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ESPAÑA PUEDE contar con un gobierno estable. Esta parece la fundamental conclusión ante los resultados de ayer. Hay otras importantes, como el fracaso con el abandono de las posiciones de centro y moderación por el PP de Pablo Casado y, al tiempo, el freno al avance de la extrema derecha. Tampoco conviene ignorar el número de votos obtenidos por Vox. Será necesario buscar las causas de este crecimiento de la ultraderecha en España. Lo que sí parece indiscutible es que los dos ejes políticos de polarización derechas-izquierdas y el territorial, o de choque de nacionalismos, en los que se centró la campaña, le han servido únicamente al equipo de Casado para potenciar a sus competidores, por el centro y la derecha, y para hundir al PP.

La estrategia de Pedro Sánchez para continuar en la Moncloa le ha dado resultado y el temor a la involución, al que contribuyó activamente Pablo Casado hasta el último día de campaña, cuando realizó sus ofertas de pactos y ministerios a la ultraderecha nacionalista.

Las sugerencias, que no escucharán, de que Ciudadanos y PP deberían facilitar con su abstención la investidura de Pedro Sánchez, entraría en la lógica de ese reiterado discurso de no comercializar el poder con los independentistas. Facilitar el acceso al gobierno de la fuerza más votada y evitar la necesidad de negociaciones con el secesionismo para la formación de gobierno, sería una postura que se podría revestir de ‘patriótica’, para utilizar el lenguaje al que han recurrido desde la polarización de los nacionalismos.

Sería coherencia y muestra del abandono de posiciones de polarización a los extremos, de abandono del centro y cortejo de la extrema derecha, que fueron un fracaso para el objetivo de Casado y Rivera, con su cinturón sanitario inútil, para formar coalición.

Hay otra mirada que se habrá de practicar sobre los resultados en Galicia. El PP de Feijóo se ve perjudicado por el corrimiento a los extremos que se produjo con Casado y su equipo. Y recibe los efectos de la acción opositora a la que se han visto sometidas sus políticas de gobierno. Para una lectura del comportamiento electoral en Galicia ante la próxima cita autonómica sería aconsejable esperar a los resultados de las elecciones municipales próximas para saber si estamos ante un cambio de tendencia o si ayer se impuso para el elector el marco general español.

Alberto Núñez Feijóo, con independencia de la valoración que se haga de los resultados gallegos, puede aparecer como la tabla de salvación a la que hayan de recurrir desde el PP nacional. 

Lo coherente, aunque en España estos usos no sean norma, sería que Pablo Casado pusiese su cargo a disposición del partido.

También en clave gallega,  Gonzalo Caballero sale confirmado y reforzado como líder de los socialistas gallegos. Arranca, a partir de aquí, a la espera de las elecciones municipales, un tiempo nuevo para el PSdeG-PSOE como alternativa de poder.
 

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