‘influencer’ actual en las redes sociales. Hablamos de la influencia desde la autoridad de un pensamiento. Un artículo en prensa de García Sabell sobre el Estatuto gallego fue, por ejemplo, un aviso para quienes habían acordado en Madrid, cubierta la papeleta de exigencia con Cataluña y Euskadi, hacer el corte autonómico a la baja con Galicia.

Quien me hacía este análisis que hoy intento transmitirle, pronosticaba décadas atrás un futuro, que es el hoy tristemente real. Numerosos jóvenes bien preparados estarían fuera del país, a la busca de oportunidades de trabajo en la España próspera o por el mundo. Quien esto me diagnosticaba con acierto es un observador sin militancia de partido, aunque muy atento al acontecer político. Entiendo, señor director, que merece credibilidad o, cuando menos, tomarlo en consideración ahora cuando habla de ausencia de referentes de autoridad y de una colectividad que pierde pulsión de futuro. Nada que ver, como usted supone, con mimetismo con los nacionalismos secesionistas de Cataluña o de otras regiones de Europa. Aunque algunos tendrán que asumir que la globalización lleva consigo descentralización y fortalecimiento de las identidades menores.

Por cierto, y termino, a los medios de comunicación, nos trasladaba este analista mucha responsabilidad en el desinterés general por lo que somos y por el futuro de este país. Somos, en definitiva, los medios espejo de una dolencia como país. No le puedo exigir al espejo que mejore mi aspecto.

Atentamente.

Los referentes que no hay