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miércoles. 07.12.2022
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Miedo y orina en Buenos Aires

Fue curioso decodificar la forma física de la escritora argentina Mariana Enríquez el pasado martes en la librería Trama, en Lugo. Curioso porque cuando la conocí, en el sentido de tomar consciencia de quién era, fue por radio, por un podcast realmente, y pensé en lo dulce que era su voz, la calma que transmitía. Fue por eso que me sorprendió su literatura de terror, ¿cómo una persona con ese timbre podría dar orígenes a tales monstruos?

DURANTE la presentación de Bajar es lo peor, su primera novela que reedita ahora en el sello Anagrama, la escritora y una de las voces principales de la Nueva narrativa argentina explicó que escribe sobre fantasía y horror desde el costumbrismo por el dictamen de su inconsciente. “Mi imaginación es esta, es muy triste”, dijo levantando la risa en la sala.

Enríquez llegó al oficio de la literatura por casualidad, por un amigo de amigo de conocido de. Según explica, ella nunca llevó esta primera novela a una editorial, de hecho la escribió para sus amigos y sin intención editarla. Bajar es lo peor está ambientada en la noche salvaje de sexo y drogas en el Buenos Aires de los 90, cuando ni siqueira la autora vivía allí ni tenía los datos, importantes para ella por su vocación periodística. La escribió con 17 años.

Fue una amiga quien rompió la cadena de préstamos del manuscrito cuando se lo dijo a su hermana, por aquel entonces una firma que arrasaba con la biografía del presidente Carlos Menem de la editorial Planeta y cuya opinión tenían en cuenta en la empresa. "Diría que a la hermana no le gustó pero, desde luego, la impresionó el texto. Luego de mucho pulir y quitar clichés, el libro vio la luz dentro de una colección de literatura para público joven. Eso que nunca funciona", explicó la argentina frente a unas cuarenta personas.

En esta novela no aparecen adultos porque en el mundo de Enríquez no existían. Era una joven friki según sus propias palabras, alguien que se abalanzaba sobre la biblioteca de sus padres y devoraba a Dostoyevski, Patricia Highsmith, las hermanas Brontë o Rimbaud al mismo tiempo que soñaba con las fantasías de Anne Rice y Stephen King y con crearlas de manera similar. Lo hacía en la soledad de una casa por la que sus padres no pasaban salvo para dormir, «tenían cinco trabajos para sobrevivir a la inflación y con 10 años me botaron al mundo real como si fuese mayorcita».

Enríquez detesta "la solemnidad de los escritores que actúan como si tuviesen la verdad revelada"

Mariana explicó que tras el estreno de su primera novela había una curiosidad en el ambiente por conocer a la chica rara pero que, para su sorpresa, no se encontró con preguntas sobre literatura, sino con aquellas que con cierto aire inquisitivo versaban sobre por qué una joven como ella sabía tanto sobre sexo y drogas. Aunque esa literatura ya había sido explotada en Estados Unidos con los beatniks o en Francia, "no éramos tantos los que lo hacíamos en lengua hispana", reconocía la escritora.

Pero para mayor de sus disgustos, cuando sí era preguntada por literatura la intención era similar "a la de un interrogatorio policial con el cual querían comprobar quién era yo, una extranjera en su mundo". Les concernían sus gustos desde un falso interés que escondía siempre un examen a su condición de escritora. "Me decían si había leído a los clásicos y yo, por supuesto no a todos, pero sí a muchos de ellos. Me preguntaban por Dostoyevski y por supuesto, lo leí. ‘¿Pero ha leído Los idiotas?’. ‘No, me he leído Los hermanos Karamazov que también es bastante largo’, le respondí. Fue algo cansado aquello", reconoció la autora.

Enríquez detesta "la solemnidad de los escritores que actúan como si tuviesen la verdad revelada" y también que le pregunten sobre su oficio siendo mujer. Asumió frente a los presentes que al igual que la total población, ella había leído en el momento de su debut a más hombres que a mujeres y que tuvo "que aprender a tener una voz narradora de mujer porque por ser una no escribo automáticamente como ello, mis personajes no me imitan a mí".

Estas afirmaciones levantaron varias cuestiones del público, las cuáles contestó defensivamente, como procedía, y añadió que la escritura de un personaje femenino con perspectiva y verosimilitud es complejo. Recalcó la maestría de Stephen King para hacerlo, "inusual en un hombre", y recordó cómo en una de sus novelas fue capaz de salirse de la historia por un pasaje inverosímil en el que una mujer orinaba. "¿No se le ocurrió preguntarle a su mujer? Ninguna en todo el planeta ha meado como él decía", sentenció de nuevo provocando risas para luego afirmar: "Yo no he dejado de escribir de mujeres y si se lo parece a alguien, que lean a otro".

"La gente me para y me dice que cómo pude escribir algo tan cruel y perverso. Lo saqué de Twitter, del periódico"

La obra de Enríquez se ha hecho grande con los años gracias a libros de cuentos como Los peligros de fumar en la cama o Las cosas que perdimos en el fuego, obras de no ficción como Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios o La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo y novelas como la mencionada, Cómo desaparecer completamente y Nuestra parte de noche, con la que ganó el premio Herralde de Novela y un éxito viral en el público que se mantiene hasta hoy.

Preguntada sobre su inclinación hacia el terror, la argentina respondió que escribir este género le requiere mucho esfuerzo por lo técnico y la forma. En su caso, reconoció que los horrores que relata "están basados un 80% en casos reales". "La gente me para y me dice que cómo pude escribir algo tan cruel y perverso. Lo saqué de Twitter, del periódico. Con este proceso lento y de embellecimiento devuelvo al acto su horror original eliminado por la anestesia de la inmediatez. El auténtico horror es la indiferencia".

Hacia el final del evento alcé la mano para lanzar una pregunta, casi como broche. Me interesé por sus emociones como alguien consolidado frente al hecho de exponerse a la reedición de su primera novela, si había pudor o nostalgia en ello.

"No la releí nunca y creo que mis padres nunca la leyeron. Me darían ganas de corregirla, me llevaría las manos a la cabeza seguro. Pero no hay pudor en ello, para nada. Es una primera novela y debe tener sus cosas porque yo era joven. En este texto tomé mi primera decisión como escritora que fue inclinarme por el terror social que despertaba el sida en los 90 y el sexo, en general. Me gusta reeditarla ahora, cuando tengo suficiente obra como para que comparen y me conozcan a mí y a mi travesía", respondió sosteniéndome la mirada. Enríquez cerró el acto con agradecimientos y aludiendo al "calor afuera, que es terrorífico".

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