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Un falso juez indignado

En 1678 un vecino de Bértola (Pontevedra) llamado Domingo de Seoane Mouralle, fue designado limosnero en varios lugares de la comarca de Benavente, pertenecientes todos ellos a la Orden de la Santísima Trinidad. Un limosnero era el encargado de tomar y distribuir las limosnas. No era el mejor cargo al que se podía aspirar pero tampoco estaba tan mal. Las responsabilidades eran limitadas, el trabajo no era agobiante y estaba razonablemente bien retribuido. Pero aquello le pareció poco a Domingo de Seoane, un hombre ambicioso que se consideraba capacitado para más altas funciones. 

ParanormaliaLlegó nuestro amigo a su destino y poco a poco comenzó a ejercer labores que sobrepasaban lo encomendado. El tío se hizo pasar por juez y se puso a dirimir pleitos, conceder absoluciones y dictar sentencias. Y no debió hacerlo mal, pues hasta pasados tres años nadie advirtió el engaño. En realidad, quien descubrió el caso fue un tal Francisco Moniz Bernardo, que era quien lo había nombrado limosnero. El 17 de abril de 1681 Francisco acusa a Domingo ante un juez de verdad. No tenemos la transcripción del caso, pero es de suponer que Francisco se pasó algún día por Benavente y se encontró a su limosnero administrando justicia. Nadie hasta entonces, ni fiscales, ni acusados ni escribanos, ni alguaciles se habían dado cuenta de que el juez era un intruso. Cómo llegó a ocupar el cargo es algo que desconozco. Es de suponer que falsificaría un nombramiento. Ni idea. 

Tampoco sabemos cómo consiguió evadirse tras ser descubierto, pues el 26 de junio se dicta orden de búsqueda y captura. Poco después es finalmente detenido e ingresado en la cárcel de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, donde permanece durante 40 días, tiempo en que ha de pagar una fianza. El asunto pasa a los tribunales eclesiásticos y se le ordena presentarse ante los jueces de la Cruzada de Oviedo, jurisdicción que correspondía a la Orden de la Santísima Trinidad. 

Lo más curioso del asunto es que en los documentos de la acusación se le pretende natural de Mondoñedo. Y nuestro falso juez, que no se molesta en negar ninguna de las acusaciones, se indigna y siente la necesidad de aclarar precisamente ese extremo. "Seré un farsante, sí, y qué —viene diciendo— pero no soy de Mondoñedo. Yo soy de Bértola". Eso es amor al terruño. En Bértola deberían poner una calle a Domingo de Seoane Mouralle y nombrarle juez honorario. Pocos habrán querido a un pueblo tanto como Domingo, de quien yo me declaro admirador desde ya. Que un acusado reconozca sin problemas un delito de usurpación de funciones durante tres años y luego se indigne cuando se confunden con su lugar de origen dice mucho en su favor.

Lo que me interesó de esta historia fue su insistencia furiosa en ser natural de Bértola y no de Mondoñedo

Para conocer con más detalle la historia de este hombre habría que ir al sumario. Yo sólo tuve acceso a la descripción de los documentos, un breve resumen de las acusaciones y las diligencias. Ni siquiera sé qué condena le cayo o si, como es lógico, muchos de los juicios o todos en los que actuó fueron declarados nulos. Es probable que a raíz de aquello recibiera una cascada de denuncias y que no le llegaran cuatro vidas para indemnizar a sus víctimas. Tampoco eso es lo que me interesó de esta historia, sino su insistencia furiosa en ser natural de Bértola y no de Mondoñedo, como si tuviese algo de malo ser de Mondoñedo, sea cual sea el gentilicio de las buenas gentes de Mondoñedo. 

Como hay mucho incrédulo leyendo el periódico, entre ellos Lois Caeiro, que siempre que me ve me acusa de inventarme todas las historias que cuento en esta sección, que conste que los documentos referidos al caso esperan en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Salas de lo Criminal, caja 281,8, adonde han de acudir los curiosos y los dubitativos para conocer el sumario y conocer todos los detalles que quedan fuera de mi relato, que como queda consignado, se basa en la descripción del documento, en plan: "Causa contra Domingo de Seoane Mouralle, por ejercer el cargo de juez sin estar habilitado para ello", o "Orden de búsqueda y captura contra Domingo de Seoane, limosnero de la Orden de la Santísima Trinidad en Benavente, huido de la Justicia tras ser acusado de tal y tal cosa". Las descripciones son sólo eso, descripciones. No mienten nunca, pero cuentan muy poco o casi nada. Esta historia, que la tenía en la nevera desde hace como diez años, me llevó unas cuantas horas, puede que dos o tres días leyendo todas las descripciones que encontré sobre este asunto.

Un falso juez indignado