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Ecológica marcha atrás

La afición de clérigos, moralistas y jerarquías eclesiásticas por entrometerse en la vida sexual de las personas viene de lejos. Desde Tomás de Aquino como mínimo, según recuerda Liberation. Esa costumbre incluyó la afición por entrar en los detalles de prácticas y gustos personales de los demás por parte de moralistas y confesores. Torrente Ballester, que polemizó en la prensa con algún fraile sobre la intromisión de los confesores y célibes en el lecho de la pareja, contaba de algún moralista hispano que en su casuística ofrecía un auténtico manual de iniciación tanto o más completo que el de escritores sobre perversidades para el disfrute. El arzobispo de París, y ahora se entenderá la cita del parisino Liberation, publica Humanae Vitae. Une prophétie, un librito de unas cien páginas, y diez euros de precio. No sorprende que el ejercicio de la profecía tenga tan mala prensa, si todas se cumplen como la encíclica de Pablo VI contra la píldora entre las mujeres católicas. 

Para monseñor Michael Aupetit, que fue médico antes que arzobispo, es preferible en las relaciones sexuales la conocida como marcha atrás —una "práctica vintage", según el periódico francés— en lugar del uso del preservativo o la píldora. La preferencia es de motivación ecológica. Ahí no le falta razón a monseñor: lo poco cuidadosos que son algunos usuarios de condones con el medio ambiente en parques públicos, aparcamientos a media luz o las cañerías de desagüe. Sugiero tres vías frente a este desastre. Una, que el gobierno cree un impuesto nuevo que penalice fuertemente la adquisición de condones, para así financiar formas de reciclaje de los mismos. Una segunda, aunque más costosa para el dinero público, además de los contenedores de plástico, papel y vidrio, receptores específicos de condones usados. Y una última propuesta: esto de usar y tirar no deja de ser obsolescencia programada del capitalismo de casino también con los condones. Alternativa: preservativos para varios usos aunque exijan monogamia en su empleo. 

Claro que con la ecología como argumento, como motivación, la responsabilidad del señor arzobispo le exigiría proponer únicamente la comercialización y uso de condones biodegradables. Dicen, quienes ven el problema de contaminación no las otras desgracias morales que enumera el arzobispo frente al condón y la píldora , que el agente contaminante, ahora en serio, es el plástico del envoltorio y no el contenido que es una barrera, que el señor arzobispo olvida, frente al sida o a la transmisión de enfermedades sexuales. 

A la píldora le atribuye todos los males: "Madre del libertinaje y los vicios" y causa del "adulterio generalizado". Algunos compartimos que la píldora anticonceptiva, como la lavadora, fue y es uno de los agentes reales en la liberación de la mujer, aunque no los citó Cayetana Álvarez de Toledo en sus argumentos para no ir a la manifestación feminista del PP. El arzobispo solemniza su escándalo por algo en lo que no habíamos reparado, cegados como estamos por la concupiscencia que nos inyecta el sistema: hasta en el metro hay anuncios que invitan al adulterio. ¡Esas aplicaciones de internet para facilitar ligues de usar y tirar!

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