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Me encantan tus gritos

Pies de un bebé recién nacido. PIXABAY
Pies de un bebé recién nacido. PIXABAY

¿Cuántas veces han deseado volver a ser niños? No tener que lidiar con una realidad abrumadora y poder vivir despreocupadamente. Conseguir lo que queremos sin esfuerzo, a través de pataleos, lloros y gritos por los que nadie nos juzgará

Evolucionar tranquilamente hasta la adolescencia, donde nuestros milenarios métodos se convierten en mala leche, muchas hormonas y poca empatía. Huir sin responsabilidades antes esos sermones de los adultos que te exigen un mayor compromiso con la vida. Un aspaviento, un insulto y  un portazo son suficientes. “Cosas de la edad, ya madurará”.

Pero no, no maduramos. 

Me alegro de comunicarles que ya pueden dejar de desear volver a llevar pañales porque nunca nos los hemos quitado. Nuestra sociedad se ha instalado en el infantilismo y disfruta revolcándose en sus propios excrementos. Los bebés de los anuncios de Nenuco han tomado el poder y repiten sin cesar la consigna de que “contra el progreso, mi berrinche, en defensa de la diversión”.

Los bebés de la sociedad del espectáculo esperaron a que saliera Un Tío Blanco Hetero para montar el número

El último avance de esta tropa se ha producido en la Universidad de Santiago de Compostela, a través de la asamblea de estudiantes Anega. La avanzadilla revolucionaria de Dodot Sensitive ha ‘logrado’ que para ser un graduado universitario no sea necesario poseer unas nociones mínimas sobre un idioma extranjero. ¿No les parece maravilloso? Está claro que eso de formarse y adaptarse a un mundo globalizado son cosas de adultos aburridos.

La situación es tan delirante que uno llega a pensar si el próximo ‘logro’ que buscarán será que se suspendan definitivamente todas las clases, ya que ‘roban tiempo de ocio y adoctrinan’. La Universidad es un lugar en el que no siempre llevas la razón, te encuentras con gente que piensa diferente y debes dialogar, y eso la vanguardia Hero Baby no lo puede soportar. 

Aunque ya no coman potitos, es sin saberlo su comida favorita. Absorben contenidos ligeros que puedan expandir como dogma. La nueva religión son las posturas ideológicas que no van más allá de consignas y mensajes vacíos. Su fragilidad es tal que ante la posibilidad real de un debate, su respuesta es la consecuente con su edad mental: gritar, usar la violencia o huir. 

En definitiva, la estrategia es el exterminio de ideas. No interesa conversar con una persona con una posición diferente, del mismo modo que cuando en el parque querías el juguete de otro niño no se lo pedías “por favor”, sino que le pegabas o llorabas clamando por la ayuda materna. 

Puede que haya que restarle importancia, son “cosas de niños”. Quizás al final todo se tratara de divertirse

Nuestra realidad social se alimenta de esto diariamente. Un claro ejemplo son los escraches. Una técnica que nació como un método con el que avergonzar y señalar públicamente a aquellos que han obrado de manera corrupta, se ha convertido en una técnica con la que silenciar a todo aquel que no piensa como a nosotros nos gusta. 

Una de las últimas actuaciones ‘virales’ del escuadrón de Rebelde Way se ha producido en Valencia ante unas charlas organizadas por un grupo liberal y en las que participaban conocidos ‘influencers’ del mundo de la política. 

Ponencias sobre la libertad de expresión que se ven interrumpidas por gritos. Una jornada de debate, en la que gente de diferentes ideologías estaba intercambiando opiniones, se ve frustrada temporalmente por la actuación de un grupo que pretende censurar a aquellos que no piensan como ellos.

Los bebés de la sociedad del espectáculo esperaron a que saliera Un Tío Blanco Hetero (el participante que probablemente tenga una mayor repercusión social) para montar el número. Porque recordemos, lo importante es llamar la atención, que nos hagan caso nuestros papás los medios de comunicación y además impedir que nos quiten la razón a través de las ideas.

Puede que haya que restarle importancia, son “cosas de niños”. Quizás al final todo se tratara de divertirse, de gastar el tiempo que antes íbamos a invertir en estudiar una lengua extranjera y evitar que los adultos impusieran su aburrimiento. 

Qué tristeza.

Me encantan tus gritos
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