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Análisis y opinión

Quién lleva los intereses de Galicia

Los silencios se explican por unos partidos cerrados, con núcleos dirigentes centralizados que ejercen la selección
Quién lleva los intereses de Galicia.MX
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SEÑOR DIRECTOR:
¿Suena la voz de los intereses y problemas de Galicia en el Congreso de los Diputados o en el Senado como correspondería al número de representantes por las circunscripciones gallegas? ¿Se escuchan en el hemiciclo los problemas y demandas de este país más allá de una anecdótica referencia, si se produce? Alcoa puede ser un buen test y los comportamientos diferentes de los representantes políticos en función de quién gobierna son sintomáticos de la instrumentalización partidista y la obediencia a la estructura central en asuntos de interés general para Galicia.

No hemos avanzado nada en una histórica polémica, salpicada de trampas por unos y otros, sobre el papel que ejercen en el Congreso con relación a las cuestiones de Galicia los diputados gallegos. Se puede plantear de otra forma, ¿la organización y la estructura de poder en los partidos de ámbito estatal se ha adaptado a la realidad de la España autonómica? Está la excepción del PSC y su confluencia con el PSOE, algo que después de cuatro décadas no acaban de asimilar algunos dentro y fuera del PSOE. Incluso en Alemania, donde la estructura y el ejercicio del poder es realmente federal, hay recelos en la CDU, la democracia cristiana federal, por los excesos nacionalistas en la versión socialcristiana de Baviera (CSU).

Nos podemos preguntar también, aunque abriríamos otra vía y quizás la fundamental, si la tradicional ausencia o escasa presencia de la temática de Galicia en el Congreso, Senado o en el diseño de las políticas generales responde al peso -o escaso peso- del poder, desde la demografía a la economía, de este territorio del noroeste peninsular. Y la otra pregunta, también para el examen interno: qué capacidad y voluntad hay de generar poder y ejercerlo como sociedad más allá de medros o vanidades individuales.


'Caladiños'

Del lado nacionalista, como hizo Ana Pontón en la campaña electoral, se sostiene que para hacerse oír en Madrid es necesaria la presencia de representantes que formen parte de siglas o partidos de obediencia únicamente gallega. También desde el nacionalismo se argumenta que los diputados o senadores gallegos en organizaciones estatales están sometidos al criterio de una estructura y mando centralizado en el que, para mantenerse y ascender, hay que someterse y apoyar la posición del aparato central o del gobierno de turno cuando se corresponde con la propia organización.

En algunas ocasiones se habló de los "caladiños" como una acusación a ese silencio. Hay un argumento de respuesta que es una auténtica quimera metafísica: pretende identificar el interés general de la nación con las líneas que dicta el partido, el aparato del partido. Las cuestiones de Galicia serían consecuentemente menores. Algunos lo interiorizan y les sirva para justificar la inacción ante Galicia. Una tarifa para las industrias electrointensivas, ¿deben o no entenderse como de interés general? Los hechos hasta ahora dirían que no.


Liderazgos fuertes

Los partidos son organizaciones profesionalizadas, centralizadas que evitan cualquier discrepancia interna. Son aparatos monolíticos. Distribuyen incluso argumentarios entre los suyos para que exista un discurso único ante la menor cuestión; sirve incluso para algunos tertulianos en la radios y las televisiones públicas. No hay debates que presenten enfoques diferentes. Hay adoctrinamiento y monólogos.

Solo en el caso de liderazgos autonómicos fuertes, como ahora mismo en el PP gallego con Núñez Feijóo, se llega a sostener una línea propia que resiste la tensión frente al aparato central. Touriño es uno de los mayores intentos frustrados en el PSOE. Las llamadas baronías territoriales se toleran por el arrastre electoral que pueden representar. Pero incluso hay excepciones. Dos ejemplos de Fraga frente a Aznar: 1) la propuesta de administración única, una idea perdida para racionalizar la estructura de las administraciones y disminuir las tensiones centro-periferia, o 2) la imposición del criterio centralista aznaril en la gestión de la catástrofe del Prestige, que relegó a la Xunta. Fraga se fue de caza para que se visualizase la marginación.

Desde los partidos estatales, estos argumentos se quieren invalidar con la calificación de nacionalismo. En realidad, y ejemplos hay en España de grupos regionales desde Teruel a Cantabria, en donde únicamente cabe hablar de organizaciones para participar en el poder, sin carga ideológica nacionalista alguna. Desde los partidos estatales se argumenta también con la carencia de fuerza que pueda tener una pequeña representación estrictamente territorial dentro de la política española. A veces, claro, sucede que sus votos son decisivos para llevar a un candidato a la Moncloa. Supone ese argumento que la incorporación a una mayor dimensión se traduce en mayor peso para el que se incorpora.

Al menos, en las fusiones bancarias y empresariales no es cierto: no quedan ni restos de la identidad menor anterior.


Gorgoritos

Tengo al profesor y exsenador Xaime Barreiro Gil por persona de criterio fundado, al que conviene atender por su saber académico y por su larga y destacada carrera política. Por esta razón leo con interés sus artículos semanales en el periódico compostelano El Correo Gallego. Me sorprendió el pasado jueves. Al exsenador socialista, y exportavoz de su grupo en el Senado, le molestó la pieza dominical del amigo Alfredo Conde por una afirmación que siempre molesta en los partidos de obediencia central. El escritor, que fue diputado y conselleiro como independiente con el PSdeG-PSOE, recogía la opinión de que el diputado en el Congreso Néstor Rego, el único del BNG, había hecho en su labor parlamentaria por Galicia más que los restantes diputados gallegos. Es una opinión que molesta, parece. Para el exsenador socialista la causa radica en el reglamento del Congreso que "genera una crasa inequidad entre los parlamentarios". ¿Perjudica a los otros grupos? En realidad sucede que los partidos integrantes del Grupo Mixto se reparten proporcionalmente el tiempo que corresponde al Grupo y así suben todos a la tribuna. No hay favoritismo. Sucede que en los partidos de estructura estatal hay una única voz, que responde a la lógica de una organización monolítica. La cuestión, por tanto, está en el funcionamiento de los grupos.

La concepción autonómica de España no se asumió en el funcionamiento de los partidos y no hay discurso autonomista frente al nacionalismo y el centralismo

En lugar de sumas y restas del número de diputados, la cuestión que planteaba el amigo Alfredo Conde, no es un gorgorito de campaña que formuló Ana Pontón. La cuestión surge inevitablemente en múltiples ocasiones. La mejor respuesta es con datos. Apórtense cifras de iniciativas, intervenciones y actividad parlamentaria relacionada con Galicia de cada uno de los representantes por las provincias gallegas y contaremos con una herramienta objetiva para el debate.

No es cuestión de nacionalismos aunque sea la respuesta acusatoria que se recibe. Molesta intelectual y políticamente que el debate esté todavía en esos términos. Significa que la concepción autonómica de España no se ha trasladado al funcionamiento de los partidos. No hay ni discurso autonomista frente al nacionalismo o frente al centralismo que pretende monopolizar la idea de España.

Es el sistema electoral "de unos partidos cerrados, donde la selección de élites de los mismos recae en núcleos dirigentes centralizados y el papel del votante en la selección intrapartido es nulo" (''La urna rota'. Politikon) . Es cuestión de listas cerradas. Es cuestión de la negación de la representación por circunscripción y la consiguiente desaparición de la necesidad de escuchar y dar cuenta ante la misma. Es el temor a la discrepancia, a la fragmentación o al poder del elegido. Es la no adaptación del funcionamiento de los partidos a la estructura autonómica.

De usted, s.s.s.

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