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Un mal cristiano

El periodismo ha pasado de atender a las necesidades de la situación de la mujer en el mundo a reproducir como propagandistas la agenda mediática del feminismo hegemónico

Colectivos feministas manifestándose en Pamplona contra la sentencia a Juana Rivas. EFE
Colectivos feministas manifestándose en Pamplona contra la sentencia a Juana Rivas. EFE

Por tercer año consecutivo me encontré con Willy, o así dice llamarse, en las fiestas de la Ascensión en Compostela. Willy es de Senegal, o de ahí dice venir, y una vez más me intentó venderme la misma chapa del Dépor por 3€, sin ser yo nada de eso. Para no perder la tradición le dije que en esta ocasión tampoco iba a conseguir que me rascara el bolsillo

Es más que probable que si tuviera a 10 amigos a mi alrededor que me incitaran a comprar la ‘maravillosa’ insignia y que en caso de no hacerlo me juzgasen negativamente por ello, acabara cumpliendo los deseos de Willy. Sin oponer resistencia. La presión de grupo es un mecanismo que funciona con una precisión apabullante. Una herramienta que no nos es exclusiva, pues tal y como demostraron los psicólogos Laurence Steinberg y Jason Chein también se da en ratones, pero que los humanos hemos conseguido perfeccionar hasta el punto de ser estúpidos.

Estamos a merced de la masa. Un conjunto de SWJ (guerreros de la justicia social) que condenan a todo aquel que asoma por fuera del discurso hegemónico son los que marcan el paso. Iluminados por lo que consideran una ‘revolución’. En cambio funcionan como pastores del sistema, atacando al que sale del rebaño y manteniendo bajo una ideología común al resto.

Sustituir la investigación y la presunción de inocencia por una ideología que viene desde el poder no se presenta como la fórmula adecuada para hacer información

El dios Miedo es su arma favorita. Lejos del discurso dominante hace frío y esto nos lleva hasta una situación de autocensura y de asunción de ciertos principios como dogmas ante los que callar y rendir pleitesía. La excusa de la causa justa. Algo con lo que tocar los ‘corazoncitos’ y creernos Batman salvando a Gotham del mal. 

La crítica es disidencia y eso supone la lapidación

Quizás uno de los dogmas de fe que abraza hoy en día en mayor medida la sociedad es el del feminismo hegemónico. Una ideología institucional ante la que solo cabe la adoración

No debería ser así en el sector de la comunicación, donde se espera que el factor miedo esté supeditado a la información y el dogma esté siendo cuestionado continuamente. Pero es así.

Desde el periodismo se trabaja con una ‘perspectiva de género’ que ha pasado de atender a las necesidades de la situación de la mujer en el mundo —recordemos que el pasado año 47 mujeres fueron asesinadas en crímenes de violencia machista— a promover una serie de mandamientos a los que solo los ‘malos cristianos’ ponen pegas. Los periodistas nos hemos convertido en propagandistas. En lugar de investigar, reproducimos como papagayos la agenda mediática que llega desde sectores que ayudan en poco o nada la famosa ‘liberación de la mujer’.

En caso de no seguir esta corriente el resultado es de sobras conocido: “machista”

Se infantiliza al género. El periodismo se cree que es ese príncipe azul que debe acudir a buscar a su amada para liberarla del castillo patriarcal. Solo vemos una cara de la moneda. Una mala praxis que nos lleva hasta casos como los de Infancia Libre o Juana Rivas, en los cuales desde los medios se dio pábulo a personas que han secuestrado a sus hijos y han puesto a sus parejas fuera del rebaño, en esa zona fría en la que caen piedras. 

Lo más grave es que tras la actuación de la Justicia —la de verdad, no la de Twitter— algunos ‘informadores’ siguen defendiendo a estos individuos. El pretexto de la causa justa y de la perspectiva de género llevan a los periodistas a ignorar sentencias (en el que caso de la madre de Macarena ya van unas cuantas ocasiones) e informes de psicólogos independientes

En caso de no seguir esta corriente el resultado es de sobras conocido: “machista”.

El periodismo debe tomar partido y no ser un cuerpo inerte, pero si lo hace a ciegas tiene bastantes posibilidades de equivocarse. Sustituir la investigación y la presunción de inocencia por una ideología que viene desde el poder no se presenta como la fórmula adecuada para hacer información.

Y si lo suyo es la propaganda, no use al periodismo para intentar venderme año tras año la misma chapa del Dépor por 3€.

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