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De quién es la culpa

LA CULPA es un sentimiento profundamente arraigado en la conciencia humana, lo que justifica, en cierta medida, la dificultad que existe en reconocerla como propia y atribuirla, normalmente, a los demás. Esa tendencia a sostener que "la culpa es del otro", además de falsa, es altamente peligrosa, pues rehúsa la propia responsabilidad y hace recaer todo el peso de la misma en los demás, es decir, en el "otro". Echar la culpa a los demás es muy fácil y, muchas veces, no es más que una forma de no reconocer nuestros propios errores y eludir nuestra responsabilidad. Es humano buscar excusas a nuestros errores y fracasos, no reconociéndolos y haciendo culpables de los mismos a terceras personas. En ese sentido, tiene razón Hubert H. Humphrey cuando afirma que "errar es humano. Culpar a otra persona es política".

Si no se acepta la culpa propia y se atribuye siempre al "otro", se convierte automáticamente a éste en enemigo irreconciliable y adversario al que hay que combatir. Así como el yo puede convivir con el nosotros, si entre ambos conceptos se interpone el "otro", como ajeno y culpable de todos nuestros males, se rompe la solidaridad humana y se fractura la convivencia. El "otro" deja de ser nuestro semejante para convertirse en el "chivo expiatorio" de todos nuestros males. Según los sicólogos, el cerebro nos blinda para que tendamos a creer que nuestros fracasos se deben a terceras personas y que "son los demás los que tienen la culpa de todo". Según este principio, es acertado el aforismo de que "desde que se inventaron las excusas, desaparecieron los culpables" o, como dice Concepción Arenal, "cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie".

Es innegable que el sistema de echar la culpa a los demás es el más frecuente y perverso que se utiliza para justificar los mayores conflictos y enfrentamientos de los seres humanos en la historia de la humanidad. La conducta y los actos humanos, con sus luces y sus sombras, no pueden aceptarse a beneficio de inventario, es decir, asumiendo como propio lo que nos favorece y rechazando como ajeno lo que nos perjudica Si las anteriores consideraciones las aplicamos al ámbito doméstico, comprobamos como ese cómodo recurso de culpar a los otros es el que prima en la actual política española para justificar, anticipadamente, cualquier resultado fallido que pueda producirse en la investidura del líder socialista y actual presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, si no logra obtener los votos necesarios para convertirse en presidente del Gobierno efectivo. En definitiva, el miedo a reconocer la culpa propia conduce a que nos defendamos afirmando que la culpa es de todos o de los otros, pero nunca es de nosotros mismos. Y este mal, que tanto daño hace, no se acaba de curar.

De quién es la culpa