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El maestro Blanco Vila está aquí

Cuando el sol asoma en la ría de Arousa siempre, verano o invierno, encuentra a Luis Blanco Villa en su mesa de trabajo. Jubilado como catedrático de Filología regresó con Begoña y sus libros. Después de construir una brillante carrera es todo un gesto volver al origen. Debería recibírsele como un activo. Es un periodista de largo recorrido en corresponsalías por capitales europeas, enviado especial por el mundo, columnista o autor de libros de ficción e investigación. Los periodistas gallegos en Madrid, que en algún momento creo que los presidió, así como el Centro Gallego, lo despidieron con diploma de Maestro de periodistas. Pero, como siempre, los suyos no lo recibieron. Blanco Vila es, además de un estudioso, un maestro que deleita con su escritura en sus libros o en los textos periodísticos. 

En la vuelta a su tierra, más allá de la debilidad de aparecer, y sabiamente retirarse, como aspirante al gobierno local, dedica el tiempo a sus libros, la escritura y los elogios del paraíso en el que vive. Y a conocer y dominar el gallego normativizado. En ese idioma y esa normativa construye una novela. Entiendo que es un esfuerzo ejemplar. Le había oído hablar repetidas veces del proyecto. Creo que le hacía ilusión verla publicada por una editorial de trayectoria en Galicia. Sería la constatación una vez más de Hannah Arendt: al final nos queda únicamente la lengua, aunque nos persigan en ella, como a la pensadora alemana por judía, y aunque quede atrás por la emigración, el exilio o la propia decisión. 

Blanco Vila es un maestro que deleita con su escritura en sus libros o en los textos periodísticos

La novela en gallego de Blanco Vila no encontró acogida editorial. Sorprende en el país del gran almacén de ediciones. Será publicada ahora por la familia, como una autoedición de un escritor novel. 

Lo contaba el autor el domingo en El Correo Gallego. El original se lo envió al responsable de una editorial gallega. No obtuvo respuesta. Pasa el tiempo y coinciden autor y editor quien, según cuenta Blanco Vila, escaló a las alturas en Galicia. El catedrático pregunta qué pasa con su obra. La respuesta que recoge en el artículo es descorazonadora: el editor le suelta que no está para perder el tiempo. 

No conozco la novela, con independencia de valoraciones literarias que mereciese para editarse o no, Blanco Vila es digno de otra respuesta. Quizás quien a su edad y con su trayectoria profesional acomete la tarea de escribir una novela en gallego ha de tener otra consideración, incluso en una estricta relación empresarial, si esa fuese aquí la realidad. Quizás habrá que decirlo también, si se editase en gallego por compromiso con la lengua, bandera que se iza incluso tras la puesta del sol, se encontraría en este ejemplo del escritor mayor que vuelve a su lengua una excelente forma de hacer política lingüística real. 

No me sorprendo. Hay algún excelente escritor gallego, vamos a calificarlo de joven todavía, que emigró al mundo editorial en castellano por el silencio que encontró como respuesta en Galicia.

El maestro Blanco Vila está aquí
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