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Año Santo Xacobeo

La ruta nace en cada uno de nosotros y finaliza en nosotros tras confluir con los compañeros de viaje

JERUSALÉN REPRESENTA el escenario, el germen, la historia; Roma se suma con la autoridad, la jerarquía, el orden; y Santiago aporta lo emocional, lo más próximo al pueblo. A la primera se llega alzando palmas a Dios, a la segunda reverenciando al representante del Supremo en la tierra, a la tercera con la sencillez de los pasos, para encontrar el amparo del Apóstol bienquerido, el amigo próximo, el intermediario abrazable. Palmeros, romeros y peregrinos ejercen en cada caso su fe y, con seguridad, en sus trayectos vitales se buscan a sí mismos.

Una zancada. Tic. Un latido. Tac. Otra huella. Tic. Un pálpito. Tac... El corazón pulsa el tiempo de los pasos peregrinos, los que desde el suelo buscan el cielo, de un horizonte, de la claridad de ideas, bien sea en parajes yermos, de montaña, a la vera de los ríos, entre bosques, bajo la lluvia o el sol implacables. Transitamos real y metafóricamente un silencio que enamora, una conversación que enriquece, una reflexión que representa un caudal inagotable de mundologías y el reflejo interior de las conciencias.

El misterio que en verdad ansía descubrir cada peregrino es su propia persona, su espíritu, su tempo, su ahora. La tradición es un sumatorio de experiencias individuales agrupadas en un todo, que caminan juntas, se entrelazan, se amigan, y que en cada etapa se miran con la confianza de perseguir una misma meta, una verdad similar, en igualdad. Los caminos no se hacen, se recorren. Lo físico tiene una importancia relativa, la superación de relieve es otra, la que transita hasta la consciencia del ser y la bondad ejercida.

Invoco la lectura de los pasos del caminante, el tránsito, la búsqueda, la meta, cada particular tiempo de viaje en ejercicio de la fe o de la falta de ella —el mérito es quizás aún mayor en este último caso—. Una catedral y una tumba santa por destino. Y en los intermedios, los pueblos, las villas, las ciudades, las pequeñas capillas, los albergues, la convivencia, labrados por la marca personal de millones de viajeros.

El eje Santiago, una urbe esculpida en piedra, como cada oración firme, un reencuentro con el milagro, con el gozo, con la sonrisa de Daniel, con el instante eterno inserto en una tradición milenaria, con el simbólico abrazo sin exclusiones del Hijo del Trueno a la humanidad. Compostela, urbe decisiva en la unificación de Occidente, es patrimonio espiritual de Europa, la que se buscó en los caminos, y de la humanidad, que se ha de reencontrar en ellos tras el covid. Rumbo grandioso desde lo minúsculo, "a cidade que resume o ser do trascender galego", esa tempestad de piedra en calma, está ofreciendo ya su renovado ejemplo.

Debemos entender que hay una magia que se prolonga aún más allá de Compostela, en el tránsito del Val da Mahía —literalmente Puerta del Paraíso—, el vergel eterno, en Ames, en Bertamiráns, en Ponte Maceira, en Negreira, en Noia o en Muros, en Cee, en Corcubión... caminos del mismo océano. El infinito comienza a diez millas de Fisterra, de Muxía, de Camariñas, de Laxe, de la playa de los Cristales, de los lugares mágicos y míticos de la Costa da Morte, ironía de vida. La imaginación no tiene límites, naufraga en sí misma, pues ahí nacen y renacen las olas del principio de un nuevo mundo. Y alcanzado el faro, con nueva luz, el fin es el principio, cada peregrino ha de continuar entonces su particular ruta hacia sí mismo, navegando con convicción entre las tempestades y las alegrías de la vida, discerniendo entre lo pequeño, lo grande; en su yo, a los otros; en lo dado, lo conseguido; en su amor, la plenitud, sabiendo que siempre puede regresar a Galicia para llenar la ‘red’.

Bien nombrado seas Fin del Mundo, bienaventurados sean los que hacia ti caminan. En mi cultura, invoco a Dios de Dios, Luz de Luz, lo hago con lentitud y respeto, paso a paso, palabra a palabra, para encontrar a cada uno en cada uno, para ofrecerme como soy: conciencia omnipresente, cautiva individualidad, serena paz.

El Camino de Santiago se ha hecho de pluralismo y de mezcla, de cruce continuo entre mundos, religiones y lenguas. Creyentes, descreídos, agnósticos, ateos, buscadores de tesoros, reyes, republicanos, intelectuales y gentes sencillas lo han huellado.

La ruta nace en cada uno de nosotros y finaliza en nosotros tras confluir con los compañeros de viaje.

Teniendo presente que el otro existe, búsquense y encuéntrense. Si ya lo han hecho, disfrútenlo con salud y paz y compartan su gozo. Tras la pandemia, la humanidad ha de encontrar su camino común, los de Santiago son la mejor referencia. Feliz Año Santo 2021. Buen Camino. Próspero Xacobeo. Salud.

Este artículo forma parte de ‘Manifiesto Ibérico. Destino Europa’.

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