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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Los problemas de los famosos

Existen profesionales seleccionadores de libros y quienes los contratan

Maruxa3LEO UNA ENTREVISTA al seleccionador de libros de Gwyneth Paltrow. Tal persona existe, así se gana la vida y, por si fuera poco, se llama Thatcher Wine. Dice que la actriz remodeló su casa y cayó entonces en la cuenta de que necesitaba 500 o 600 libros más para completar sus estanterías. Ahí entró él en escena. Se decidió a «expandir su colección» tirando de los temas que a Paltrow le interesaban: moda, fotografía y «cultura». A mí estas entrevistas me abren el apetito porque ahora quisiera yo saber cuáles son específicamente los libros de cultura y pienso, loca de mí, si no lo serán todos. Wine compró los libros y los colocó. En el comedor se ciñó a una paleta de blancos, negros y grises porque es una habitación que apenas se usa para leer. Hala, arreglado, arreando Gwyneth.

Me gusta saber de los problemas de los famosos. Y me refiero específicamente a los de los famosos, no los universales, los de los seres humanos que resultan que son famosos, los de bajarse al barro. Hablo del problemón que es hacer una obra en casa y percatarse de que te falta biblioteca. De que te critiquen por lo que contamina tu jet. De que haces una dieta rarísima y, además, la cuentas y, además, te imitan y, finalmente, se quejan de que es insana y alocada y te ves obligada a medio disculparte ante las sociedades científicas de Endocrinología. Esos dramas.

El equivalente modesto de los problemas de los famosos son las digresiones en las charlas con amigas, la facilidad con la que torcéis la esquina de los temas mundanos. Habláis del Gobierno —esa cruz, esa gentuza, cómo se atreven a dejarnos así, qué país, yo no aguanto otra campaña, yo tampoco, aumentará la abstención, todos deberíamos ir a votar pero no lo vamos a hacer, todos deberíamos volver a votar exactamente lo mismo y que se aguanten, pero no lo vamos a hacer; ¿son esas personas líderes? Yo no lo creo, yo tampoco— y sin pausa, de forma orgánica y fluida, pasáis al debate sobre cómo te quedaría una media melenita, si debes cortarte el pelo en invierno o en verano, si parecerás la infanta Margarita, si está superdemoda parecer una Menina.

Eso es un respiro, un coger aire, el minuto de contemplación que te das por la mañana, mientras sorbes el café, y que acaba siempre con el sobresalto de mirar el reloj. Hay que perder un poco el tiempo igual que hay que hablar de melenitas y leer sobre los problemas de Gwyneth en el medio del Brexit, las elecciones y el hecho incuestionable de que a las mujeres nos siguen matando.

Qué vida es la vivida sin ligereza. Tenía razón Gil de Biedma en todo, también en lo de que uno se da cuenta más tarde que la vida iba en serio. Pero precisamente porque va en serio hay que darle espacio a Thatcher Wine. Esta es mi teoría en este 2019, algo que hubiera despreciado en la adolescencia, época de insufrible intensidad. Me parezco ahora retrospectivamente insoportable, cuando todo era tan importante. Si todo lo era, qué lo era realmente y cómo vivir sin sentido del humor.

Para ordenar nuestros libros el bueno de Thatcher nos invita a preguntarnos qué historia queremos contar. Por lo visto, no basta con la historia de una persona que un día compró y leyó esos libros por puro interés en su contenido. Hay otra. Y si no la tienes clara te vas a pasar ordenando y reordenando estanterías hasta el infinito. Para facilitarte el trabajo, vende cubiertas de libros personalizadas. Quizás te gusta Jane Austen, pero quieres un toque fosforito en el lomo, plantea como posibilidad. Cuando le piden que mencione tendencias dice que los estoicos están muy de moda. Si los estoicos levantaran la cabeza.

Como en todo delirio aparece el brote tierno de una realidad, Thatcher planta en la entrevista una verdad como un mundo: lo acogedores que son los libros, cómo hacen hogar y cuánto dicen de nosotros. Si alguna vez ha entrado en la librería de un país extranjero, donde se hable un idioma del que no sepa decir una palabra, y se ha sentido como en casa, si se le baja la tensión arterial al entrar al silencio recogido de una biblioteca, si contemplar sus estanterías le tranquiliza de cierta manera, coincide con Thatcher.

Para sobrevivir a los meses que nos esperan, para seguir adelante en esta época del ansia y la incertidumbre, mi receta es la siguiente: paseos ensimismados por un entorno con hojas; ya sea originales, de árboles, o producidas, de libros, y una ración periódica de problemas de famosos. A ser posible con presencia thatcheriana o similar.

Los problemas de los famosos