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Mi 'crush' de verano

Un teléfono móvil. AEP
Un teléfono móvil. AEP

“A ver chavales, esta es mi ‘crush’”. Mientras pronunciaba esas palabras ardía por dentro. No me lo podía creer. Tantas veces me había reído de mis amigos por emplear aquel ‘estúpido’ término y ahí estaba yo, haciendo lo mismo. Con el móvil bien iluminado y el Instagram abierto. 

Achaqué el desliz al verano y a las vacaciones. Demasiado tiempo libre, muchas noches en O Pozo y pocas letras que juntar. Como escribía Cunqueiro, “hay noticias que sólo se leen en verano; es decir, que sólo en la vacación de julio y agosto las publican los periódicos”. Él hacía referencia al monstruo del Lago Ness, en nuestro caso tenemos las vacaciones de Belén Esteban.

Y en el medio mi ‘crush’.

Si todavía desconoce el significado de esta palabra le recomiendo una búsqueda en Google, aunque aquí lo definiremos como un amor platónico. El flechazo.

La cosificación se presta más que el respeto. ¿Por qué hacer esfuerzos de empatía cuando puedes nutrir tu mente de un ‘objeto’ maleable que “ojalá existiera”?

Similar al enamoramiento de verano en cuanto al ideal inquebrantable sobre una persona. No hay forma de estropearlo, no vas a volver a verla. Solo lidias con la cara amable de la relación.

Diferente porque uno se realizó, el otro permanece como un objetivo que quizás nunca se cumpla.

El ‘crush’ es el producto más esperado en las rebajas. Una formación que responde ante los intereses de una colmena que ha abandonado el proceso de relaciones sociales en busca de un supuesto ‘desarrollo personal’. Individualismo hecho a medida. 

Inherente al sistema en el que habitamos, que es el que, tal y como indica Maurice Halbwachs en La expresión de las emociones y la sociedad, nos conduce hacia lo que debemos sentir y cómo sentirlo.

Asistimos a la deificación de una persona. La ‘amamos’ por su aspecto físico y por la personalidad que transmite a través de las redes sociales. En ningún momento se pretende romper la magia de este hechizo, pues la conexión podría suponer la muerte del ideal y eso, para nuestro ego, debe evitarse a toda costa.

El ideal engorda día tras día mientras nos encerramos en la esfera virtual

Imagínense la reacción de una amiga cuando le conté que su ‘crush’ era un paleto al que le costaba juntar dos palabras. Había ido al mismo instituto que yo. Las fotos con poses acompañadas de frases pseudointelectuales eran más falsas que los abrazos en Podemos.

Podría alegar usted que este mecanismo se lleva repitiendo desde hace siglos. No obstante ahora entra en juego un nuevo factor, el sujeto inalcanzable ya no es la reina encerrada en un castillo, sino el vecino de la puerta de al lado. 

Una muerte de las interacciones entre individuos. El motivo: el miedo al contacto, a que los elementos no se reproduzcan de igual modo que lo hacen en la mente.

“La emoción más grande posible socialmente reconocida, simbolizada por el concepto del amor, se hace encajar en el orden de nuestra vida limitándola, idealmente por lo menos, a una sola experiencia en la vida de cada individuo”, decían Elias y Dunning en Deporte y ocio en el proceso de la civilización. Una vez. A partir de ahí lo que buscamos es una imitación del amor. Toda la vida.

Las publicaciones en Internet de un individuo permiten reproducir el mimetismo con contenidos renovados cada poco tiempo. El ideal engorda día tras día mientras nos encerramos en la esfera virtual. Entablar ‘algo’ fuera de ese universo está ligado al ‘error’. La intolerancia y la necesidad de que el mundo se construya a nuestra imagen y semejanza nos alejan de cualquier relación ‘real’.

La cosificación se presta más que el respeto. ¿Por qué hacer esfuerzos de empatía cuando puedes nutrir tu mente de un ‘objeto’ maleable que “ojalá existiera”?

Si ha llegado hasta aquí probablemente se pregunte el motivo por el que ‘hateo’ cada aspecto social, incluso el amor del s.XXI. No se confunda, es odio hacia cada una de mis conductas, que reproduzco igual que el resto. 

Es por ello que en cuanto se publique este artículo, correré a subir un ‘storie’ a mi Instagram. La excusa: la promoción de esto. La verdad: esperar que por algún motivo mi ‘crush’ de verano responda y empecemos a hablar.

Mi 'crush' de verano
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