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El disputado escaño de Manuel Lago

LA HISTORIA se repite. El rupturismo gallego se despedaza a pocos meses vista de las elecciones autonómicas. Lo que fue En Marea termina la actual legislatura como Age acabó la anterior: como el rosario de la aurora. El Grupo Común da Esquerda considera antidemocrático que el escaño que deja vacante Manuel Lago pueda ser ocupado por Mariló Candedo, que por afininidad política y personal piensa adscribirse al grupo que lidera Luís Villares. Los comunes reclaman que corra la lista hasta que el o la nueva diputada sea de su cuerda y se integre en sus filas, quieren a alguien de Podemos, EU o Anova. En el caso de Age fueron las sustituciones de parlamentarios, por incumplimiento de las cuotas pactadas, lo que acabó provocando el cisma, pero el resultado final es el mismo. 

Lago deja el Parlamento gallego para marcharse a Madrid como colaborador directo de Yolanda Díaz. La flamante ministra de Trabajo ficha al economista vigués para que le ayude en la tarea de alumbrar un nuevo marco jurídico de las relaciones laborales, lo que en la práctica supondría derogar la parte magra de la reforma del PP. El conflicto se veía venir, dicen gentes muy cercanas al rupturismo: si no fuera por este, habría sido por otro motivo. Los dos sectores en que se dividió En Marea no solo se han distanciado, sino que están enfrentados. Entraron en una dinámica de confrontación que condena al fracaso cualquier intento de recomponer la "unidad popular" mediante un pacto amistoso de integración de unos y otros en un nuevo proyecto, el 3.0. Galicia en Común prepara una especie de opa hostil para los de Villares, en una operación en la que precisamente él estorba. 

En este dejà vu andan comunes y villaristas al tiempo que en su espacio político todos los actores sin excepción consideran que deben recomponer la unidad de acción y acudir juntos a las urnas si quieren tener alguna posibilidad de desalojar al PP de San Caetano. Dado que la ley electoral castiga este tipo de fragmentación, Feijóo tiene garantizada la reelección si el rupturismo concurre con dos listas, independientemente de en cuál de las dos esté finalmente Anova. Los otros beneficiarios son indudablemente el PSOE y el Benegá, que sacarían provecho de la tendencia al voto útil ante semejante panorama por parte del sector más pragmático del electorado progresista sin adscripción partidaria. 

A Lago le duele que su salida de O Hórreo agrave la crisis en el espacio que a él, como a Yolanda Díaz, le gusta denominar izquierda transformadora. Sin embargo, en su entorno consideran que la labor de la ministra y su asesor en el Gobierno de Madrid podrá ser rentabilizada por el rupturismo en la cita electoral de otoño, y que ello compensará con creces el daño causado en este momento. Díaz, Lago y mucha otra gente de Esquerda Unida y de Podemos entienden que ahora mismo, por encima de sus disensiones internas, lo importante es que la ciudadanía gallega de izquierda perciba como conveniente y útil para sus intereses el acuerdo que propició la investidura de Pedro Sánchez. Pero para ello la coalición tiene que empezar a dar frutos tangibles cuanto antes. Y lo demás son fruslerías, peccata minuta, caralladas…

El disputado escaño de Manuel Lago
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